Historia del Arte

Rembrandt

En el siglo XVII la pintura holandesa no tiene más que un tema: los Países Bajos; es decir, sus ciudades y sus ciudadanos, sus campos, sus sociedades de tiro… Esta pintura tiene una vida puramente local: se pintan flores para el dormitorio del burgomaestre, escenas de calle para el abogado, el retrato del pastor. Los artistas más célebres de la época tomaron parte en este análisis general de sí mismo hecho por todo un pueblo: Frans Hals pintó los banquetes de las sociedades cívicas; Vermeer, la casa. Rembrandt fue el autor de una Lección de anatomía, de una Ronda de milicianos, de un Retrato de grupo de los síndicos de los pañeros. Él, como los demás, cumplió perfectamente con la función de pintor, tal como era concebida en su país.
Si se distingue de los otros es por su genio. Rembrandt fue el único de los artistas de su tiempo que abordó diferentes temas, el único también que expresó una inquietud metafísica profunda; el único en haber pintado y grabado, ¡con qué sensualidad!, desnudos, el único en haber tratado los mitos que ocupaban a los pintores de otros países, en particular a los tan cercanos flamencos.

En realidad, los museos holandeses no muestran claramente que Rembrandt tuviera maestros y discípulos. La pintura holandesa no fue sólo un inventario poético de los bienes de ese mundo metódicamente conducido al amparo de las influencias extranjeras. Fue una pintura con profunda originalidad y su difusión tuvo una importancia universal: el paisaje salvaje de la escuela de Barbizon tuvo su inicio en Holanda y en Ruysdael.
¿No son acaso los holandeses los que inventaron el paisaje italiano como un género preciso? El impresionismo, a través de Jongkind, tiene sus fuentes en el espejeo de los canales. El propio Van Gogh, o sea el origen mismo del fauvismo y del expresionismo, ¿no se conectó acaso durante toda su vida con la tradición nacional holandesa?
Una vez rendidos los honores podemos hablar más justamente de la pintura holandesa y subrayar que su originalidad no nació del aislamiento, sino de la comunicación con las tendencias extranjeras.

El Rembrandt del que se hablará aquí aparecerá un poco menos solitario, ocupado en los temas de su subconsciente, y algo más como un director de escuela que intentó dar al arte de su país una nueva orientación. El que la mayor parte de sus discípulos abandonase la vía a la que les arrastró, contribuye sin duda, al mismo tiempo que su genio, a su aislamiento.
Nacido el 15 de julio de 1606, en Leiden, y fallecido el 4 de octubre de 1669, en Amsterdam, Rembrandt vivió algo más de 63 años. Su obra corresponde de manera parcial a la evolución de su vida: comienza por realizar creaciones provocadoras, conoce luego un período mundano, prosigue con composiciones turbulentas y accede después al nivel superior.
Rembrandt Harmenszoon van Rijn (hijo de Harmen) pasó su juventud en Leiden. Su padre poseía una parte en un molino de la ciudad, negocio importante quizá puesto que dejó alguna fortuna. Rembrandt, el benjamín, fue el único de los hijos que la familia empujó hacia los estudios intelectuales. Al cumplir los quince entró como aprendiz con un pintor local que había hecho el viaje a Italia, Jacob Isaacszoon van Swanenburgh.

La aportación de este primer maestro consistió con seguridad en enseñar al joven lo más difícil y fácilmente transmisible: el oficio de la pintura. Así pasaron tres años. Rembrandt decidió después ir a estudiar a Amsterdam con Pieter Lastman. Elección reveladora. En el momento en que el arte holandés se instala en las fórmulas que le darán su fuerza, en el que cada uno se especializa en un género particular, en un dominio delimitado del gran inventario que del país hacen sus pintores, Lastman pertenece, con algunos otros artistas poco numerosos, a una tendencia que propone, en los formatos de los paisajes, de los retratos y de los bodegones, temas generalmente tratados más allá de las fronteras en amplias superficies: los temas bíblicos. Los templos holandeses están desnudos. Lastman ofrece a los interiores burgueses unos cuadros que ilustran la Biblia.

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Moisés rompiendo las tablas de la ley (Dahlem Staatlische Gemaldegalerie, Berlín), por Rembrandt.

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