La locura de Van Gogh

Mucho se ha escrito acerca de la locura de Vincent Van Gogh y el precio que tuvo que pagar por ser un genio. A la luz de la psiquiatría, el suyo se convirtió en un caso de gran interés para los expertos.

Tanto en su biografía como en sus cartas había claros indicios para sustentar las diferentes hipótesis: locura religiosa y automortificación en sus primeros años, continuos trastornos de carácter luego, y más tarde un intento de asesinato con una navaja de afeitar, según la versión de su amigo Gauguin, que acabó con el propio Vincent desangrándose en una cama con la oreja cortada, pieza que antes había envuelto en papel de periódico para ofrecer como obsequio en un burdel a una prostituta llamada Rachel.

Epilepsia, alcoholismo y esquizofrenia sentencian los entendidos. Sin embargo, hay quién ve en la simple fatalidad la causa de su desequilibrio. Según ciertos médicos, el de Van Gogh es un caso de intoxicación provocada por inhalación sistemática de sustancias perniciosas y una consecuente lesión cerebral.

Para probar lo cual una vez más se recurre a las cartas, en las que pide a su hermano Théo constantemente y con urgencia blanco y amarillo para trabajar. Van Gogh utilizaba blanco de plata y amarillo de cromo, dos colores que por entonces -hoy se sabe y de hecho ya no se procesan como antes-, resultaban en su composición altamente nocivos.

Lo cierto es que, sea cual sea la causa de su locura, la única evidencia incuestionable del caso Van Gogh es su genialidad, de cuya existencia dan testimonio sus cuadros.
tumba de Van Gogh

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