El plan Cerdà

La figura de Ildefonso Cerdà está ligada a los espacios abiertos del Ensanche (Eixample) de Barcelona, de cuyo diseño fue responsable.
El plan que lleva su nombre fue parte de las reformas que tuvieron lugar en el siglo XIX, a consecuencia de la Revolución industrial. Por entonces, muchas ciudades conservaban un diseño medieval amurallado. Tal era el caso de Barcelona, y con las nuevas industrias y la ampliación demográfica la necesidad de expansión resultaba apremiante.
Entre 1854 y 1856, durante un gobierno progresista, las murallas fueron demolidas y el Ayuntamiento consideró el proyecto de Cerdà, según el cual Barcelona sería una ciudad jardín cuyos edificios, de sólo tres plantas, estarían separados por anchas calles iguales. Este proyecto eliminaba toda distinción de clase, y en principio la burguesía lo rechazó alegando despilfarro de terreno. No obstante, el plan se puso en marcha, aunque luego sufrió retoques como el aumento de la superficie edificable.
La ideología subyacente al plan Cerda es totalmente de avanzada. Parte de la premisa de que las ciudades están hechas para las personas, y que debe contemplarse ante todo la cuestión de su salud, sin limitarse a lo físico sino refiriéndose a salud mental y social. Por esto, los edificios deben estar separados y no superar en altura el ancho de las calles que los rodean -20 metros para las calles y 16 para los edificios-, de modo que no oculten el sol. Asimismo, las casas deben tener vista a la fachada anterior y posterior, favoreciendo con ello la ventilación y la iluminación natural.
La propuesta de Cerda pone especial énfasis en la distribución, y considera sobre todo la situación de los niños y los ancianos. Tomando en cuenta sus distintas necesidades, Cerda proyecta manzanas cuadradas construidas en un lateral y despejadas el resto, convertido en jardín que evitará desplazamientos disminuyendo el riesgo de accidentes. Además, cada barrio contará con un parque, un mercado y todos los servicios necesarios.
El terreno correspondiente al Ensanche va desde Montjuich hasta el río Besos, y desde los límites de la ciudad medieval hasta las poblaciones vecinas. Consiste en una cuadrícula regular cuyas calles son los ejes longitudinales, separados por 133 metros de distancia, distribución que iguala la comodidad del tránsito de vehículos y personas tanto si se circula por una determinada vía o por sus transversales. Estas vías se ubican paralelas o perpendiculares al mar, de modo que los vértices cuadrados coinciden con los puntos cardinales favoreciendo el alcance de la luz solar.
Cerda ajustó a su trazado el antiguo camino de Gracia y la vertiente natural de las aguas -la Rambla-, y diseñó vías más anchas sin perturbar con ello la cuadrícula regular. Asimismo, concibió algunas de carácter diagonal como la propia avenida Diagonal, y otras que fueron trazadas respetando antiguas vías de comunicación con los pueblos vecinos.
Su proyecto sufrió modificaciones, la mayoría tendientes a ampliar la superficie de construcción y reducir los espacios despejados. No obstante, su ciudad utópica y saludable tiene plena vigencia en la actualidad y continúa desarrollándose.

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