Historia del Arte

William Hogarth

Prostitutas, vividores y sacerdotes de poca moralidad. Son los imperfectos y desventurados protagonistas de las crónicas urbanas del artista que supo reflejar como nadie en su época la otra cara de la sociedad londinense del XVIII.

William Hogarth

William Hogarth, autorretrato.

Extraños paralelismos existen entre Hogarth y Dickens. Ambos eran londinenses e hijos de padres cuya incapacidad les llevó a dar con los huesos en la cárcel, reservada para los que no podían pagar sus deudas. Si Dickens quedó afectado toda la vida por la dureza de su niñez trabajando en una fábrica de betún, Hogarth se esforzó por salir del mundillo de escritores desesperados, cuyas habilidades no hacían juego con sus pretensiones y a quienes los editores trataban con desprecio.

Dickens empezó como periodista. Hogarth, sin fondos para estudiar en alguna escuela de dibujo, se abrió camino como grabador de materiales efímeros, tales como tarjetas de visita. Los dos fueron maestros de la caricatura y a la vez, artistas serios, el uno con la pluma, el otro con el pincel. Los dos, por otra parte, emplearon la caricatura y la sátira para la corrección de morales. Hogarth estaba en permanente busca de la autopublicidad. Dickens murió a raíz del esfuerzo que le suponían las lecturas teatrales de sus propias escenas dramáticas.

Hogarth era pintor y grabador dentro de una cultura predominantemente literaria. Dentro de una economía en rápida expansión, Hogarth desempeñaba diversos papeles artísticos. Producía grabados capaces de ser reproducidos en centenares de copias, a la vez que pintaba retratos familiares y cuadros monumentales. Y lo que es más, en su obra filosófica The Análisis of Beauty (El análisis de la belleza) estableció unas teorías estéticas fundadas no tanto en el discurso clásico como en las teorías modernas de la percepción.

Quizás, su más conocido grabado, por reproducirse en casi todas las historias sociales de Inglaterra, es Gin Lane (Callejón de la ginebra), de 1751, degradante escena de embriaguez. El grabado muestra la condición espeluznante de la población embrutecida de los bajos fondos de la capital, que empeñan sus avíos para comprar ginebra, mientras delante de todo se ve a una mujer con las piernas cubiertas de pupas, cuyo bebé cae de sus pechos mientras ella sonríe bobamente, casi insensible por efecto de la ginebra. Hogarth identifica el barrio cuando dibuja una iglesia en cuya torre se ve una estatua del rey Jorge II. Los poderes eclesiástico y civil, portante, presiden la escena de caos, vicio y privación.

Pasando a una clase social superior, Hogarth pintó un cuadro que reproducía escenas del drama lírico de John Cay, The Beggar’s Opera (La ópera del mendigo) de 1728.
La obra pertenecía a un género nuevo, con canciones y música como los de una ópera clásica, pero que pone los supuestos al revés, con temas no de la vida de los dioses y héroes griegos sino de los bajos fondos londinenses, donde el salteador de caminos es un héroe mientras los abogados y los carceleros son los malos.

La escena creada por Hogarth describe a un público privilegiado que ocupa asientos en el mismo escenario y es aquí donde emplea su sátira. A la heroína la está mirando fijamente el duque de Bolton, quien en realidad se enamoró locamente de la actriz Lavinia Fenton en el estreno de The Beggar’s Operay la hizo su querida para terminar, cuando murió la duquesa, casándose con ella.
Entre las obras más conocidas de Hogarth, figuran tres series de grabados, narrativas de la vida contemporánea con sus intríngulis, enfrentamientos dramáticos y temas de actualidad, bajo el titulo Temas modernos y morales-. Harlot’s Progress (El camino de la ramera) de 1731, The Rake’s Progress (El camino del calavera), de 1735, y el célebre Mariage á la Mode (El matrimonio a la moda), de 1743. El primero trata de cómo una muchacha ¡nocente se encuentra con una conocida proxeneta que la prepara para satisfacer los deseos perversos de un violador y seductor de menores también conocido, aunque ambos, proxeneta y violador, afortunadamente para Hogarth, habían muerto ya. Los Temas enseñan que el vicio se castiga, pero que es -hasta cierto punto- parte inevitable de la vida, sobre todo en una ciudad con tanta mezcla de gentes como Londres.

Sátira social

Por otra parte, los detalles morbosos, como la suciedad y desorden de la habitación donde la ramera recibe a sus clientes y, en el caso del calavera, la arrogancia del conde, la estupidez de su hijo y la manipulación de la hija del mercader por parte del abogado Silvertongue -conocido como Lengua de plata-, comunican verdades sobre la vida humana que los espectadores podían ver condenadas por Hogarth, pero con un realismo y gracia que las hacían aceptables aunque las observasen en sí mismos.

El segundo grabado muestra a la ramera, cuyo avance social o progreso viene demostrado por su paje negro, engañando a su rico protector con un amante joven. El tercer grabado de la serie enseña la habitación de la ramera. En camisón y enseñando uno de sus pechos, mira coquetamente al espectador. En la cara luce un punto negro, que en el lenguaje pictórico de Hogarth significa una buba sifilítica.

