Introducción al arte prehelénico (I)

Los griegos no poseían, acerca de la época proto-histórica helénica, más conocimiento que los derivados de tradiciones embellecidas por la fábula. Por lo que a Creta respecta, contaban con las leyendas relativas a Minos y Dédalo, al Minotauro y al Laberinto, y a la muerte de aquel ser monstruoso a manos del héroe Teseo. Heródoto, padre de la Historia, tenía, pues, respecto a la civilización cretense, ideas vagas, basadas en tales nociones legendarias, e ignoraba casi todo lo concerniente a ese primitivo período de la Grecia continental que, modernamente, fue designado como prehelénico, excepto en lo que se refería a la Guerra de Troya y a las secuelas inmediatas de aquella expedición bélica.

Todo ese acervo mítico lo situaba -como es natural- antes del desarrollo regular de la civilización griega, la cual no se comenzó a manifestar hasta el siglo X antes de Cristo. Sabía Heródoto que por aquellas remotas fechas Grecia había sufrido la invasión de sucesivos núcleos de pobladores venidos del Norte: jonios y eolios, y los dorios, cuya llegada había interrumpido el desarrollo de la anterior cultura, la de los aqueos. A partir de aquel hecho, comenzaba, pues, para Heródoto la verdadera historia de los griegos, y todo el mundo, hasta el siglo XX, siguió creyendo que de aquella época arrancaban también los orígenes del arte de Grecia, porque antiguos y modernos, hasta los albores del siglo XX, ignoraban, si no la existencia, la verdadera importancia de la cultura egea, cuya etapa de más esplendoroso florecer había tenido lugar en la isla de Creta. Cuando, basándose en los poemas homéricos, el alemán Heinrich Schliemann, tras haber excavado en Troya, en 1876 realizó sus importantes exploraciones arqueológicas en Micenas y Tirinto, mucho tiempo había de transcurrir todavía para que los resultados brillantes a que llegó aquel arqueólogo se pudieran relacionar con el antiquísimo mundo cultural cretense, cuya real significación empezó a vislumbrarse a fines del siglo XIX gracias a las primeras excavaciones practicadas en Paestum y en Kamares por la misión italiana que, dirigida por Federico Halbherr, trabajó en Creta mientras aquella isla estuvo bajo el mandato de las potencias europeas.

A estos éxitos iniciales siguieron, por fin, los grandes hallazgos realizados entre 1900 y 1904 por el inglés Arthur Evans, cuando excavó las ruinas del palacio de Cnosos. Gracias a ellos se comprendió el verdadero alcance de la civilización cretense, no sólo a través del progreso de su portentoso arte cerámico y de su arquitectura, sino en lo referente a su aspecto general suntuario, y al político y religioso. A la luz de los resultados por él obtenidos, Evans, partiendo del período neolítico, estructuró una división cronológica de toda la antigua cultura insular, que hacía partir de alrededor del 3500 antes de Cristo y basaba principalmente en el desarrollo de su cerámica, sin desatender, no obstante, los hallazgos de cualquier otro orden, y con alusión a la mítica figura del rey Minos, que dio el nombre de minoíca (Minoan, en inglés) a aquella rica cultura exhumada, en gran parte, gracias a sus esfuerzos. Pero después, al comprobarse los enlaces que aquella civilización había tenido con la primitiva que floreciera en Micenas, se ha venido prefiriendo otra denominación más adecuada a tales circunstancias, y así, desde hace lustros es corriente hablar de cultura creto-micénica, y de arte creto-micénico.

Ciñéndose al arte que se originó y desarrolló en Creta, la cronología que en la actualidad es más generalmente aceptada para este ciclo cultural insular comprende los períodos siguientes: prepaladal, que, partiendo de una época aún de civilización por entero neolítica en la isla (hacia el 2500 antes de Cristo), llega hasta alrededor del año 2000; período de los grandes palacios (especialmente brillante en Paestum, y sobre todo en Cnosos), que va de los años 2000 al 1700, año en que aquellas vastas edificaciones debieron ser devastadas por una catástrofe sísmica; período de los segundos palacios, desde 1700 hasta el año 1400 a.C, época de reedificación intensa y de apogeo cultural, con huellas de otra destrucción debida, en este caso, al fuego, y finalmente período pospalacial, decadente, entre 1400 y 1100. Como sea que es preciso señalar, a partir de un determinado momento, sincronismo entre esta cultura cretense y la que tuvo su desarrollo en Micenas y otros lugares del Peloponeso, se procederá a dar también, ahora, una división cronológica de la civilización micénica. Sus fases son las siguientes: micénico antiguo, entre los años 1600 y 1500; micénico medio, entre 1500 y 1400; micénico tardío, entre los años 1400 y 1100 a.C.
arte griego
Paestum (Creta). Estas poblaciones fueron centros importantes en el sur de la isla: Paestum tuvo un comercio intenso y próspero por su proximidad al puerto de Komó (se han hallado cientos de jarras, algunas incluso selladas, para la exportación) y la unía a Cnosos la única vía que atravesaba la isla.
Hagia Triada tuvo un momento de esplendor a finales del Minoico medio. Por su bellísima situación, la refinada gracia del palacio, uno de los más elegantes de la arquitectura minoica, y la gran Plaza de los Oratorios, parece haber sido más bien lugar de recreo.

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