Historia del Arte

La pintura en la India medieval

De la India medieval quedan muy pocas obras pintadas, ya sean murales o ilustraciones de manuscritos. Son bastantes, sin embargo, para demostrar que después de los Pallava y de los Rastrakuta, los Pandya y los Cola perpetuaron en el Sur la tradición pictórica de la India tan magníficamente representada en Ajanta en los siglos V y VI, mientras que no se conoce ningún vestigio del período medieval en el norte de la India.

Se atribuyen a mediados del siglo IX varios fragmentos de pintura mural, sobre todo en los templos excavados en la roca en Tirumalaipuram y en Sittannavasal. En la gruta del primer sitio, quedan en el techo algunas representaciones de pequeñas divinidades secundarias (gana), una de las cuales cabalga un león mítico, y de follajes de loto entre los que hay un ánade tratado de forma muy naturalista.

Estas obras se desenvuelven con seguridad en una gama sobria: blanco, añil, negro y azul claro. También se ven allí, sobre el capitel de una pilastra, un grupo de personajes barbudos (¿cazadores?) en compañía de muchachas, un tocador de tambor y varios gana danzantes bastante dinámicos.

Hay fragmentos más importantes en la caverna jaina de Sittannavasal, donde se han descubierto recientemente dos capas superpuestas de frescos, así como una inscripción de alrededor de 850, que permite rectificar la atribución de la capa superior hecha hasta ahora a los Pallava a los que corresponde, por el contrario, la capa inferior.

Los frescos del estilo Pandya, de hacia 850, aparecen en el techo, las paredes y los pilares de la veranda. Uno de ellos representa una pareja de la que subsisten los bustos abundantemente enjoyados, otro, dos bailarinas, y un tercero una composición bastante enigmática en la que se ve una laguna de lotos estilizada dentro de la que evolucionan tres hombres que han cogido algunas flores, peces, pájaros y varios cuadrúpedos entre los que hay elefantes.

Este último fresco está realizado en un estilo que se relaciona con el de Ajanta por bastantes particularidades: actitudes y sencillez de los personajes, pureza de la línea, utilización de colores más sostenidos para indicar un modelado, etc. Pero se advierte en él también la facies dravídica, más alargada, y una disposición curiosa entre los actores humanos y animales de esta escena. En cuanto a los personajes de las dos otras composiciones, bailarinas y pareja, se emparentan enormemente con las pinturas Cola, y por lo tanto serían más tardías.

De la época Cola (siglo XI) han llegado hasta hoy otros frescos: los templos de Nartamalai, Malayadipatti y otros contienen vestigios de ellas. Pero en el vimana de Tanjore es donde en 1930, bajo una capa de frescos del siglo XV, se han descubierto las más importantes que aún no han sido publicadas por completo. Se desarrollan en longitud, principalmente sobre el muro occidental del pradaksinapatha que rodea la celda del santuario: Shiva asceta (yogadaksinamurti) asiste a la danza de dos bailarinas celestes (apsarasa) mientras que la orquesta divina, muy dinámica, ritma sus pasos.

Otra bailarina, vista de espaldas con la cara de perfil, en una posición muy sorprendente, da la impresión -todavía más que los precedentes- de un movimiento desenfrenado y permite calibrar la habilidad del pintor que ha sabido indicarlo todo magistralmente, con un trazo puro y seguro, sin artificio ni adorno. Se ven también algunos gana y músicos tocando el tambor y otros instrumentos de música, un caballero, y escenas saiva tales como el casamiento de Shiva Tripurantaka sobre un carro conducido por Brahma y rodeado por cuatro divinidades.

Aunque este tema sea de orden puramente iconográfico, está tratado con el mismo brío y la misma maestría que los precedentes. Contrastando con la gama de colores bastante oscura de Sittannavasal (donde dominan los pardos y los verdes oscuros), la paleta de Tanjore es muy viva, con ocres cálidos, rosas y “oros” que acentúan el ritmo de los personajes.
No obstante, ello es el canto del cisne de la pintura mural clásica prolongada hasta este período medieval. Después del siglo XIV un espíritu completamente diferente presidirá las composiciones murales.

En cuanto a la ilustración de manuscritos, la pintura de la época medieval se concentra sobre todo en tres regiones: Bengala, bajo la dominación de los Palla y los Sena, Gujarat al oeste y Mysore al sur. En unas como en otras, los manuscritos están realizados en hojas de palmera cuya forma impone un formato largo y estrecho (en general 55 X 6 cm aproximadamente). Cuando fue adoptado el papel hacia finales del siglo XIV, dicho formato apenas fue modificado.

La escuela de Bengala de los siglos XI y XII es budista; sus talleres emigraron al Nepal a comienzos del siglo XIII. Muy tradicionalistas, ilustraron temas iconográficos con gran finura de línea y gran cuidado de los detalles; los colores son poco numerosos (añil, cinabrio, verde y amarillo), francos y hábilmente dispuestos para obtener un efecto de relieve.
La escuela del Gujarat de los siglos XII-XIV, en un medio jaina, da pruebas de una notable unidad de estilo, el cual ofrece una estilización muy particular de los personajes y de todos los elementos de la composición; los rostros se ven en tres cuartos con los ojos muy salientes.

Este estilo se prolongará mucho tiempo (hasta principios del siglo XVII) cargándose progresivamente de detalles y de dorados. El fondo de las composiciones es rojo hasta los siglos XV-XVI y azul después.

En Mysore, finalmente, bajo los Hoysala (siglos XI-XIII), hay un manuscrito sobre palma, de tema jaina, fechado en 1113. Su estilo es menos refinado que el de las miniaturas Pala, pero más espontáneo y más animado. Las ilustraciones están ribeteadas lateralmente por bellos motivos vegetales o geométricos que las separan del texto. Los otros especímenes de este estilo todavía están inéditos.

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