Historia del Arte

Las escuelas helenísticas

Después de describir los principales tipos del arte helenístico en todo el mundo griego, se deben mencionar los esfuerzos que han hecho los investigadores para identificar el estilo de las diferentes escuelas de Alejandría, Pérgamo, Rodas, y aun de la propia Grecia, durante el gobierno de los sucesores de Alejandro. Hasta hace no mucho tiempo había sido considerada como exclusivamente alejandrina una serie de relieves con paisajes y figuras de la vida campestre, finamente poetizados. La hipótesis tenía apariencia de verosimilitud; parecía, a priori, ser verdad que en la gran metrópoli intelectual la gente se complaciera, por contraste, en una vida campestre, más sencilla y más sana. Esta preferencia creía probarse con los idilios del poeta Teócrito, cuyo comentario plástico parecían estos relieves bucólicos.

El amor platónico por los campos que siente el hombre de la ciudad no parece, sin embargo, haber sido la nota característica de la escultura de Alejandría; hoy, decididamente, no se pueden aceptar como alejandrinos estos relieves bucólicos, que, sin duda alguna, son las más bellas manifestaciones del arte helenístico. El paisaje, a veces rocoso, no es el del llano uniforme del delta del Nilo, y no corresponden en absoluto a Egipto ni la flora, ni la fauna. Afluyeron seguramente a Alejandría, como acontece hoy en todas las metrópolis mundiales, las diversas corrientes de la época y artistas de diferentes regiones. Dos cosas parecen, en cambio, haber sido especialmente privativas de la capital: la primera, la afición notoria por los tipos sensuales praxitélicos, suavizados más todavía por una especie de afectada vaguedad, una delicuescencia del mármol, que se ha convenido en llamar la sfumatura alejandrina; la segunda nota original de la propia metrópoli es la predilección por los asuntos callejeros, los tipos grotescos, que debían de abundar en aquella confusa aglomeración de gentes de todas las razas.

Los informantes, principalmente, de este arte singularísimo son los pequeños bronces. Por ellos es posible imaginarse el cuadro pintoresco que ofrecían las calles de aquella populosa ciudad, con los vendedores ambulantes, los músicos, los bailarines. Raras veces estos bronces, hallados en Alejandría, tratan de asuntos bucólicos; los tipos se repiten con frecuencia, pero nunca aparecen las muestras de esta afición a la vida del campo. Más que preocuparse del parentesco espiritual del arte alejandrino con los idilios de Teócrito, hay que buscarlo en los versos de Herondas, el poeta de la ciudad cosmopolita, y en ciertos epigramas maliciosos de la Antología bizantina.

El pueblo alejandrino debió de ser finamente irónico y burlón, orgulloso de su gran ciudad, familiarizado con sus propias deformidades, cuyo lado cómico sabía descubrir en todo momento. Infinidad de motivos de género que el arte griego muchas veces había despreciado por demasiado vulgares y simples son tratados con gusto exquisito por los escultores de la capital.
Pero no fue únicamente la ciudad de Alejandría la que sintió entonces estas aficiones; hoy se puede apreciar como el gusto por lo anecdótico se hacía extensivo a todo el mundo griego de aquel momento; los pequeños bronces ilustran extraordinariamente en este punto. Las figurillas encontradas en Alejandría pueden compararse con las halladas en la nave hundida frente a Mandia, que procedía de Atenas. Estos bronces atenienses helenísticos son análogos a los procedentes de Alejandría. Dos enanos danzarines son, realmente, compañeros de los bailarines y cantores encontrados en Alejandría.

Más fácil resulta fijar el estilo de la escuela de Pérgamo, porque las excavaciones han descubierto allí buena copia de obras que fueron celebradas ya por los escritores antiguos. En Pérgamo reinaron una serie de príncipes filántropos y apasionados por el arte, que no encontraban gusto en el picaresco arte de Alejandría. Poseídos como estaban de cierto romanticismo por lo heroico y lo sublime, cayeron en el otro extremo y fomentaron la maniera grande con composiciones llenas de gigantes, héroes y bárbaros entregados a fieros combates.
Por otro lado, los príncipes del pequeño territorio que constituía el Estado de Pérgamo pudieron disponer, por sus grandes riquezas, de un fuerte ejército de mercenarios y ganar el título de defensores de la raza griega deteniendo una invasión de celtas. Y los reyes intelectuales de Pérgamo mandaron esculpir varios grupos de galos vencidos para erigirlos como exvotos en su templo de Minerva Polias en la mismísima Pérgamo y en la Acrópolis de Atenas.
Existen, pues, diversos grupos procedentes de Pérgamo que representan distintos episodios de la lucha contra los celtas o galos. En uno de ellos, un hombre, herido de muerte, fija en el suelo sus ojos velados, mientras se sostiene apenas con uno de sus brazos apoyado en tierra. En su fisonomía se refleja la expresión de un dolor que hasta entonces no había logrado reproducir el arte griego.

arte griego

Psiquis esparciendo flores, detalle. (Casa dei Vettii, Pompeya)

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