El gran arte cretense (I)

Esta sala da a una antecámara que comunica con el patio, y en el lado opuesto, a través de un verdadero vericueto de otros pasadizos, se llega a lo que se ha supuesto ser el tálamo de la reina, también decorado con pinturas, con su baño. Hay también, en el plano inferior, otro gran corredor donde se hallaron dispuestas en filas grandes tinajas; pero no se comprende cuál pudo ser el destino de muchas partes del complicado edificio, que tenía un pabellón a modo de mirador, dotado de pequeñas columnas o pilares. Parece como si en Cnosos hubiera habido especial empeño en emplear estos últimos elementos constructivos, que, al igual que la doble hacha o segur, figuran aisladamente y como objeto de un culto ritual en muchas gemas y pequeños sellos haliados en el transcurso de la excavación arqueológica. Se trata de un pilar o breve columna de fuste troncoconico puesto en sentido inverso, esto es, con la parte más ancha situada hacia arriba y coronada por un capitel compuesto de un estrecho anillo y una saliente moldura circular. Tal columnita debió revestir también el valor de un símbolo religioso.
Como se verá más adelante, el relieve que aún existe en la Puerta de los Leones, en las murallas de Micenas, demuestra que este símbolo formó también parte de la civilización micénica, y que allí esta especie de pilar, de indudable origen cretense, tuvo un alto significado simbólico, cuando los aqueos se hubieron apoderado de Creta. Ambos emblemas, el pilar y el hacha doble, se hallan representados repetidamente, en Creta, en pinturas al fresco, y en cuanto a la doble segur, figura en muchas vasijas, también con adornos florales, así como se halla figurada, repetida e instalada en lo alto de colum-nitas, y coronada por una figurita de pájaro, en la representación de una escena ritual, pintada en un sarcófago de entre 1500 y 1400 hallado en Hagia Triada, y que se conserva en el Museo de Heraklion. En éste se puede ver representado un santuario al aire libre del pilar y el hacha con palomas, y pilares que reverdecen al ser regados. Vierten el agua ritual unas rubias sacerdotisas, mientras una acolita morena toca la lira.
Debió tratarse, pues, de un culto practicado por jóvenes sacerdotisas, quizás en relación con alguna divinidad subterránea, porque algunas estatuitas de terracota cretenses, así como otras finamente labradas en marfil (sin duda figuritas votivas) reproducen la forma de tales esbeltas muchachas de grandes ojos abiertos, que, tocadas con mitras o birretes, aparecen mostrando serpientes enroscadas en sus manos. Tales jóvenes visten faldas acampanadas, con volantes, muy ceñidas, y llevan una especie de chaquetilla abierta, que, con coquetería, muestra los pechos desnudos del personaje.
Otro rito nacional de la Creta minóica comportaba un arriesgado ejercicio acrobático, o de tauromaquia, que consistía en el salto del toro bravo. Al embestir el animal (el toro mediterráneo, de grandes cuernos, como aparece bellamente representado de perfil, en una cabeza en relieve de estuco, o en una pequeña vasija, a modo de rhyton, labrada en esteatita, hallada también en Cnosos), el toreador, hombre o mujer, debía asirse a sus cuernos, y brincar dando una voltereta sobre el lomo de la bestia, para caer de pie, tras de su cola. ¿Cuál era el objeto de tal prueba? ¿Dar una muestra de agilidad y arrojo, o recibir -con la sensación de haber superado un peligro- una especie de purificadora iniciación?
Para los griegos, el Minotauro era ya un monstruo humano con cabeza de toro: Minos y el toro se habían amalgamado en una sola personalidad. Y las leyendas y las fábulas aclaran los monumentos, y a su vez los monumentos explican las leyendas. Actualmente se cree que Minos es un nombre genérico, un título, como el de Faraón; los griegos clásicos acaso ya lo sospechaban al decir que el “último” Minos murió en una expedición de conquista en Sicilia.
Es posible que la ambición excesiva del último Minos de dominar el Mediterráneo occidental ocasionara la caída de la dinastía cretense y diera oportunidad para su liberación a las ciudades de Grecia continental. Pero hasta el siglo XVI a.C, Grecia y las islas estaban sujetas a los monarcas de Creta, y éstos imponían contribuciones y entrega de rehenes a los tributarios. Alojados los rehenes como huéspedes reales en el Laberinto, tenían que aprender las “maneras” de Creta, especialmente el deporte semi-mítico del salto del toro. Esto aparece claro en la leyenda deTeseo y Ariadna. Teseo, hijo del rey de Atenas, es uno de los muchachos rehenes que la ciudad tiene que enviar regularmente a Minos para que los “eduque” haciéndolos “pasar por el Minotauro”. El joven ateniense es adiestrado por la princesa Ariadna, hija de Minos, con cuya ayuda sale victorioso de la prueba del Laberinto.
arte cretense
Emblema del rey Minos (palacio de Cnosos, Creta). Este emblema tiene varias posibilidades de explicación: puede ser, desde luego, los cuernos del mítico Minotauro, divinidad solar y masculina, o los cuernos crecientes de la Luna, divinidad femenina, o la Doble Hacha -el labrix romano- horizontalmente partida. Lo más seguro, sin embargo, es que sea las tres cosas a un tiempo.

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