Georges Seurat y Paul Signac (I)

El año 1885 fue también para Seurat muy laborioso; le ocupó durante varios meses la realización de su segunda obra: Un dimanche aprés midi a rile de la Grande Jatte (hoy en el Art Institute, de Chicago). Los apuntes para esta nueva realización los tomaba el pintor por las mañanas, del natural, en el lugar que había escogido como escenario de su cuadro en el Bois de Boulogne.

Ambas obras ambicionaban la evocación de un momento en lugares determinados; su intención era, pues, tan real como la de las pinturas típicas de los impresionistas, y en la Tarde del Domingo la paleta era aún la estricta del impresionismo; pero aquí Seurat había sustituido las pinceladas por diminutas manchas circulares (a modo de topos) que llenaban por completo la superficie del cuadro. Con esta nueva pintura del que sus adeptos consideraban ya como jefe del “neoimpresionismo”, había nacido una modalidad de pintar hasta entonces desconocida, a base de pinceladas en forma de puntos (Pointillismé).

Pissarro, que se adhirió pasajeramente a esta nueva técnica, hizo exponer este lienzo en la octava (y última) exposición celebrada por los impresionistas. La Tarde del Domingo -que aquel mismo año figuró también en una exposición organizada en Nueva York por Durand-Ruel, como al año siguiente sería expuesta en Bruselas- despertó indignaciones y entusiasmos, y su defensor principal, el crítico y escritor simbolista Félix Fénéon, en su importante estudio: Les impressionistes en 1886, definió esta nueva tendencia.

La producción de Seurat fue escasa. Además de las dos pinturas reseñadas, comprende las siguientes composiciones (todas ellas rigurosamente “puntillistas”): Las poseuses, que representa tres desnudos de modelo femenino -en realidad, tres estudios de un mismo modelo- en la sala de trabajo del autor (1888, hoy en la Fundación Barnes, Estados Unidos) y La Parade de Crique (de aquel mismo año, hoy en una colección estadounidense), Le Chahut (1890, en el Museo Kröller-Müller, en Holanda), Mujer empolvándose (1890, Galería Nacional de Londres) y finalmente Le Cirque, obra que no pudo terminarse (1891, Musée d’Orsay, París). Aparte de estas pinturas de composición figurativa, que a distinción de las dos obras anteriormente comentadas han sido consideradas siempre como un poco “heladas” o figées, dejó Seurat paisajes fluviales o marítimos, en algunos de los cuales su teoría cromática triunfa plenamente en efectos de color extraordinariamente vibrantes.

Su seguidor Paul Signac (1863-1935), gran propagandista de la pintura “de los colores del prisma” (como él decía), publicó un libro de gran interés: D’Eugéne Delacroix au Neo-impressionisme (1899), y sucedió a Seurat en la jefatura de la tendencia por él iniciada, que indistintamente después fue llamada puntillismo o divisionismo. Además de Dubois-Pillet, H. E. Cross y Maximilien Luce, que fueron sus constantes mantenedores, se adhirió por un tiempo al puntillismo Pissarro, y a título de ensayo hicieron lo mismo Gauguin y su amigo D. de Montfreid, y Van Gogh, así como, un poco más tarde y de modo también ocasional, el español Darío de Regoyos.
Paul Signac
El castillo de los papas de Paul Signac (Museo de Arte Moderno, París). Signac consigue en esta obra, gracias a pequeñas pinceladas, grandes matices de color. La pintura no está dibujada, es mediante el color de las pinceladas que consigue crear el contorno de las figuras. Junto con Seurat y Redon, el artista fue uno de los impulsores de la Societé des Artists Indépendants fundada en 1884.

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