Historia del Arte

La función de la arquitectura

Le Corbusier decía que la arquitectura tiene que conmover, pero también tiene que servir.
Si el hombre ha encontrado una obra de arte entre sus manos, es porque se puso a fabricar una pieza útil para su vida. El concepto de utilidad, sin embargo, no es inmutable y abarca un sentido muy amplio: la arquitectura es útil cuando nos protege de la intemperie, pero lo ha sido también cuando ha dado albergue a un dios, cuando ha expresado el poder de un estado, o cuando ha transmitido el sentimiento melancólico de la muerte. La misma posibilidad de conmover es una de las caras de la utilidad.

Al tratar de la función de la arquitectura, debe olvidarse el juicio de condena hacia todo lo que exceda la pura necesidad: sin exceso no hubiera existido arquitectura. Sin embargo, la arquitectura no sólo ha excedido la necesidad, sino que ha derrochado la energía de los hombres; pero cuando lo ha hecho, casi siempre ha creído en la utilidad de su esfuerzo, y solamente el tiempo revela la desmesura cometida.

Egipto construyó pirámides que ahora permanecen ociosas y abandonadas, pero cada gramo de su enorme masa fue en otra época útil por la creencia de que así se obstaculizaba la dispersión, tras la muerte, del cuerpo y el alma. La construcción de catedrales no sólo era necesaria, sino urgente; más tarde, cuando la religión cristiana cambió el concepto de sus ofrendas a Dios, dejó de tener sentido tanta altura.

Pero, cuando la fe desapareció, el afán de sus construcciones dejó tras de sí una importante experiencia arquitectónica y constructiva. Lo mismo ocurrió tras la caída de poderes inmensos que construyeron el marco perfecto donde ser aclamados: vanalidad, puro lujo y grandilocuencia, son los extremos contrarios a la sencilla función de cobijo, pero constituyen formas de utilización de la arquitectura. La necesidad de expresar poder o fe religiosa está fundida y entrelazada con la función arquitectónica en casi todos los momentos de la historia.

La voz de los arquitectos que encabezaron la revolución formal de la arquitectura moderna deja oír la palabra función en un sentido que también es moderno: la defensa del hombre y de su derecho a una vida feliz, sea cual fuere su nivel económico; la denuncia del sacrificio inútil que, tras la Revolución industrial, piden las ciudades inhabitables para muchos, y la proposición como modelo de la ingeniería moderna, que sirve a la vida sin pedírsela a cambio y que también sabe construir obras bellas.

La arquitectura moderna proclama el cumplimiento de la función como el primer requisito que debe ser atendido y se encara con el problema de la vivienda, considerada la pieza más elemental y necesaria de la vida. Frank Lloyd Wright, nacido en 1889, es el arquitecto de la casa-, es también el arquitecto que produjo Norteamérica sin la interferencia de Europa. La cultura americana magnificaba la idea de la comodidad de la vivienda: la opinión pública se levantó contra Mies cuando la propietaria de la Farnsworth, la casa de cristal, protestó porque no podía vivir en ella, porque sentía vulnerada su intimidad y porque el sol y el frío se adueñaban de su casa.

América protestaba así de la arquitectura europea que anteponía el sentido estético al bienestar y el servicio del hombre. Pero Europa y América se aliaron para determinar las vías de desarrollo y de solución del problema de la ciudad moderna. Les empujó la profunda conciencia de la necesidad de la reforma urbana y de calidad de vida, la necesidad de domesticar la fascinante pero dura metrópoli. La teoría alcanzó a conocer los problemas y a prefigurar un futuro mejor. Pero todavía la arquitectura de la ciudad espera el día en que estas leyes, funcionales y estéticas al mismo tiempo, y no las económicas, determinen su forma.

arquitectura en el mundo

Charles Édouard Jeanneret-Gris, llamado Le Corbusier (6 de octubre de 1887 – 27 de agosto de 1965) fue arquitecto, urbanista, teórico de la arquitectura, diseñador y pintor.