Historia del Arte

El mosaico y la iconografía de la iglesia triunfante

Bajo la protección áulica, la pintura, conocida a través del mosaico y de los frescos de las catacumbas, tiene un especial desarrollo y belleza al confiársele una función más amplia que la simplemente soteriológica de la etapa precedente.

La ilustración doctrinal que debe desempeñar ahora el arte del color, las posibilidades de un desarrollo amplio y extenso en dimensión, convierten estos siglos IV y V en el gran momento de la pintura monumental, que en el siglo VI continuará hasta toda la Edad Media, a través de las obras bizantinas y su proyección mediterránea. Roma y Nápoles, Milán y Ravena, van a conservar los mejores ejemplos de este arte.

Es bien conocido hoy el desarrollo extraordinario del mosaico pavimental policromo y figurado entre los programas ornamentales de la casa imperial y de sus seguidores los grandes propietarios rurales. La villa de Piazza Armerina en Sicilia, múltiples ejemplos africanos e hispánicos son claro testimonio de ello.

En época constantiniana esta técnica tendrá contactos temáticos con ambientes cristianos, como podemos ver en Santa Constanza de Roma a través de los mosaicos del deambulatorio o en la cúpula de Centcelles en Tarragona con sus escenas de cacería.

Pero si exceptuamos los ricos pavimentos del templo teodoriano de Aquilea, el arte cristiano del color hay que estudiarlo a través del mosaico mural. Desde su descubrimiento ha sido repetidamente publicada la decoración del mausoleo de los Julios de las excavaciones del Vaticano.

Fechado a finales del siglo III, conserva un bellísimo mosaico en la cúpula, representando a Cristo-Sol en cuadriga sobre una viña. En los muros hubo escenas del Antiguo Testamento, hoy perdidas, pero identificables: Jonás lanzado al mar, un pescador y un pastor con su oveja. De época de Constantino no se conservan más que los mosaicos de Santa Constanza y los del mausoleo de Centcelles.

Un tema histórico aparece en el octógono de San Aquilino de San Lorenzo de Milán, en la segunda mitad del siglo IV, con Cristo-Maestro entre los Apóstoles, y, en un ábside opuesto, un pastor entre sus ovejas bajo la cuadriga de Elias.

Los demás ejemplos de finales del siglo IV, en el momento más característico de la iconografía triunfal de la Pasión, sólo podemos conocerlos por los mosaicos conservados en Nápoles. En el baptisterio de San Juan in Fonte, sobre unas fuertes gamas azules y verdes, se representan los Tetramorfos, ocho personajes mártires o apóstoles, cubiertos en la cúpula por una gran Cruz monogramática triunfal. Aparece también una traditio legis, a semejanza de Santa Constanza de Roma, junto con escenas del Antiguo Testamento. Otros mosaicos existen en la capilla de Santa Matrona de la iglesia de San Prisco.

El Cristo triunfante, entronizado, presidiendo un esquema profundamente jerárquico, aparece en el mosaico de tiempos de Inocencio I (401-417) del ábside de Santa Pudenciana. Está rodeado por los Apóstoles y por dos figuras símbolos de las Iglesias de los hebreos y de los gentiles, sobre un paisaje de arquitecturas cuyo significado se ha discutido mucho, y encima de un fondo celeste presidido por una gran Cruz triunfal gemada. El propósito del ordenador ha cambiado profundamente.

Este estilo grandilocuente se desarrolla durante todo el siglo V y tiene su máxima expresión en los mosaicos de Santa María la Mayor. Dos grandes ciclos históricos decoran este grandioso templo. En el arco triunfal hay escenas de la vida de María y de la infancia de Jesús, distribuidas en cuatro zonas superpuestas, en un conjunto iconográfico poco frecuente en Occidente, ya que los ciclos de la infancia y de la pasión de Cristo son propios del Oriente copto, sirio y bizantino.

En todo aparece cierto carácter hierático, presentando símbolos puros como los Corderos-Apóstoles frente a los muros de la ciudad santa, Jerusalén y Belén. El segundo ciclo histórico, procedente del Antiguo Testamento, muestra una vitalidad plástica y un colorido extraordinario, como puede verse en el paso del mar Rojo.

Para seguir el desarrollo musivario hay que trasladarse a Ravena. De mano de los artistas de palacio, con el mausoleo de Gala Placidia se está ante el inicio de una escuela y una tradición cuyo desarrollo conducirá a los muros de San Vital del siglo VI. El mausoleo de Gala Placidia, totalmente cubierto de mosaico, constituye uno de los conjuntos colorísticos más bellos del mundo antiguo.

Elementos figurados conjugan con el tono profundo azul, verde y oro de la ornamentación vegetal y geométrica, creando una atmósfera de bellísima irrealidad. En los lunetos de los brazos de la cruz se representa un Pastor de gran finura helenística, sentado con la Cruz entre sus corderos, contrapuesto en otro panel con San Lorenzo frente a su suplicio.
Las cuatro paredes de la cúpula contienen ocho Apóstoles, más rígidos y esquematizados, menos naturalistas, como inicio de un estilo frecuente después en Ravena. Todo está inmerso en cielos intensamente azules con estrellas geometrizadas en las bóvedas, acompañados de representaciones de ciervos que buscan el agua de la fuente de la Vida. El conjunto aparece enmarcado con guirnaldas de vides, coronas de flores y cintas geométricas, todo ello de incomparable armonía.

A mitad de siglo el Baptisterio de los Ortodoxos continuará la tradición de Gala Placidia. Su decoración corresponde al renacimiento romano de Sixto III. Consta de una parte baja en estuco y una cúpula en mosaico. Los ternas de la cúpula están divididos en tres zonas. Un centro circular en la parte alta, con el bautismo de Cristo, muy restaurado, viene circundado por las imágenes de los Apóstoles.

Una faja inferior contiene toda una teoría de arquitecturas que enmarcan tronos y altares con libros sagrados, como una proyección de las pinturas arquitectónicas de Pompeya revividas en época teodosiana en San Jorge de Salónica y conservadas hasta el arte asturiano de Oviedo en España. A finales de siglo y principios del siguiente, el Baptisterio de los Arríanos volverá a este esquema. En la tradición áulica honoriana están los mosaicos del ostrogodo Teodorico en su basílica de San Apolinar el Nuevo, modificados en época bizantina.

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Cúpula del baptisterio de los Ortodoxos, en Ravena. Mosaicos divididos en tres zonas: la central ocupada por el bautismo de Cristo en el Jordán (en presencia del genio del río, al estilo pagano); la zona anular donde se desarrolla la serie de los doce apóstoles que parecen danzar entre columnas de flores; y el borde exterior formado por misteriosas arquitecturas, jardines mágicos y altares con libros sagrados.

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