Arquitectura románica francesa

Empezaremos el estudio del arte románico por el de las escuelas francesas, porque no están, como las de España, en contacto con un elemento exótico, cual eran los musulmanes, ni tienen, como las de Italia, una tan obsesionante visión de los monumentos clásicos romanos.

De todas las escuelas francesas, la que más conserva las formas clásicas romanas es la de Provenza, donde ciertas fachadas, como las de Arles, podrían considerarse como producciones de un arte romano moribundo. Cronológicamente, estas fachadas provenzales no son las obras más antiguas de la arquitectura románica francesa, pero por su estilo y su espíritu son las más románicas en el sentido de que se avienen más con las tradiciones romanas. Construidas de grandes piedras, en lugar de pequeños sillares, las naves laterales sirven de contrafuerte a la central, de medio punto, y para hacer más presión sus bóvedas son de sección de cuarto de círculo.

En el crucero se levantan, generalmente, torres o cimborrios de dos pisos, y es por allí por donde penetra la luz, y lo que les da interiormente gran carácter medieval, pero en el exterior son de apariencia casi romana. No son edificios de aspecto exterior austero; tienen fachadas con columnitas, de proporciones y aspecto semejantes a los de las columnas corintias, y con frisos imitados de los antiguos sarcófagos cristianos.

Las principales iglesias de este grupo de Provenza son las de Carpentras, Nimes, Cavaillon, San Trófimo de Arles, la de Saint-Gilles-du-Gard y la catedral de Aviñón. Las de Saint-Gilles-du-Gard y San Trófimo de Arles son las más famosas, sobre todo por sus fachadas; en su interior son de gran simplicidad, casi sin esculturas. Pero volviendo al asunto de su relativa modernidad, diremos que la de San Trófimo parece haber sido consagrada en 1152, esto es, ya en la etapa final del período románico.

Vecina de la escuela provenzal es la del Languedoc. Esta escuela meridional, que podríamos llamar lemosina, tiene su monumento más importante en la gran iglesia colegiata de Toulouse, consagrada a su patrón Saint-Sernin o San Saturnino. Es una magnífica basílica de cinco naves, con crucero y giróla, porque una de las naves laterales da la vuelta al altar mayor, donde se abren las capillas. La disposición de la girola es esencialmente francesa y típica de los «templos de peregrinación» situados en la ruta de Santiago; ya veremos que las catedrales románicas del Rin no tienen este elemento, de consecuencias más tarde felicísimas para el arte.

La iglesia de San Saturnino, iniciada en 1080, es acaso, por su estructura, la obra maestra de la arquitectura románica francesa, y precisamente por la solución del ábside, con girola y capillas. Se ha recordado que la iglesia merovingia de San Martín de Tours tenía también alrededor del sepulcro del santo un hemiciclo, que podría ser una premonición de las girólas de los tiempos románicos. Otro «templo de peregrinación» con girola es la elegante iglesia, de mediados del siglo XI, de Sainte-Foy, maravillosamente situada en un valle olvidado, junto al pueblo de Conques que conserva intacto su aspecto medieval.

En los siglos XI y XII era el Languedoc el centro más brillante de la cultura occidental, y se comprende que se aprovechara de los métodos más adelantados que aparecieron en los territorios vecinos. Así como en la corte de Toulouse la poesía de la Edad Media comenzó a dar los primeros frutos nacionales en lenguas románicas, así también en arquitectura las formas románicas aparecen en el Languedoc más maduras y avanzadas que en el Norte.

Las costumbres mismas, el régimen del Estado y la libertad civil, que en la corte de Toulouse parecían anticiparse a los de la sociedad moderna, contrastaban con los de los pueblos del otro lado del Loira. Eran dos culturas que tenían que chocar por fuerza a no tardar, y sólo a costa de la destrucción de una de ellas. Aprovechando la excusa de combatir la herejía de los albigenses se logró -como es harto sabido- ahogar en su apogeo la cultura occitana o provenzal.

Después de la destrucción del condado de Toulouse, los artistas provenzales tuvieron que emigrar en su mayoría, y esto contribuyó a prolongar la influencia del arte meridional francés por Italia y España.

Este hecho es conocidísimo por lo que se refiere a los poetas provenzales o trovadores, que se refugiaron en la corte de los reyes de Castilla y Aragón, y en Italia, pero algo parecido a lo que ocurrió en poesía hubo de producirse en las artes plásticas.

Otra escuela románica francesa es la de Auvernia o Francia Central, en la que las iglesias, de ciertas dimensiones, tienen siempre girola en el ábside y en las naves laterales dos pisos, uno inferior, cubierto de bóvedas por arista, y otro superior, cubierto con bóvedas de cuarto de cañón, que forma las tribunas.

La parte alta de la nave central recibe así la luz indirecta que le llega a través de las tribunas, y la parte baja la que le llega -también indirecta- desde las naves laterales. El modelo más representativo de este tipo es Notre-Dame-du-Port en Clermont-Fe-rrand, en la que se inspiraron una serie de iglesias situadas en un radio de 20 km entre las que destaca Saint-Nectaire, de hacia 1080.

Exteriormente, los edificios románicos de Auvernia muestran una decoración arquitectónica formada por arcos de grandes dimensiones aplicados a las paredes y acentuada en las fachadas, empleando naves laterales. El modelo más representativo de este tipo es Notre-Dame-du-Port en Clermont-Ferrand, en la que se inspiraron una serie de iglesias situadas en un radio de 20 km entre las que destaca Saint-Nectaire, de hacia 1080.

arte románico

Puente de Saint-Benezet, en Aviñón (Vauciuse). Vista del antiguo puente del siglo XII, del cual sólo quedan cuatro arcos, después de que las inundaciones del río Ródano ocurridas en el siglo XVII lo destruyeran parcialmente.

Sigue leyendo >>>