Historia del Arte

Villa Quijano-el capricho

antoni gaudi

Villa Quijano

El antojo de Máximo Díaz de Quijano, propietario de esta casa, de disponer de una residencia en el campo que se adaptara a sus necesidades de soltero ha conseguido que Villa Quijano sea conocida con el sobrenombre de El Capricho. Quijano, que no vio ningún esbozo de la casa hasta que la obra estuvo acabada, encargó a un joven Gaudí hacer realidad su deseo.
La construcción, situada a las afueras de Comillas (Santander), se erige aislada en medio del campo. En su concepción se aprecian algunas semblanzas con otra obra del arquitecto del mismo período: la Casa Vicens de Barcelona. En El Capricho, resuelto de una manera más comedida y austera que la anterior, se muestra un marcado predominio de las líneas curvas, que empiezan a ganar protagonismo frente a las rectas, y vuelve a estar presente la voluntad de conjugar las formas propias de la arquitectura medieval castellana con elementos de reminiscencias orientales.
A pesar de que una inspirada originalidad recorre toda la casa, el arquitecto catalán, que delegó en su amigo Crístófol Cascante i Colom la dirección de los trabajos, no renunció a la funcionalidad. Así, prestó especial atención a la organización espacial interior para que esta se adecuara a las necesidades del propietario e instaló en el exterior una cubierta inclinada que se adaptara a las condiciones climáticas del lugar, donde la lluvia es frecuente.
El compacto edificio, asentado sobre una sólida base de piedra, se levantó con muros de ladrillo de color ocre y rojizo que pierden su homogeneidad al estar decorados con hileras de piezas cerámicas barnizadas en las que se alternan relieves de girasoles y de exuberantes hojas. La robustez de la composición se quiebra con la ligera y esbelta torre, sin función aparente, que la preside. Ésta se eleva sobre un pequeño mirador que soportan cuatro gruesas columnas. La torre se halla coronada por un singular y diminuto tejado, sustentado por ligeros soporten metálicos que parecen desafiar las leyes de la gravedad, a la vez que consiguen dotar al conjunto de un peculiar parecido con los minaretes de las mezquitas musulmanas.
antoni gaudi

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