El mozarabismo (I)

Especial interés en la historia del arte medieval tienen las miniaturas mozárabes que crearon una serie de temas y tipos iconográficos que, después, pasarán a la pintura románica.

Estas miniaturas, en las que aparecen arcos de herradura, ya reflejaban una fuerte personalidad autónoma en la Biblia Hispalense, de la primera mitad del siglo X.

Pero donde se producirán las obras maestras es en las ilustraciones de los Comentarios al Apocalipsis que escribió un monje del siglo IX llamado Beatus, del monasterio de Liébana, por cuya razón los manuscritos que forman esta prodigiosa serie son conocidos con el nombre de Beatus, por el nombre de su autor, quien compiló una serie de citas de dos padres africanos: Primario y Ticonio, y otras de un visigodo: Apringio de Beja, que habían comentado el Apocalipsis en los siglos V y VI; con este texto tan poco original, Beatus se proponía luchar contra la herejía del adopcionismo que sostenía un mozárabe ilustre: Elipando, obispo de Toledo.

Un solo artista creó la extraordinaria serie de fantásticas composiciones, continuando la tradición y el estilo visigóticos del Pentateuco Ashburnham. El manuscrito más antiguo es del año 926 y tiene miniaturas abundantísimas y de gran carácter, lo firma Magius.

Actualmente lo conserva la Morgan Library de Nueva York. El mismo Magius inició el Beatus del monasterio de Távara, que fue continuado después de su muerte por su discípulo Emeterius con figuras de brillantísimo colorido y gran fuerza expresiva.

Emeterius y una pintora llamada Eude o Ende firmaron el año 965 el Beatus de la catedral de Girona, uno de los más famosos por la fantasía desbordante de sus ilustraciones -muchas de ellas a toda página y hasta de doble- y por el apasionado expresionismo de sus figuras, unido a una cálida gama de colores: rojo, naranja, verde brillante y un hermoso amarillo limón. Las figuras de los Beatus contemplan el mundo con ojos tristes, como si desearan algo imposible, pero en todos los casos su fuerza es genial.

Mucho más tarde, al avanzar la Reconquista, los musulmanes que habían quedado en el territorio liberado produjeron con sus técnicas un estilo híbrido empleado para edificios cristianos y conocido con el nombre de mudéjar. Este nuevo estilo se originó por la colaboración de maestros cristianos, obreros y artistas musulmanes que no salieron del país a pesar de la Reconquista.

Sus obras son construcciones magníficas de ladrillo y tapial, y a menudo con decoración de azulejos. No debe, pues, confundirse el estilo mudejar con el estilo mozárabe. El mudéjar es el de los árabes que permanecieron en tierra de cristianos, el mozárabe es el de los cristianos que llegaban de tierras de musulmanes. Son dos estilos muy diferentes y separados por un intervalo de tres siglos.

Para los judíos se construyeron, en estilo mudejar, algunas sinagogas dignas de especial mención y que, andado el tiempo, fueron adaptadas al culto cristiano, como Santa María la Blanca y San Benito o iglesia del Tránsito de Nuestra Señora, ambas en Toledo y ejemplares destacados del arte islámico por su realización y por el carácter de su ornato.
arte mozárabe
Iglesia de San Miguel de la Escalada, en Mansilla de las Muías (León). Vista del atrio que refleja su estilo mozárabe, del siglo X, con la hilera de arcos de herradura. Su reconstrucción y conservación se debió a la emigración a territorio cristiano del abad Alfonso y sus monjes cordobeses.

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