Románico catalán

Construcción y decoración diferían de lo que hemos visto hasta ahora, en los primeros edificios religiosos importantes que se erigieron en Cataluña tras las primeras campañas de reconquista iniciadas por el Imperio carolingio, a fines del siglo VIII.

Girona había sido liberada por Ludovico Pío en 785, quien en el año 801 se apoderaba de Barcelona. Después de expulsados los musulmanes, hubo una verdadera fiebre de reconstrucción desde el Pirineo al Llobregat. Esta primera etapa constructiva se renovó después, en el siglo XI.

En el IX hallamos en la Marca un arte que nada conserva de lo visigótico, y se puede calificar como de carolingio rezagado. De la época de Ludovico Pío quedan solamente algunos restos en los edificios anteriores que se restauraron, en el conjunto de iglesias llamadas «románicas» de Terrassa, y lo que ha logrado preservarse de la iglesia votiva fundada por el monarca franco en Barcelona, y que fue después la del monasterio de Sant Pere de les Puelles.

Hay también un resto, a modo de solarium (la Porta Ferrada), en Sant Feliu de Guíxols. Todos son monumentos de tipo carolingio, que no tienen de hispánico, si acaso, más que la rudeza inherente a lo que era una región fronteriza del Imperio.

En los siglos siguientes, hasta alrededor del año 1000, perdura la influencia carolingia, aunque alterada por la sorprendente infiltración del arte mozárabe, muy perceptible.

La mezcla de tradición carolingia e influencia mozárabe es visible en la gran basílica abovedada de Sant Pere de Roda, edificada junto a la costa norte de Cataluña, cerca de Port de la Selva.

Es un edificio de tres ábsides, de planta cruciforme, con ábside mayor de trazado parabólico y deambulatorio a modo de girola. El templo fue consagrado en 1022, y su elevadísima bóveda de cañón, construida sobre arcos perpiaños, se apoya en cuatro pares de gruesos pilares que se yerguen sobre alta base cuadrada de noble aspecto, y contrarrestan dos estrechas naves laterales, con bóvedas de cuarto de cañón.

El arco toral del ábside del centro es ligeramente pasado y lo sostienen dos altas columnas exentas. La estructura es muy hermosa en su regularidad, y es evidentemente la que tuvo desde su origen el templo, ya casi terminado cuando se le consagró. Más adelante se hará referencia a la portada que tuvo Sant Pere de Roda.

Al empezar la época románica, esto es, del año 1000 en adelante, el país catalán se desentiende de todo lo que podía conservar de tradición carolingia, y lo mozárabe se va relegando a los distritos rurales, quedando sólo algunas reminiscencias en los valles del Pirineo.

Toda la vida catalana medieval, especialmente en el siglo XI, está orientada hacia Italia: un conde de Barcelona fleta una armada pisana para conquistar o saquear Menorca; los príncipes y los eclesiásticos van a Roma y visitan Montecassino, donde estaba el sepulcro de San Benito, de preferencia a Santiago. Así, mientras en los reinos de León y Castilla se notan los efectos de un intercambio cultural con la Francia románica, en el levante de la Península el intercambio se realiza con Italia.

Las obras importantes ejecutadas en el país catalán después del año 1000 tienen las características del estilo que ha sido llamado lombardo: paredes lisas, subdivididas por pilastras de refuerzo poco salientes, decoración de arquitos ciegos y puertas con molduras.

La influencia lombarda es casi inexistente en el resto de la Península (La Anunada, en Limeña, provincia de Valladolid, es una excepción). En cambio, es un estilo que properó en una extensa zona de Europa, especialmente en Lombardía y Piamonte, lo que hoy es el cantón suizo del Tesino y la cuenca baja del Ródano.

En los templos de esta variante del románico, que sólo en los casos de importancia adoptan la forma basilical (catedral de La Seu d’Urgell, Santa Maria de Besará, iglesia del castillo de Cardona, Sant Jaume de Frontanyá, etc.), los muros son construidos con piedra labrada de pequeñas dimensiones; las paredes son lisas, subdivididas por pilastras de refuerzo poco salientes (bandas lombardas). La decoración exterior consiste en listeles dentados y arquerías ciegas, de las que, con regularidad, penden aquellas lisas bandas verticales que se dirigen a la base del edificio; las puertas, robustamente molduradas, carecen de adorno esculpido. Es un estilo elegante en su sólida sencillez y que fue difundido gracias a equipos de constructores y canteros trashumantes (los lombardi que se hallan citados en varios documentos), que trabajan a sueldo, según contrato.

Probablemente estos maestros no llevaban artistas para esculpir. Quizás, a lo sumo, les acompañó un pintor decorador, por la asociación, a todas luces indudable, que este estilo ofrece con la decoración interna por la técnica de la pintura mural, según se ha demostrado.

arte románico

Monasterio benedictino de Sant Pere de Galligants, en la ciudad de Girona. Pertenece a una fase evolucionada del arte románico catalán, aunque su planteamiento arquitectónico contiene elementos que denotan el fuerte arraigo de las tradiciones lombardas en Cataluña, tales como la torre de campanas ochavada, que se levanta sobre uno de los brazos del crucero. La construcción de la iglesia se inició alrededor de 1130 y el famoso claustro de este monasterio, muy relacionado con el de la catedral de Girona, corresponde ya a la segunda mitad del siglo XII.

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