El destino, sin embargo, le va a jugar una mala pasada, ya que acaba de irrumpir el magistrado con sus corchetes, persona real e identificable. El robo de un reloj a un cliente le supondrá a la ramera la cárcel, donde el siguiente grabado nos la enseña vestida todavía con sus galas, vigilada por el carcelero, que la obliga a romper cáñamo con un mazo pesado mientras un aviso amenaza castigos como el que otra encarcelada está sufriendo en la piqueta. Puesta en libertad, en el próximo grabado de la serie, se ve a la ramera muriendo en una habitación destartalada, después de haber pagado sus últimos dineros a dos conocidos médicos, que se ven discutiendo el tratamiento que conviene. El último grabado muestra a un grupo alrededor de su cadáver. El sacerdote presente en el entierro acaricia subrepticiamente a otra ramera, mientras la criada es la única que llora, contemplando a su finada ama en el ataúd.

Intérprete de la vida cotidiana

Hartot’s Progress. Que es la única escena donde se satiriza la inmoralidad del clero de la época. En The Christening (El bautizo), de 1729, Hogarth presenta el sacramento que está teniendo lugar en casa, entre un grupo familiar. El sacerdote, que lleva al recién nacido en sus brazos, se distrae con la muchacha de su lado, por lo que el platillo con el agua bendita cae al suelo. El padre de la criatura no hace caso a la ceremonia mientras se acicala ante un espejo y la madre, todavía débil, recibe, sin embargo, las atenciones seductoras de un joven. En efecto, los escándalos de la Iglesia anglicana de la época eran notorios. Hogarth, en un conocido grabado de 1762, llamado Credulidad, Superstición y Fanatismo, satiriza el auge del movimiento religioso conocido como metodismo, de gran éxito entre la clase trabajadora, y dedica la obra al arzobispo de Canterbury como advertencia de los peligros de extremismo que acechaban a la Iglesia si no se reformaba.

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Mariage á la Mode

En Mariage á la Mode, Hogarth trata mordazmente los matrimonios contemporáneos, cuya finalidad es meramente financiera. El primero de esta serie de grabados muestra la firma del contrato entre el conde, afectando una elegancia que evidentemente no tiene los fondos para mantener, ya que se trata de un contrato para casar a su hijo con la hija de un vulgar mercader. Aquí, como corresponde a un aristócrata, nos encontramos en el ensanche -hoy West End- ubicado al oeste de vieja ciudad de Londres.

Por la ventana, se ve una mansión construida en el nuevo y costoso estilo palladiano. En el segundo grabado vemos a la joven pareja, que carece por completo de mutuo interés, profundamente aburrida. Él ha pasado una noche de picos pardos, mientras ella se ha aprovechado de la situación para, aparentemente, engañarle, en un contexto de mal gusto y gastos incontrolados que se deduce de la presencia del mayordomo que, con un fajo de facturas impagadas en la mano, pone el grito en el cielo.

Otro grabado de la serie confirma que la mujer ha continuado una relación inmoral con el abogado que redactó el contrato. En el siguiente, la nueva condesa, con su paje negro y su grupo de músicos y cantantes, hace su leve matinal, como si fuese una reina. La serie termina, como es el caso de los otros progresos, con la muerte de la condesa en casa de su padre, el mercader. Por la ventana se ve el Puente de Londres, lugar comercial sin la elegancia de la zona occidental de la capital. El derroche aristocrático ha sido sustituido aquí por la ordinariez tacaña del mercader, a quien se ve quitando el costoso anillo del dedo de su hija para conseguir salvar algo de lo que debía haber sido para él una forma de inversión.
Los Temas Morales tuvieron un gran éxito, que se prolonga hasta hoy. Cada época ha reconocido en Hogarth al artista al que prefiere ver: inglés patriótico y honrado de clase media o satírico radical, pues en realidad no es fácil de clasificar.

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The Graham Children


Célebre por sus grabados que ironizan sobre los vicios, buscaba también establecerse como pintor respetable, como muestran sus retratos del obispo de Winchester Benjamín Hoadley el del grupo titulado The Graham Children (Los niños de los Graham). En su famoso autorretrato, tan parecido al de Murillo, aparece acompañado de su perro, como buen caballero inglés. Además, los retratos incluidos en los tomos de Shakespeare, Milton y Swift, más la inscripción enigmática The Line of Beauty (La línea de la Belleza) en su paleta, indican que Hogarth deseaba aparecer como un pintor con una sólida base intelectual.
Hogarth fue el gran intérprete de la vida diaria. Supo captar la energía vibrante de la gran urbe en sus complejas composiciones, que compartían una visión potente y duradera de la vida. La exposición, que ha podido verse en la Tate Modern y el Louvre, se muestra en Barcelona. Reúne 137 obras, entre grabados y pinturas, además de otras creaciones de artistas contemporáneos que se han inspirado en Hogarth, como Paula Rego y Yinka Shonibare.