Historia del Arte

Java y Tailandia

De igual forma que el arte de los khmer, el arte de la isla de Java se divide en tres períodos, aunque, en este caso, la citada división hace referencia a la secuencia cronológica de la evolución del arte de Java pero, también, a los flujos migratorios que caracterizaron durante mucho tiempo la vida en la citada isla. De este modo, las tres épocas artísticas que se procederá a recorrer corresponden a varios períodos históricos y a una emigración continua de Oeste a Este. El primer período se desarrolló en el oeste de la isla hasta el siglo VII.

El segundo, en el centro, entre los siglos VII y X, corresponde al momento clásico en el que los edificios expresan el gusto javanés por las molduras gruesas y salientes que producen fuertes sombras, y por una decoración escultórica muy rica. Por otra parte, este segundo período acostumbra a dividirse en dos momentos bien diferenciados en la historia de Java: uno de influencia brahmánica, entre los años 625 y 750, en el que fueron levantados varios templos en la meseta de Djeng, todos ellos manifiestamente influidos por el arte de Mahaballipuram en el sur de la India; y otro, entre 750 y 860, de influencia budista, bajo el poder de la dinastía Sailendra, durante el que fue edificado el templo de Borobudur.

Borobudur, construido hacia el año 850, es, con el Bayón de Angkor Thom, que se ha reseñado al estudiar el arte khmer, el mayor templo budista del mundo. Por otro lado, cabe destacar que este imponente templo fue levantado cuando ya esta religión desaparecía bajo los avances del neobrahma-nismo en su patria de origen, la India. Borobudur es un templo grandioso que no tiene interior; es -en realidad- una colina artificial construida en traquita gris de gran dureza, como un stupa desarrollado, multiplicado hasta el infinito.

Su forma general es la de una pirámide escalonada de nueve terrazas superpuestas, las seis inferiores, cuadradas y las tres más altas, circulares. Una escalera atraviesa cada fachada de la enorme pirámide y conduce a la plataforma superior que tiene en su centro un enorme stupa. Sobre las tres terrazas circulares se hallan 72 stupas pequeños, en forma de campana.

Y encima de las nueve terrazas de Borobudur se encuentra uno de los tesoros más importantes de este descomunal templo, los centenares de estatuas de Buda en las que es visible la influencia gupta de las figuraciones de Sarnath. Todas estas representaciones de Buda se muestran muy hermosas y elegantes -impresionantes por lo que se ha llamado su “naturaleza espiritualizada”- y pueden agruparse en seis tipos diferentes.

Así, el último de esos seis tipos, situado en la terraza más alta, realiza con sus manos el gesto de la Enseñanza.

Por otro lado, por si no fuera poca riqueza plástica la multitud de esculturas de Buda, vemos en los muros de las terrazas que éstos aparecen decorados por más de dos mil altos relieves que representan una longitud de seis kilómetros, todos ellos admirables de armonía, equilibrio y claridad. De esta forma, el peregrino que visitaba este magnífico y deslumbrante templo podría seguir toda la vida de Buda.

Así, estos relieves eran mucho más que una obra de arte, pues tenían una función narrativa y pedagógica ya que permitían conocer las vicisitudes de Buda con sus piadosos incidentes y temas fantásticos, mientras el peregrino recorría lentamente las terrazas cuadradas, elevándose hacia las plataformas circulares superiores donde se hallan plasmadas las formas místicas de la gnosis búdica.

El tercer y último período del antiguo arte javanés se desarrolló en el este de la isla durante un prolongado lapso de prácticamente cuatro siglos, los que van desde los siglos X al XIV, y en la contigua isla de Bali, ya en el siglo XV. Es una época en la que el arte de Java se va haciendo cada vez más autóctono e incrementa progresivamente las características locales, indígenas. Sus monumentos fundamentales son el templo de Prambanan, de los primeros tiempos de este período artístico, pues es del siglo X, dedicado a Shiva, y el grupo de templos de Panataram, edificados ya con posterioridad, hacia 1370.

Observando las obras de arte que se han conservado a pesar del paso del tiempo se hace evidente que en las creaciones de este período hay menos belleza y profundidad que en las gloriosas obras maestras de Borobudur. De todos modos, esta falta de belleza queda, por otro lado, compensada porque hay en ellas quizá más intimidad, variedad y originalidad. En el siglo XV, con la instauración del Islam en Java, queda cortado el desarrollo del antiguo arte javanés.

Finalmente, debemos referirnos al arte de Tailandia, país dominado por los khmer hasta el siglo XIII, fecha en que llegaron los tai, tal vez originarios del Yunnan (en los confines del Tonkín superior) que dieron su nombre actual al país. En el siglo XIV fundaron la ciudad de Ayuthya, su capital hasta 1767, año en que fue destruida por los birmanos. Durante el período de Ayuthya se creó el tipo de tejado en forma de cono elevado y estrecho que cada vez fue estilizándose más, como una flecha. Otra característica tailandesa aparece también en este período: un inmenso pedestal sobre el que se colocan los templos, para que éstos tengan mayor altura.

Como acabamos de señalar, en 1767, la que era la capital de Tailandia hasta ese momento, Ayuthya, fue arrasada completamente por los birmanos y, por lo tanto, se hizo necesario buscar una nueva ubicación en la que establecer la capitalidad del país. De este modo, la capital se trasladó a la ciudad de Bangkok.

Con ello se inició la última fase del estilo tai que se prolongó hasta finales del siglo XIX. Son característicos de este período los palacios y templos de Bangkok con una abundante utilización de la madera pintada y dorada. Los hastiales y frontones de los tejados terminan en llamas y cuernos que son un lejano recuerdo de la serpiente Naga, y los colores vivos y claros crean una suntuosa decoración en la que la influencia china es evidente.

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Templo Real de Wat Phra Keo, Bangkok. En este monasterio tai se custodia una venerada figura del Buda Esmeralda, trasladado a la ciudad en 1782 desde un origen ignoto que sólo las personas de alma más pura podían llegar a conocer para no permitir que nadie osara pisar aquel suelo sagrado. Para no escatimar en proteger simbólicamente la estatua se la sentó en un trono empinadísimo y se apostaron unos gigantescos guardianes de gesto terrible en la estatua a la entrada. En su honor se celebran en cada estación unas aclamadas ceremonias populares.

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