La cultura de Chavín

historia del arte

Guerrero chavín (Cerro Sechín, Perú). Los relieves del centro ceremonial de la antigua ciudad de Sechín conformaban una serie que representaba en su conjunto una procesión de personajes humanos que partían de un pórtico de entrada hasta el del extremo opuesto, intercalados con despojos y extremidades del cuerpo como ofrendas para los dioses. La escena recreada produce un efecto muy logrado de hondo dramatismo.

Chavín de Huantar muestra un conjunto de edificios situados en la provincia de Ancash, en la confluencia de los ríos Mosne y Wacheksa, a una altura de 3.177 m sobre el nivel del mar. Su descubridor fue el arqueólogo peruano Julio C. Tello, quien durante las décadas de 1910 y 1920 llevó a cabo numerosas investigaciones en la zona.
En 1924 realizó los mayores descubrimientos, cuando halló numerosos restos de cerámica que presentaban claras características comunes, pues era de un tipo en el que dominaba el color negro, con piezas decoradas casi todas con incisiones y diseños en relieve. Era, por tanto, una cerámica muy parecida a la que se había encontrado en otras zonas, como en Ancón, por ejemplo, y en el valle de Chicama.
Por tanto, Tello llegó a la conclusión de que se encontraba ante las manifestaciones artísticas de una de las culturas más antiguas del Perú. Más adelante, se encontraron, en las múltiples excavaciones llevadas a cabo en el país, otros restos de cerámica de características muy similares que, lógicamente, fueron etiquetados como chavinoides. Pero ya en las décadas siguientes, entrada la segunda mitad del siglo XX, los numerosos restos de cerámica con tales rasgos probaron que este tipo de manifestaciones artísticas se había producido durante mucho tiempo y no se debía exclusivamente a la cultura chavinoide.
La economía de la sociedad de Chavín estaba basada en la agricultura y se tiene constancia de que habían logrado un importante desarrollo en el cultivo de numerosos alimentos, como el maíz, los frijoles, las calabazas… Menos verosímil parece la idea que cobró fuerza durante los primeros años del siglo XX, cuando se llevaron a cabo las primeras excavaciones en la zona, y que apuntaban la posibilidad de que la cultura de Chavín no hubiera recibido, en sus inicios, influencia alguna por parte de otros pueblos, por lo que, de ser cierta esta teoría, ya descartada, sería la primera y esencial cultura del Perú. No se conoce con demasiada exactitud el modo en que estaba estructurada la sociedad de Chavín, aunque sí se sabe que el régimen imperante era teocrático y que el gobierno residía en una elitista clase sacerdotal que regía los designios del pueblo.
Mucho mejor se conocen los aspectos relacionados con los cultos funerarios chavinoides, pues se han hallado numerosos vestigios que, entre otras cosas, muestran la relevancia de algunos de los dioses que se adoraban en Chavín. Lógicamente, estos dioses eran representados con figuras animales como felinos, una de las representaciones más importantes en los enterramientos que se han hallado hasta la actualidad. Así, en las representaciones de personas se observan cetros en los que aparecen grandes colmillos de felinos, mientras que alrededor de la cintura se prefería incluir cabezas de serpiente y garras de aves de rapiña.
En las excavaciones llevadas a cabo en Chavín, dominan el conjunto ceremonial dos grandes edificios, el mayor de los cuales es tradicionalmente llamado El Castillo. Tiene una estructura piramidal a base de plataformas superpuestas, alcanzando una altura de 15 m. El segundo, llamado Templo Temprano, es cronológicamente anterior y cobija la famosa escultura de El Lanzón. Delante de El Castillo hay una plaza hundida que es un recinto cuadrangular delimitado por muros de contención. Dos edificios secundarios flanquean esta plaza.