Historia del Arte

Las escuelas helenísticas (I)

Hay en estas esculturas de Pérgamo una precisión etnográfica absoluta para reproducir los caracteres de raza; las cabezas del galo moribundo, del Capitolio, y del galo que se da muerte, del grupo del Museo de las Termas, podrían tomarse por las de dos franceses del Midi de hoy. El estilo de Pérgamo destacó siempre por su fuerza patética. En los grupos de los exvotos de Atenas, los reyes de Pérgamo hacían remontar sus hazañas deteniendo a los gálatas hasta los grandes días del arte antiguo: primero se representaba en varios grupos la lucha de los dioses contra los gigantes, después la de los griegos contra las amazonas y los persas, y por último la de los propios reyes de Pérgamo contra los gálatas. Este estilo no se redujo al grupo de escultores áulicos que tenían a sus órdenes los soberanos intelectuales de Pérgamo, sino que fue imitado en todo el mundo helenístico. Una cabeza del Museo de Alejandría, encontrada en Gizeh, reproducía a un galo como los de Pérgamo; otro galo o persa, encontrado en Roma (actualmente en el Museo de las Termas), es también del estilo que hasta hace poco creíamos exclusivo de Pérgamo. Así, en los tres puntos casi extremos del mundo griego de entonces aparecen manifestaciones del mismo arte, hasta hoy llamado pergameno.

Un nuevo triunfo militar sobre sus vecinos bárbaros impulsó a otro rey de Pérgamo a erigir un grandioso altar a Zeus, con un friso de esculturas en el basamento. El altar propiamente dicho se encontraba dentro del recinto de un pórtico de columnas jónicas, pero su importancia artística estriba en los relieves del basamento del pórtico, los cuales representaban la batalla de los dioses y los gigantes: la Gigantomaquia. Este friso se hallaba en su sitio todavía en los primeros siglos de la Era cristiana; el autor del Apocalipsis, dirigiéndose al obispo de la iglesia de Pérgamo, dice que está instalado junto al trono de Satán. Las excavaciones que habían de devolvernos esta última obra maestra del arte griego fueron dirigidas por el ingeniero alemán Humann, y el friso pudo ser trasladado casi por completo al Museo de Berlín. Las figuras son de alto relieve; cada cuerpo está moldeado con energía extraordinaria en los detalles, y se acentúan todas las musculaturas, como para indicar el esfuerzo sobrehumano realizado por los gigantes y los dioses.

Hay allí gran abundancia de temas y de episodios; el friso, que tiene un desarrollo de 130 metros, es siempre variado. En una parte aparece Atenea combatiendo acompañada de su fiel Victoria; la diosa ha de valerse de toda su astucia para levantar por los cabellos al gigante Alcioneo, pues sabido es que el terrible monstruo perdía toda su fuerza en cuanto se le separaba del suelo; su madre, la diosa Gea, o sea la Tierra, implora la piedad de Atenea para el rebelde. En otro lado Zeus, con su pica y sus rayos, acaba con tres gigantes de una vez. El Sol y la Luna, en sus respectivos carros, combaten al lado de los dioses. Algunos gigantes tienen cabeza de león; otros, colas monstruosas. El estilo también varía en las diversas partes del largo friso del altar, pero es siempre agitado, violento, convulso. Sin embargo, aun esta nota de extremo barroquismo helenístico no parece exclusiva de la escuela de Pérgamo. Unas esculturas de un altar de Damofón, en Atenas, muestran idénticos caracteres de exageración en las expresiones.

Después de Alejandría y Pérgamo, la más caracterizada escuela helenística hubo de ser la de Rodas. Allí se establecieron varios discípulos de Lisipo. Uno de ellos, Cares de Lindos, fue el autor del coloso de Rodas, erigido hacia el 280 a.C. y destruido por un terremoto cincuenta y seis años después. A falta de copias o reproducciones del coloso de Rodas y de esculturas encontradas in situ, no queda otro recurso que el de valerse, para comprender el estilo predilecto de los escultores rodios, de los datos que proporcionan dos grandes obras que proceden de Rodas y fueron mencionadas ya por los escritores antiguos. Una de ellas es el grupo de Laocoonte, encontrado en las Termas de Tito, donde ya lo había admirado Plinio (in Titi imperatoris domo). Era obra realizada por Agesandro de Rodas en colaboración con sus dos hijos, Polidoro y Atenodoro, y aun parece ser que no se ejecutó hasta después de haber deliberado una cofradía de artistas muy numerosa (de consilii sententia). En este grupo de Laocoonte se exagera más aún el efecto teatral de anatomía que podía contemplarse en el altar de Pérgamo.
Al dolor físico de la estrangulación causada por las enormes serpientes mandadas por Apolo, se añade el inmenso dolor moral con que el sacerdote troyano Laocoonte ha de presenciar la muerte de sus hijos. En este grupo, los tres cuerpos humanos aparecen estrujados por las dos serpientes: el padre tiene el tórax hinchado, y los músculos y venas se marcan sobre la piel de manera exageradísima; la cara está tan contraída, que aquel hombre no viviría ya, puesto que ningún cuerpo humano es capaz de deformarse con semejante tensión.

Otra obra de los escultores rodios que ha permitido conocer aún mejor su estilo es el llamado grupo Farnesio, con el castigo de Dirce, condenada a ser arrastrada por un toro, atada a sus cuernos, por los hijos de Antíope, Zeto y Anfión, que en el siglo XVIII pasó a la colección real napolitana, y después al Museo de Nápoles. Es curioso observar que, al servir de modelo para las pequeñas porcelanas de la fábrica real de Capodimonte, cerca de Nápoles, el grupo enorme, el convenirse en bibelot, gana interés en lugar de perderlo con la reducción. La composición es extremadamente compleja; en el original no se puede apreciar el conjunto por ningún lado, mientras que al reducirse a un juguete de porcelana se domina muy bien de una sola mirada. Sin embargo, a pesar de la habilidad con que se han combinado las figuras en un conjunto apiramidado, el grupo no despierta entusiasmo; se infiere de ello que el artista hubo de salirse de los límites de la escultura.
Productos de la escuela rodia son las estatuas de las Musas de un escultor llamado Filiscos, de las cuales han quedado muchas copias. Son nueve figuras aisladas que debían de rodear la figura de Apolo. Algunas de estas graciosas mujeres son tipos verdaderamente inspirados; la llamada Polimnia, envuelta en los pliegues de su amplio manto, fue muchas veces reproducida en copias romanas; Urania, pensativa, estaba sentada, con la cabeza apoyada en una mano.
arte griego
Las naves de Ulises atacadas por los lestrígones, detalle (Biblioteca Vaticana, Roma). Obra hallada en el barrio del Esquilino, en la que el paisaje odiseico está tratado con un sentido esquemático y las figuras trazadas con unos pocos toques, según el estilo que Petronio llamaba “compendiario” y actualmente impresionista.

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