Historia del Arte

Los sarcófagos y la esperanza de salvación

La mayor parte de la escultura paleocristiana tiene carácter funerario. Nada se sabe del arte figurado que podría corresponder a las grandes composiciones triunfales del Imperio, como sucede con la brillantez del mosaico o de la pintura cristianos. Hoy se excluyen del arte estrictamente cristiano las esculturas exentas del Buen Pastor y se piensa deben ser pies de muebles de los templos.

La plástica funeraria nace en el siglo III, a través de un proceso del todo paralelo a la pintura de catacumbas, y habrá que seguir sus manifestaciones estilísticas y técnicas a través del arte imperial te-trárquico y constantiniano, apoyándose en aquellas obras que tienen fechas conocidas. Así es fundamental la técnica de silueta que fue utilizada en el basamento de las decenalias de Diocleciano, en el foro, del año 303-304, o el estilo de los relieves del arco de Constantino.

Una larga tradición de escultura funeraria pagana servirá de base para conocer estilos y para adoptar iconografías a los escultores cristianos desde el siglo III. El Buen Pastor, como representación bucólica frecuente en el paganismo helenístico o como símbolo de una de las cuatro estaciones, tema funerario clásico, y la imagen de la Orante inician la iconografía.

Se unen rápidamente escenas de Cristo-Maestro y otras de salvación, como la historia de Jonás, para seguir con toda la oración fúnebre inspirada en el Antiguo Testamento.

Tres sarcófagos entre otros corresponden a este momento: el de la Gayole-en-Brignoles, Francia; el de Vía Salaria, y el de Santa María la Antigua. Estas piezas presentan en su escultura una distribución orgánica un tanto paisajística de sus temas, pero, a partir de la época de Constantino, se estructurarán en un friso continuo. Entonces, yuxtapuestas en uno o dos registros, se sucederán las escenas del Antiguo Testamento, generalmente de inspiración sacramental, mezcladas con otras del Nuevo Testamento.

Algunas veces se representa el retrato del difunto en el centro, dentro de una concha o láurea, lo que constituye la famosa imago clipeata; y también existen tipos de frente estrigilado que esquematizan el programa iconográfico reduciéndolo a las figuraciones laterales.

El estilo ha permitido definir una fase impresionista muy semejante a los relieves de canon corto del arco de Constantino, y una evolución que lleva hasta el llamado “estilo bello” de finales del reino y principios de la segunda mitad del siglo IV.

De este momento hay bellísimas piezas, a veces con dos registros, como el sarcófago de Adelfia de Si-racusa, el llamado Dogmático del Museo de Letrán y el de los Dos Hermanos, con tendencia cada vez más clásica que desembocará en el ejemplar más tardío, el sarcófago del cónsul Junio Basso, muerto el año 359, con la introducción de escenas de la Pasión de Jesús.

Esta es la mejor pieza de la corriente posconstantiniana, donde además se aprecia la división de escenas mediante columnas, ordenación arquitectónica característica de los últimos momentos de Constantino y de la época de Teodosio.

En Roma funcionaban importantes talleres de escultura oficial. Entre ellos se ha identificado un centro de donde procede el Sarcófago Dogmático que debió esculpir alguno de los relieves del arco de Constantino y que exportó escultura a Hispania.

En la segunda mitad del siglo IV la iconografía cambiará. Adquiere gran importancia el tema de la Pasión, apareciendo un tipo así llamado, con separación de escenas mediante elementos arquitectónicos, que contiene escenas y símbolos o instrumentos de la Pasión. Muchas veces el centro del sarcófago lo ocupa la Cruz triunfal coronada de flores, o bien el colegio apostólico -la Iglesia- recibiendo la ley de manos de Cristo. La traditio legis pone de manifiesto la raíz divina de la Iglesia. De esta iconografía hay que señalar piezas extraordinarias como el sarcófago de Milán de finales del siglo IV.

Ravena va a ser, después del cierre y desaparición de los talleres de Roma con el saqueo del año 410, un centro de escultura muy personal. Sus sarcófagos, de cubierta semicilíndrica con más abundancia de símbolos frente a las figuras, tendrán una singular personalidad a lo largo de los siglos V y VI.

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Sarcófago de Adelfia (Museo Archeologico Regionale, Siracusa). Relieve en mármol procedente de la catacumba de San Juan en Siracusa, que data del año 330. Este es el monumento más significativo del arte funerario cristiano en Sicilia. Las figuras en tres registros unificados por una concha central en cuyo interior aparecen representados los esposos Valerio y Adelfia.

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