Los pintores holandeses del siglo XVII (I)

Gerard Dou (1613-1675) pintó ambientes tranquilos y serenos. Fue maestro de Gabriel Metsu (1629-1667), caracterizado por un estilo más florido y límpido, que ilumina sus escenas pintadas con gran ternura: Almuerzo de dos enamorados (Dresde), Mercado de hierbas en Amsterdam (Louvre), Oficial recibiendo a una dama (Louvre). Nicolaes Maes (1634-1693) es famoso por sus interiores artesanos. Adriaen van Ostade (1610-1685) se caracteriza por el sabor recio con que transmite la vida oscura y laboriosa de los campesinos, que puede apreciarse en su Interior de una cabaña (Louvre), sus Campesinos en una taberna (Dresde) y su Baile de campesinos (Munich).
Pero los grandes maestros de los interiores holandeses fueron Jan Steen, Ter Borch, Pieter de Hooch y Vermeer de Delft.
Jan Steen (1626-1679) se dedicó a pintar escenas de embriaguez, riñas y reuniones disolutas, como los escritores más destacados de novelas picarescas, el género literario más en boga en los Países Bajos. Steen lo traduce a la pintura en la Fiesta de San Nicolás, la Dama enferma, Después de la orgía (que figuran en el Rijksmuseum de Amsterdam), La cocina (Museo de Bruselas) y la Fiesta en una taberna (en el Louvre).

Gerard Ter Borch (1617-1681) representa un tono social muy distinto. Sus personajes son refinados y parecen pertenecer a altas esferas de la burguesía holandesa. Ter Borch viajó por Inglaterra, Francia, España (donde pintó el retrato de Felipe IV) y quizás Italia. Su gran cuadro histórico Congreso de la paz de Münster de 1648, hoy en Londres, en el que figuran los retratos de ochenta y seis personajes, atestigua además su presencia en Alemania al final de la guerra de los Treinta Años.
Establecido de nuevo en Holanda, en Deventer, desplegó su talento pintando cuadros como la Lección de música (Louvre), el Billete (La Haya), el Concierto íntimo (Berlín), la Reprimenda paternal (Amsterdam), etc. Algunas de estas pacatas escenas quizá no sean otra cosa que «visitas galantes77 realizadas por viajeros o militares a señoritas de fácil acceso; pero siempre se trata de personajes bien trajeados, en su casa, siempre con fondos lisos y pocos muebles. Lo más extraordinario de estos espacios serenos y llenos de silencio son las sedas que visten las muchachas holandesas, tejidos de un brillo alucinante.

Pieter de Hooch (1629-1683) es el pintor que, con mayor profundidad, tenía que glosar esta vida patriarcal de los holandeses. Nacido en Rotterdam, vivió en Delft -en contacto con Vermeer- de 1655 a 1665. Los interiores domésticos como el Armario ropero y la Despensa (ambas en Amsterdam), la Alcoba (Karlsruhe), la Madre con el niño (Berlín) y la Muchacha mondando manzanas (Colección Wallace, Londres), alternan con exteriores igualmente intimistas como Muchacha y niña en un patio (National Gallery, Londres). A veces, en esas escenas domésticas -y con ello aporta una fecunda novedad-, la luz procede de los últimos planos del cuadro.
Entonces el fondo toma una vivacidad imprevista, actúa como un nimbo resplandeciente sobre las imágenes de primer término, y conduce al pintor a intentar el efecto de contraluz, anticipándose notablemente a su época. Al final de su vida, el éxito le condujo a pintar la sociedad elegante y un tanto convencional. Este último período lo representan los Jugadores de cartas (Louvre) y los Bebedores (National Gallery, Londres).

El «retrato» de Holanda que han legado los holandeses del siglo XVII se completa con la evocación de su paisaje. Fue en ella, y en aquella época, donde el paisaje alcanzó su verdadera independencia como género pictórico. Esto se hizo posible cuando el antiguo fondo paisajístico de los cuadros fue aumentando en interés, hasta el punto de retener toda la atención del artista y de eliminar el asunto. Esta evolución se efectuó lentamente y su solución ya fue intuida, en Flandes y en pleno siglo XVI, por Pieter Bruegel el Viejo. Y la falta de ideales sublimes a la que se ha aludido se manifiesta también en sus paisajes donde lo único grandioso es el cielo.
historia del arte
Fiesta en una taberna de Jan Steen (Detalle, Musée du Louvre, París). La temática de este cuadro fue la preferida de Steen, la de la vida alegre y divertida de personajes populares en ambientes tabernarios.

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