Historia del Arte

Introducción al arte íbérico

La cultura ibérica nació como fruto de la conjunción de tradiciones propias de los habitantes de la costa mediterránea de la península Ibérica, y de la influencia ejercida sobre ellos por una serie de pueblos del Mediterráneo oriental, principalmente. Fenicios, cartagineses y griegos les aportaron conocimientos técnicos y parte de su cultura, y colonizaron las tierras bañadas por el mar con la pretensión de dominar las rutas del metal. Así pues, la cultura ibérica es el resultado de una síntesis de la cultura propiamente indígena y de la aportada por estos tres pueblos con ansia de expansión y crecimiento.

Los pueblos colonizadores se extendieron por la costa oriental de la Península durante el I milenio a.C., y trajeron consigo tres fenómenos importantes para el desarrollo posterior de la cultura ibérica: en primer lugar, introdujeron el uso del hierro como metal básico de trabajo; en segundo lugar, convirtieron la Península en un enclave de gran importancia dentro de los circuitos comerciales del Mediterráneo, y, por último, iniciaron lo que podría denominarse “historia escrita”, con las primeras noticias ya no tan sólo orales o legendarias sobre las tierras y los pueblos hispánicos.

Los autores griegos y romanos se ocuparon de definir la situación hispánica con que se encontraron a su llegada, así como de investigar los vestigios de los pueblos antiguos de esta zona. Así pues, a través de ellos se ha tenido conocimiento de que la antigua Península era un compendio de pueblos independientes, algunos de ellos sometidos por algún espacio de tiempo a los cartagineses, y visitados o colonizados por fenicios y griegos.

La colonización fenicia fue exclusivamente comercial y estableció factorías a ambos lados del estrecho de Gibraltar. Los fenicios pretendían monopolizar uno de los puntos estratégicos de la ruta de los metales (estaño y cobre) y explotar directamente la zona minera del sur de la Península. La factoría o enclave más importante creado por los fenicios fue Gádir, fundada, según la tradición literaria, hacia el año 1100 a.C., pero sólo corroborada arqueológicamente desde el siglo VII a.C.

La colonización griega pretendía también el acercamiento a la ruta de los metales, y, siguiendo la prehistórica ruta de las islas (Sicilia, Cerdeña y Baleares), los griegos se establecieron, a partir de los siglos VIII y VII, en Hemeroscopión, Akra Leuke, Mainake e incluso en el Atlántico, en Portus Menusius, junto a Gádir. El viaje del marino Colaios de Samos hace el relato del contacto establecido con el centro minero de Río Tinto y Sierra Morena.

Cuando, en el siglo VII a.C., la metrópoli fenicia de Tiro cayó bajo el dominio asirio, la colonia de Cartago tomó el relevo, y entonces se produjo un enfrentamiento entre cartagineses y griegos (combate de Alaia, 535 a.C.) que dio como resultado el dominio de los cartagineses sobre el estrecho de Gibraltar y sobre la ruta de los metales. Los vencedores cerraron el paso hacia el sur a los griegos desde su base militar de Ibiza. Una segunda colonización griega tuvo lugar hacia el 500 a.C., pero solamente en el noreste de la Península, y fundaron su primera colonia de poblamiento: Emporion, estrechamente dependiente de la gran colonia focense de Massalia (Marsella).

La colonización cartaginesa se extendió bajo dos formas decisivas: en una primera etapa, como incursión comercial (desde el siglo VII a.C.) continuadora de la fenicia; la segunda etapa fue ya militar (finales del siglo III a.C.) y coincidió con el desarrollo de las luchas contra Roma (Guerras Púnicas). El partido militarista, mercantil y colonialista de los Barca decidió, tras el fracaso de la I Guerra Púnica, ocupar la Península en busca de numerario (plata) para pagar sus ejércitos, de mercenarios para éstos y de bases para acciones futuras (Cartago Nova).

arte ibérico

Muralla oeste de Ullastret (Gerona). El poblado prerromano del Puig de Sant Andreu de Ullastret posee la muralla de época ibérica mayor y mejor conservada de toda Cataluña. Hasta el momento se han descubierto 930 m de muralla. Originariamente la muralla cerraba un recinto de forma triangular, en cuyo perímetro se pueden observar hasta seis torres. Se accedía a la parte superior de la muralla mediante las escaleras helicoidales del interior de las torres.

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