Los prerrafaelistas

La pintura en Gran Bretaña llevaba, poco antes de 1860, trazas de estancarse, y tales crisis únicamente pueden superarse dando un salto hacia el futuro, en sentido progresista, o buscando elementos de renovación en los ambientes pictóricos pretéritos.

Esto último es lo que habían hecho los Nazarenos alemanes en Roma, e hicieron entonces, en la misma Gran Bretaña, autores como Ford Madox Brown (1821-1893) o como el escocés W. Dyce (1806-1864), en sus asuntos históricos o sentimentales. Ello no pudo dejar de pesar en otro movimiento de igual significación que estudiaremos aquí, y que se concretó en la aparición de los pintores llamados “prerrafaelistas”. Pero el Prerrafaelismo fue ya, sobre todo, una reacción tipicamente anglosajona, dirigida contra el “materialismo” y el “maquinismo” imperantes.

Su propósito fue revalorizar en la pintura del momento la sensibilidad y la simplicidad de procedimientos, tal como de ellas gozaran los primitivos italianos anteriores a Rafael (maestros que eran entonces mal conocidos). Ya en William Blake, el místico poeta y diseñador de fines del siglo XVIII, tenían aquellos jóvenes artistas un precursor, y la obra que ellos produjeron es en sustancia análoga en otros aspectos a la de otro contemporáneo, Samuel Palmer (1805-1881), que no se sumó a su grupo, pero que en sus cuadros y grabados demostró anhelo de lirismo similar al que ellos sentían.

Fue un movimiento en que arte plástico y literatura aparecían estrechamente combinados, bajo directrices estéticas que tenían entonces su definidor, o su comentarista, en John Ruskin, quien no dejó de intervenir personalmente en la estructuración que en seguida se dio a este grupo tan imbuido de preocupaciones estéticas.

El origen del Pre-Raphaelitism fue éste: en 1848 unos jóvenes, cuya edad oscilaba entre los diecinueve y veintitrés años, habían coincidido en las aulas de la Royal Academy y habían trabado íntima amistad. Se trataba de Dante Gabriel Rossetti (1828-1882), hijo de un refugiado político italiano, gran estudioso del Dante; W. Holman Hunt (1827-1910); John Everett Millais (1829-1896), todos ellos pintores, y el escultor en ciernes Thomas Woolner.

A sus reuniones asistía también un hermano de Dante Gabriel Rossetti, dedicado a la crítica, William Michael. A todos les unía una misma aversión por el arte oficial. Un crítico, Frederick G. Stephens, fue su primer portavoz, y por ser su capitán, Rossetti, poeta al mismo tiempo que pintor, no es de extrañar que las primeras manifestaciones del grupo se encarrilasen ya por los senderos del lirismo literario.

El grupo tomó en seguida el carácter de una confraternidad, bajo el nombre de Pre-Raphaelite Brotherhood (o “Hermandad de los Prerrafaelistas”). Sus miembros decidieron, incluso, prescindir de sus nombres individuales y firmar con las iniciales P.R.B., lo que se prestó a zahirientes ironías.

Sin embargo, la crítica no acogió mal las primeras obras expuestas, y al aparecer, en enero de 1850, la revista con que este cenáculo de artistas apoyó su actuación, titulada The Germ (con el subtítulo “Pensamientos en pro de la Naturaleza en Poesía, Literatura y Arte”), hubo críticos que la saludaron como una gran promesa.

En 1853, cuando Millais celebró con éxito una exposición de sus obras, la batalla podía darse en principio por ganada; Ruskin, por ejemplo, con la gran autoridad que ejercía en los altos medios culturales, se constituyó en el defensor de la tendencia. Sólo contra Rossetti siguieron arreciando los ataques. Los había provocado principalmente la exhibición, en 1850 (en la Portland Gallen/), del cuadro Ecce Ancilla Domini (hoy en la Tate Britain de Londres).

Es una pintura hermosa y que, en relación con lo que entonces se pintaba, ofreció una novedad evidente. Pero Rossetti, temperamento morboso, concibió aquel asunto en términos tales que la obra fue causa de escándalo. Su hermana Cristina -que con él colaboraba, como poetisa, en The Germ- le había servido de modelo para la figura de la Virgen.

Está aparece en el lienzo en el momento de erguirse tímidamente en su lecho, para recoger el lirio que el arcángel le ofrece. El autor escogió para esta obra una entonación blanca, que se combina admirablemente con la intensa luz de la mañana, que penetra en la exigua habitación donde el pintor situó la escena sacra por él evocada.
El ataque de la crítica había sido tan áspero, que Rossetti decidió abandonar de momento la pintura al óleo, para dedicarse a pintar acuarelas para la ilustración de libros.

Rossetti fue, en realidad, un “decadentista”. Esto explica los cambios que su estilo experimentó. Con Hunt y Millais se valía, desde 1851, para sus pinturas de la modelo Elizabeth Siddal, a la que a poco dio palabra de casamiento. En mayo de 1860, el artista y Lizzy contraían matrimonio; pero la pareja fue muy desgraciada. La joven, a la que Rossetti fue con frecuencia infiel, sufría tuberculosis, y finalmente murió, probablemente un suicidio, por haber ingerido una dosis excesiva de láudano.

romanticismo
Ofelia muerta, de sir John Everett Millais (Detalle, Tate Britain, Londres). El más dotado técnicamente de todos los pintores del grupo prerrafaelista fue considerado por el verdadero sucesor natural de Turner. Muy agradecido con el crítico, Millais quiso halagarle en 1852 con este retrato del personaje shakespeariano, experimentando con las formas en equilibrio de un cuerpo suspendido sobre el agua, aunque finalmente no fue del agrado de Ruskin. La esposa de Rossetti y musa del grupo, Elizabeth Siddal, fue la modelo escogida, quien tuvo que posar durante muchas horas sumergida en un baño de agua tibia. La postura de la chica abre la mirada hacia los setos y las flores de la charca, detalladamente dibujados y coloreados, en un alarde de realismo pictórico hasta entonces inusual para los objetos menos definidos de los fondos.

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