Las artes suntuarias en el período románico

De los países del norte y del nordeste de Europa, sólo Germania produjo en abundancia obras importantes de escultura y pintura durante el período románico, aunque no faltan destellos de bellísima labra figurativa realizada en piedra, en Inglaterra, como dos estatuas que figuran en la primera catedral de York.

En los países alemanes no hallamos únicamente en las fachadas la ornamentación geométrica de las catedrales inglesas, sino que las puertas están revestidas de figuras de santos y apóstoles. Desde fines del siglo XI, la escultura alemana fue reconquistando poco a poco la potencia de expresión y una gran habilidad en disponer los pliegues de los ropajes. Las iglesias se enriquecen con monumentos sepulcrales y lápidas figuradas.

Ya más tarde, a principios del siglo XIII, los escultores alemanes reciben el influjo de las grandes escuelas que se formaban en la construcción de las catedrales góticas francesas, como Chartres, y participan en algo de esta gran fuerza representativa de los grandes escultores góticos del otro lado del Rin. Pero en Germania las formas de los portales siguen siendo de medio punto; tanto la puerta vieja de la catedral de Estrasburgo, de tipo bien alemán, como la de Bamberg, y la Puerta Áurea de Friburgo, son también puramente románicas.

No sólo en piedra y mármoles, sino también en metal, se labraron en Alemania obras bellísimas durante el período románico. Las más famosas, y con razón, son las Puertas de bronce que el ya mencionado abad Bernward hizo fundir para su iglesia de San Miguel de Hildesheim a principios del siglo XI.

Si no se conocieran sus antecedentes en las obras carolingias, sería imposible admitir que los relieves que decoran las puertas de Hildesheim fueran del tiempo de que datan. Desde aquel momento, que es como un punto de partida, el arte de fundición alemán va en constante progreso, especialmente en objetos litúrgicos, algunos de los cuales son geniales pequeñas obras maestras; pilas bautismales, lámparas, candelabros, incensarios y cálices se llenan de figurillas de todas clases que se enmarañan con follajes y troncos de vid ya en la cuenca del Rin, ya en las del Mosela y del Mosa, en la actual Bélgica.

Los orífices funden también arcas maravillosas de oro y plata para guardar las reliquias de los santos patronos de cada ciudad. La mayor, y acaso también la más bella, es el arca llamada de los Reyes Magos, en la catedral de Colonia, que tiene la forma de una gran iglesia, con dos pisos de arquillos, bajo cada uno de los cuales hay una figurilla de bulto entero.
Es de finales del siglo XII y obra de Nicolás de Verdún, orífice extraordinario que influyó en el arte renano y el mosano a la vez. Junto con el arte de fundición los orífices empleaban el repujado, fabricando relicarios en forma de iglesia, de busto o de brazos milagrosos y altares de plata y frontales engastados en gemas y esmaltes.

En el arte del metal repujado, la obra maestra románica es el frontal de oro de la catedral de Basilea, que hoy se guarda en el Museo de Cluny, de París.

Dentro de cinco hornacinas repujadas hay las figuras en bajo relieve del Redentor, con el globo en la mano, y dos ángeles a un lado, y otro ángel y San Benito en las arcuaciones del otro. La influencia bizantina resulta bien manifiesta: los ángeles, como chambelanes, llevan el bastón o batuta de los arcángeles de la iglesia griega. La presencia de San Benito se explica por suponer que el frontal de Basilea fue regalado por el emperador Enrique II, que había curado por intercesión del santo.

El tratado de las artes de esta época, llamado Schedula diversarum artium, del monje Teófilo, proporciona también muchas indicaciones sobre la metalurgia, con algunos consejos de orden práctico para la fabricación de toda clase de objetos, desde los cálices y candelabros para las iglesias hasta las espuelas y los frenos para los caballos. Durante la época románica, los esmaltes no consiguieron la difusión comercial que alcanzaban y alcanzarían los franceses, pero los esmaltes de Colonia, de pastas más brillantes que los de Limoges, aunque menos ricos de color, fueron estimados por los grandes conocedores. En el arte de tallar marfiles se continuó la tradición carolingia de las cubiertas de libros, piezas de ajedrez, etc. Por otra parte, se conservan algunos ejemplares tallados en marfil de narval, que atestiguan una tradición anglosajona de este estilo de tallas en Gran Bretaña.

arte románico

Adoración de los Reyes y bautismo de Cristo de Nicolás de Verdún, en la catedral de Colonia (Renania Septentrional-Westfalia). Fragmento central del arca llamada de los Reyes Magos, obra de orfebrería realizada, aproximadamente, entre 1185 y 1200.

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