Historia del Arte

El arte de los aborígenes australianos (I)

En cualquier caso, el arte era un elemento esencial en la vida del hombre australiano, ya que constituía la expresión de sus creencias religiosas, la fuente de la fertilidad, el medio que les permitía transmitir a sus descendientes los conocimientos del grupo del que formaban parte, para describir sus hazañas y, también, que quedara memoria de ellas.

En las paredes de las cavernas que habitaron en el pasado se pueden contemplar sus narraciones acerca de la creación del mundo, que se inician con el relato de cómo era la tierra cuando estaba vacía, cuando no había vegetación ni animales, ni por supuesto hombres; entonces, de algún lugar desconocido surgieron los héroes; éstos, al caminar, fueron creando los caminos de la Tierra, los ríos, el mar, que pronto se poblaron de animales.

Más tarde fueron creados los hombres. En las paredes de las cuevas aparecen representados esos héroes; son los denominados wuandjina, figuras antropomorfas de gran tamaño, cuyos cuerpos están pintados de blanco y contorneados de rojo: los colores de la fertilidad, del agua y de la sangre.

Otro tema que aparece en las cuevas son figuras de seres mágicos – los mimis – que tienen forma de hombres delgadísimos, casi filiformes, y aparecen siempre en movimiento, en escenas llenas de espontaneidad.

Aunque todas estas pinturas fueron realizadas hace mucho tiempo, frecuentemente acuden aborígenes para “renovarlas”; las repintan y a veces les añaden motivos. Hasta la década de 1960 perduró esta práctica, para mantener contacto con los espíritus de la creación.

Aunque no son tan antiguas como las pinturas realizadas en las cuevas, o los petroglifos, se sabe que los primeros colonos europeos que se establecieron en Australia dejaron constancia de que los indígenas pintaban escenas de animales y hombres en piezas de corteza.

Hacia 1850 todos los grupos indígenas que habitaban en el continente realizaban este tipo de pinturas; posteriormente, al ir retrocediendo el hábitat indígena ante el avance de los blancos, esta producción quedó reducida, como ya se ha dicho, a la zona de la Tierra de Arnhem, ya que los indígenas que vivían en el centro de Australia (en 1960 todavía había grupos arunta en las zonas desérticas centrales) carecían de árboles de los que extraer la corteza.

Una vez obtenida la plancha de corteza, arrancadas las rugosidades, y ablandada al fuego, se procede a dejarla perfectamente plana y lisa; luego se confecciona la materia pictórica con colores naturales: blanco (obtenido de piedras calizas), negro (de carbón o de piedras ferrosas), y rojos y ocres (procedentes de arcillas), que se mezclan, una vez reducidos a polvo, con el jugo de unas orquídeas o con miel de abejas, a modo de aglutinante.

La realización de la pintura propiamente dicha se efectúa en secreto, sin espectadores; a veces trabajan en la misma corteza dos o tres pintores, que mientras realizan su tarea van salmodiando sus cantos sagrados.

Las pinturas tienen temas diversos: las hay de carácter sagrado en las cuales se reflejan temas míticos referentes a los wandjina y a los mimis. Otras son de carácter puramente narrativo, en las que pue-de explicarse, por ejemplo, una expedición de caza o pesca. En este caso, la escena suele estar dividida en diversos compartimientos, en cada uno de los cuales se representa una secuencia de una acción (como en un cómic).

En otro tipo de pinturas se plasma la figura de un animal que ocupa toda la corteza; en esa figura aparece representado no solamente el aspecto externo del animal, sino también lo que el pintor sabe que tiene dentro (columna vertebral, corazón, intestinos). A este tipo de pinturas se las ha denominado de rayos X o radiografías.

Por fin, hay un cuarto tipo de pinturas conocidas como abstractas, aplicando abusivamente una terminología propia del arte occidental a un arte completamente ajeno a los parámetros modernos. Son pinturas que aparentemente no guardan relación alguna con objetos reales; sin embargo, los aborígenes las interpretan rápidamente como “el arco iris”, “pozo de agua con lanzas alrededor”, o “la luna deslizándose sobre las olas”.

La pintura sobre corteza ha sobrevivido con toda su autenticidad hasta hace pocos años, e incluso su producción se acrecentó, puesto que misioneros, sociólogos y la misma administración gubernamental animaban a los aborígenes a realizarlas; pues, a medida que era conocido en Occidente este arte, se acrecentaban las peticiones de pintura, que proporcionaban buenas ganancias a sus creadores.

Mas, para lograr ese incremento, primero se procedió a facilitar la tarea del arranque de la corteza mediante herramientas metálicas, luego se proporcionaron a los artistas pinceles industriales, e incluso pinturas químicas. Más tarde se les propuso la realización de nuevos temas. Actualmente apenas usan la corteza y las pinturas las hacen sobre lienzo, bien tensado y enmarcado.

No obstante, hay que reconocer que las muestras recientes que ha sido posible estudiar, aunque poco o nada tengan que ver con la antigua pintura, son de elegante y refinado trazo, y sus sutiles combinaciones de colores permiten augurar que los artistas jóvenes aborígenes, con toda seguridad, influirán eficazmente en el arte australiano del futuro con su personalísima contribución.

arte australiano
Corteza decorada. Sobre corteza de eucalipto los aborígenes australianos pintaban escenas mitológicas y de carácter mágico, animales y espíritus de los antepasados. El acto creativo de la pintura se hacía en secreto mientras el artista recitaba cantos sagrados durante la realización de la obra.

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