Peter Paul Rubens (I)

Pero, ahora hay que ir, directamente, a algunos cuadros conocidos, como la ya citada Pietá y una Susana, también en la Galería Borghese de Roma; y en fin, a los tres cuadros de Grasse. La primera es un verdadero «montaje»: un sarcófago romano bien pintado, un arco de personajes un tanto teatralmente dispuestos, un Cristo hermoso, salvo en la ejecución del escorzo de una pierna, nada convincente. La entonación es cálida y aun oscura; en cambio, la Susana, por el contrario, es más rojiza y carnal, si bien posee todos los valores futuros del maestro, diríase que los proclama de manera un tanto agria. Por último, los cuadros de Grasse: La exaltación de la Cruz por Santa Elena, La coronación de espinas y La erección de la Cruz, representan en su carrera sólo un afán deliberado de «italianizarse» (Van Puyvelde). La organización de las masas lo lleva ya, poco a poco, a esa expresión monumental que será, por último, su nota distintiva.
En este punto se ha dejado a Rubens terminando estos cuadros en Roma; hay que retomar ahora su vida. Un año después de la vuelta a Mantua, en 1603, el duque lo manda en misión a España, por lo que no hay duda de que el joven artista debía de poseer excepcionales condiciones de trato.

Rubens regresa con unas copias de Rafael dañadas pese al cuidadoso embalaje. El pintor, que al principio no quiere retocarlas, lo hace finalmente, y tan bien que nadie ha reparado en el episodio.
Y como hay dos cuadros impresentables, Rubens encuentra la oportunidad para dar una de sus propias obras: un Demócrito y Herdelito.
El más importante es, sin embargo, su Retrato ecuestre del duque de Lerma, que ahora forma parte de las colecciones del Prado y tiene el mérito de ser de los primeros en que se aborda el tema iconográfico de caballero y montura vistos en escorzo frontal.

Vuelto a Mantua, el indeciso duque le encarga al fin tres obras: una Santísima Trinidad adorada por la familia Gonzaga, un Bautismo de Cristo (Amberes) y por último una Transfiguración (Nancy). Las obras estaban destinadas a la iglesia de los jesuitas en Mantua. La primera, hay que imaginarla en su totalidad, reconstituyendo entre sí los distintos fragmentos que han quedado, ya que fue salvajemente dividida por los soldados de Napoleón.

A fines de 1605, Rubens vuelve a Roma y va a obtener el importante encargo de un gran cuadro de altar para el templo. El tema es el de la Virgen adorada por ángeles y santos. Una primera versión de Rubens fue retirada poco después. Rubens pintó otros tres cuadros: uno central y dos laterales que siguen estando en la iglesia romana de la Vallicella. Para terminar el balance de lo pintado hasta entonces, 1608, año en que vuelve precipitadamente a Amberes con motivo de la muerte de su madre, hay que decir que quedarían por mencionar una Adoración de los Pastores (iglesia de San Felipe Neri, en Fermo, Italia), un Paisaje con el naufragio de Eneas y Hero y Leandro.
De nuevo en su tierra, Rubens va a tener dos protectores: el propio archiduque Alberto, para quien ya había trabajado, y el varias veces burgomaestre Nicolás Rockox. Y no tarda mucho en contraer matrimonio con Isabella Brant, catorce años más joven.

La pareja se instala en casa de la esposa y pronto Rubens logra dos encargos importantes: la Erección de la Cruz y el famoso Descendimiento, ambas para iglesia de Santa Walburga, de Amberes. Ha pintado antes una Adoración de los Magos que hoy está en Madrid (Prado). El primero es un cuadro de intenso dibujo. Las figuras se retuercen y quieren dar a toda costa una impresión de fuerza. El segundo -se trata de dos trípticos- parece lo contrario: un auténtico ejercicio de espiritualidad. Con más aire que el primero, las actitudes se encadenan entre sí de manera armoniosa, la expresión viene determinada por la luz que cae de lo alto. No se trata, de cualquier modo, de la obra maestra absoluta. Ni tampoco es el caso de la hermosa Adoración de los Pastores de la iglesia de San Pablo, en Amberes, que retoma la primera versión italiana del tema mejorándola de forma ostensible y es un ensayo del estilo «tenebrista».
arte barroco de flandes
La Virgen rodeada de santos de Rubens (depositada temporalmente en el Museo de Amberes). Pintada en 1628, es una obra notable por sus efectos lumínicos y por esa calidad perlada que lo unifica todo. Estuvo en la capilla funeraria de Rubens, en la iglesia de Saint-Jacques de Amberes.

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