Vermeer de Delft (I)

Así, Vermeer se aparta del orden de la historia. Por doquiera que se crea poder atacarle se escapa. Y sus cuadros, cuanto más se les mira, más intrigan. No son obras de precursor (ni siquiera su influencia es segura). Cada vez son menos numerosos. No se organizan unos con otros de manera cierta. Mientras más fascinan a la opinión, más constituyen un verdadero escándalo histórico.
Sin embargo, se conocen muchas cosas de Vermeer y de su vida. La fecha en que nació; el 31 de octubre de 1632. Cuando murió; el 15 de diciembre de 1675. Que se casó a los 21 años y tuvo once hijos (ocho de los cuales vivieron) de Catherina Bolnes. Dónde vivía. En la Plaza del Mercado de Delft hay una placa que indica: «Aquí se elevaba la casa donde nació el pintor Jan Vermeer». Pero, sin embargo, hay tan poca relación entre los datos de su existencia, corta y sin tumulto, y la realidad de sus cuadros que hay que preguntarse si el pintor, quizá católico, fue ese padre de familia numerosa y marchante de cuadros a ratos perdidos.

Aun así, no todo es inconciliable. Existen concordancias. Los blasones que figuran por dos veces en las vidrieras de composiciones suyas son los de una de sus vecinas de la Plaza del Mercado. Se tiene, incluso, el testimonio de un aficionado lionés, Baltasar de Monconys, que el 11 de agosto de 1663 fue a visitar al pintor. «Vi -anota en su Diario- al pintor Vermeer que no tenía ninguna de sus obras. Pero las vimos en casa de un panadero que le había pagado 600 libras» Se conoce, incluso, el papel que representó en el Gremio de los Pintores de su ciudad. Vermeer de Delft fue nombrado decano en dos ocasiones: a los 31 y a los 38 años.

De hecho, es un hijo de inmigrantes. Sus padres, los Vos, tenían en la Plaza del Mercado una taberna que llevaba la enseña, verosímilmente reveladora de su origen, de Mechelen, que es el nombre flamenco de la ciudad de Malinas. Y se conocen bien los albergues de los Países Bajos. Los han pintado Jan Steen, Van Ostade y muchos otros. Jan Steen tenía, en el mismo Delft, una cervecería con la enseña de De Slange (La serpiente). Son salas bastante amplias, adornadas a veces con cuadros. Pocas mesas. Bancos. Una chimenea. La taberna es un lugar de reunión para festividades locales y familiares, de comercio también, y es muy natural que Vos hubiese completado su establecimiento con un comercio de cuadros. Con este título se hizo miembro, en 1631, del Gremio de Pintores. Este es un medio en el que el arte es un fenómeno tan natural como el despacho de las pintas de cerveza.
De todas formas no es ahí donde Vermeer se ha encontrado a sí mismo. Y sin embargo, el comercio de Rayner Vos (Vos cambió su nombre por el de Vermeer hacia 1651) jugó ciertamente un papel en su formación.

Basta con aproximar las palabras taberna-tienda de arte y Vermeer. Inmediatamente, un foso se abre entre las dos imágenes mentales: una pone el arte en la calle, en el ruido; la otra exige el silencio. Una es un intercambio de objetos por dinero. La otra exige la pureza. ¿No se ven mejor los primeros cuadros atribuidos a Vermeer si se les relaciona con las obras que circulan en la taberna?

Ahí está, en un principio, Cristo en casa de Marta y María (Edimburgo) y El baño de Diana (La Haya), dos cuadros sin firmar que no se sabe a quién atribuirlos si no es a Vermeer. No por su composición, que no es original, sino a causa de cierta manera de concebir el color como el más rico estado de la materia pictórica; a causa, igualmente, de todo lo que, en sus detalles, parece decir que esas dos obras son cuadros con los que un pintor empieza. ¿No revela la elección de los dos temas una oposición a lo que le rodea? En la pintura de los Países Bajos, que no es religiosa (las pinturas de Rembrandt y de su escuela constituyen una excepción), Vermeer eligió la representación de Cristo.
Mientras que la mitología y su corolario, la desnudez, seducen a los artistas de toda Europa, los Países Bajos (y España) no sienten esta inclinación. Y Vermeer pinta con mucha discreción y con vestidos opacos mujeres haciendo su tocado en plena naturaleza. Su Diana tiene sensiblemente la misma postura que la Betsabé de Rembrandt (Louvre), que es de la misma época (1654), pero su diosa es mucho más púdica y tan castamente vestida, tan poco elegante en realidad, que no tendría razón para fulminar y metamorfosear al cazador Acteón si pasara por aquellos parajes.
arte del barroco
Cristo en casa de Marta y María de Vermeer (National Gallery of Scotland, Edimburgo). Pintado en 1632, en este cuadro queda clara la estructura piramidal de la composición, en la que Cristo aparece con la cabeza ligeramente inclinada hacia su derecha, en un gesto que hace evidente que está escuchando a las dos mujeres.

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