Introducción al arte íbérico (I)

Estos pueblos, que actuaron casi exclusivamente en la zona costera mediterránea, introdujeron entre los indígenas nuevos cultivos, como la vid y el olivo, perfeccionaron el uso del hierro, les enseñaron nuevas técnicas para la minería y de aprovechamiento de las salinas e iniciaron la industria de la salazón del pescado, el torno de alfarero, el uso de formas mercantiles monetarias, nuevos conceptos urbanísticos, tipos de escritura y formas culturales.

Como consecuencia de ello, los pueblos indígenas de la costa evolucionarían más rápidamente hacia formas económico-culturales más avanzadas, dentro de una inicial economía monetaria del mercado, que los pueblos del interior.

Dentro del mosaico de pueblos independientes anteriores a las colonizaciones, se puede definir lo ibérico como un fenómeno cultural, desarrollado entre los pueblos descendientes de los pobladores neolíticos de la costa mediterránea, que hablaban variantes de una lengua preindoeuropea y estaban en constante contacto con los pueblos colonizadores. Lo ibérico convivía física y temporalmente con la cultura céltica, establecida en los valles del Duero, Jalón y Ebro, gentes de habla indoeuropea e introductores del hierro y del sistema funerario de incineración.

Los íberos basaron su infraestructura económica en una agricultura de cereales, vid y olivo, una ganadería secundaria o complementaria y un comercio extraordinariamente importante de metales (40.000 trabajadores, según Plinio, en las minas de Cartagena). El hombre ibérico se agrupaba en pequeñas ciudades, que se convertirían en los nuevos núcleos económicos de vital importancia para el desarrollo de su cultura.

En las ciudades se utilizó la moneda griega o fenicia hasta el siglo III a.C., cuando ellos mismos acuñaron su propia moneda de cambio.

La tierra de cultivo a menudo era comunal, aunque ya existía la propiedad privada y posiblemente los primeros latifundios. El ibérico era un ser libre que utilizaba mano de obra esclava para los trabajos más arduos. Así pues, poco a poco apareció una «burguesía» comerciante y artesana que se enriquecería de toda esta estructura compleja de relaciones entre pueblos y, sobre todo, del carácter comerciante heredado de los griegos.

arte ibérico

Urna cineraria (Museo Arqueológico, Barcelona). Procedente de la necrópolis de Oliva, en Valencia. El ritual funerario ibérico consistía en la cremación del difunto en una pira. El cadáver se quemaba vestido y con otros objetos personales, como armas o joyas, y luego se colocaban las cenizas en una urna cineraria, la cual se depositaba en su tumba.

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