La escultura transparente

El lituano Jacques Lipchitz (1891-1973), amigo de Picasso, de Gris y de "Modi", formado en la escuela de Montparnasse, antes de que hiciese carrera en los Estados Unidos como tantos otros emigrados de su mismo medio, asimiló el cubismo a partir de 1913, pero no retuvo de él más que una rigidez geométrica algo exterior. En 1915-1916 confirió esa severidad a ciertas composiciones verticales y angulares, casi abstractas, que necesitan la puntuación de un ojo o el saliente insinuado de la nariz para que aparezcan todavía como cabezas.
Hacia 1925, después de una serie de bajos relieves policromados, influidos por el gusto decorativo a base de instrumentos musicales que entonces estaban de moda, Lipchitz cede al atractivo del arabesco e inicia la invención que nadie le discute: la famosa "escultura transparente". De los volúmenes desgarrados, a través de los que circula el aire, desprende los elementos constitutivos hasta el punto de que casi llega a desaparecer toda cohesión. Su Pareja (1928-1930) es como la compenetración de dos contornos curvados, robustos signos caligráficos que se abrazan en el espacio. El Canto de las vocales (Zurich, 1932), perforado como un enorme bretzel, subraya intencionadamente por su mismo título esta sustitución celebrada por Kahnweiler, de la densidad por la escritura.
A continuación, este escultor se alejará del cubismo a través de la germinación barroca y espesa de sus realizaciones para la arquitectura, como es el caso del Prometeo (1942-1944) que cuelga como un racimo de la fachada del Ministerio de Educación Brasileño (Río de Janeiro).

historia del arte

Mujer recostada con guitarra de Jacques Lipchitz (Tate Modern, Londres). Realizada en 1928, en esta obra, enormemente representativa, el autor se vale con libertad expresiva del lenguaje cubista, ya en su fase sintética. El personaje se reduce a lo esencial, al perfil y a las superposiciones, tan importantes en su personalidad. Hay, además, de modo indiscutible, una predilección por la escultura de los pueblos primitivos, que el propio escultor confesaba abiertamente.