Arquitectura fantástica

En ocasiones es la realidad la que limita la imaginación. La inevitable ley de la gravedad, las leyes de la economía, más duras que las de la naturaleza, y la escasez de medios técnicos son circunstancias que imponen restricciones a la arquitectura. Pero la imaginación es poderosa, el fracaso de Babel es un fracaso de ejecución, no de concepto. El arquitecto entretiene con frecuencia su espíritu en la fantasía de una arquitectura que nunca se verá encarnada en realidad.

Fantasía es aquel fruto de la imaginación que se sabe ficticio. Dos razones propician este juego mental: el puro placer y la curiosidad por todo aquello que puede encontrarse en regiones vedadas a la realidad. Los ejercicios de arquitectura fantástica no son nunca inútiles; cuando el momento propicio llega, emergen a la superficie real y ofrecen su modelo bajo el signo de la sugestión. Mies van der Rohe dibujaba rascacielos fantasmales en papeles de juventud, en la Europa de los veinte.

No sabía entonces que en su madurez, treinta años más tarde, vería construido su primer rascacielos. La intuición tomó el camino de la realidad cuando los medios económicos, el prestigio del arquitecto y la pasión americana por el progreso lo hicieron posible. El tiempo transcurrido entre los primeros pasos de una forma en el campo de la fantasía, esbozada como un deseo, y su influencia en obras reales es a veces mayor. No transcurre a lo largo de una vida, sino de muchas.

El tiempo facilita empresas que en origen fueron arriesgadas. Las ciudades modernas se levantan ahogando catedrales que habían rozado con su altura el límite de lo imposible, consumiendo la energía de poblaciones enteras. Leonardo nunca pudo ver la primera avioneta construida por los hombres, después de haberse estrellado tantas veces con sus alas inocentes contra el suelo. Los confundidos obreros de Babel se hubieran maravillado con un viaje a Manhattan.

Hay sueños arquitectónicos que ni siquiera la eternidad puede construir. Espacios imposibles, deliberadamente imaginados por sus autores, meros juguetes de la inteligencia: las cárceles de Piranesi, por siempre enredadas en laberintos perspectivos indescifrables. La fantasía impulsa la realidad. Es el laboratorio esencial de las formas. Los avances técnicos de la historia de la arquitectura son sugeridos por los deseos de la imaginación. Si la técnica hace posibles nuevas formas constructivas es porque algún soñador las avistó de lejos, cuando todavía eran imposibles. Éste podría ser el secreto del desarrollo de las artes.

proyectos arquitectura

Cárcel de Giovanni Battista Piranesi ( 1720-1778)

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