Historia del Arte

Catedral de Tarragona: El calendario agrícola

De manera insólita, en el cimacio del último capitel descrito se cinceló un ciclo de los meses del año muy completo y original. La asociación del bautismo de Cristo y el calendario agrícola volveremos a encontrarla en la cripta de Roda de Isábena, donde su riqueza simbólica se completa con el añadido de los signos del zodíaco.

En enero, una escena de banquete doméstico alude a los rigores invernales que invitan al confinamiento en el hogar: sentado ante una mesa, un personaje, importante a juzgar por su indumentaria y piernas cruzadas (símbolo de autoridad propio de reyes y jueces), es asistido por dos criados.

La figura sedente ofrece la particularidad de ser bifronte. Con sus dos cabezas supone una trasposición plástica del dios romano Jano, encargado de abrir las puertas del nuevo año; uno de sus rostros, el barbado, mira al año que termina y el otro, imberbe, al venidero. San Isidoro de Sevilla explica el origen de tan singular imagen: «el mes de enero (lanuaris) recibe su nombre del dios Jano, a quien lo consagraron los gentiles; o tal vez porque ese mes es el umbral y la puerta (ianua) del año. De aquí también el que Jano aparezca siempre representado con dos caras, para indicar que es entrada y salida del año». El Libro de Alexandre, haciéndose eco de estas palabras, al describir este mes apostilla: «Estava don Janero a dos partes catando».

Para febrero se sigue la fórmula iconográfica tradicional: una pareja de rústicos bien abrigados acercan pies y manos al amor de la lumbre para calentarse.

En marzo, cuando los rigores invernales ya se han suavizado, se reinician las labores agrícolas con la poda de los sarmientos y la cava para airear el suelo y eliminar las malas hierbas a fin de facilitar la absorción de las fecundas lluvias primaverales. Así, mientras un campesino maneja la típica hoz podadera, otro, provisto de un azadón, remueve la tierra cercana a la cepa. Tanto el autor del Libro deAlexandre como el Arcipreste de Hita vinculan las faenas de este mes con la viticultura. Según el primero,

Março avié grant priessa de sus viñas labrar,
priessa con podadores e priessa con cavar

mientras que añade el segundo,

…enbía a viñas cavadores:
echan muchos mugrones los amugronadores,
vid blanca fazen prieta buenos enxeridores.

En abril comienzan a germinar los campos y, por ello, es habitual representar a hombres y mujeres con ramas en las manos celebrando la llegada de la nueva estación. Sin embargo, en Tarragona se opta por la imagen de un joven sedente de porte solemne que sostiene una flor, mientras recibe el homenaje de un subdito arrodillado a sus pies, a la manera de las ceremonias feudo-vasalláticas coetáneas. Se trata de un príncipe de la primavera, tema vinculado al renacimiento de la cobertura vegetal, como expresa la flor que lleva en sus manos a modo de cetro. E. Male señala que este tipo de motivos bien pudieran ilustrar una costumbre popular del Medievo: en Soissons, por ejemplo, los jóvenes nombraban en abril un «príncipe de la juventud». Dice el Arcipreste que este mes «está de flores lleno».
Al ser mayo el mes por excelencia de los caballeros en los calendarios, se cincela al noble cabalgando por los campos ejercitándose en una de sus actividades favoritas, la caza, como es norma sin referencia alguna a perros o presas. La posesión del caballo y su distinguida indumentaria, inasequibles para el campesino, proclaman su privilegiado estatus social.
Las lúdicas escenas de la primavera señorial y caballeresca contrastan con el laborioso estío aldeano figurado a continuación. Junio se consagra a la temprana siega de los campos, a la par que un rústico acarrea un pesado haz de espigas sobre su espalda encorvada. En julio, tras separar en las eras el grano de la paja con el mayal, el labriego aventa con la ayuda de una horca aprovechando la fuerza del viento para hacer más eficaz y completo el desgrane.
Los esforzados campesinos hacen un pequeño descanso en agosto y se permiten un necesario y merecido refrigerio; así los vemos recostados y bebiendo de sendas copas. Como señala Castiñeiras, el motivo de la sed y del calor es recurrente durante estos tres meses en las representaciones artísticas; a ello aluden en julio el botijo y el cuenco dispuestos en la parte superior del relieve. Lo mismo sucede en las fuentes literarias:

Sedié el mes de Julio logando segadores,
corriente por la cara apriessa los sudores
(Libro de Alexandre)

También la canícula obliga a los laboriosos labradores a protegerse con sombreros de amplias alas y a mitigar la sed con el agua que vierten en un tazón.
Una vez concluidas las faenas del cereal, septiembre y octubre se ilustran con la vendimia en cestos de mimbre, la reparación de las cubas y el trasiego del vino, en lógica sintonía con la importancia de los trabajos de la viticultura en esta época del año. En el Libro deAlexandre, el personaje de septiembre «vendimiava las viñas con façes podaderas» y «apretava las cubas», mientras que el del Arcipreste «comienca a bendimiar uvas de los parrales».
Ya en noviembre, antes del invierno, se realizan las últimas labores agrícolas del año, la arada y la siembra. Por eso, se cincela una yunta de bueyes uncidos con colleras a un sencillo arado simétrico mediterráneo compuesto de timón, mancera y reja. El campesino, al mismo tiempo que dirige el arado, esparce las semillas recogidas en su sayal sobre las fincas ya labradas. El Libro deAlexandre adelanta a octubre esta faena, cuando «iva pora sembrar el ivierno viniendo», pero el Arcipreste la sitúa explícitamente en noviembre («mandava sembrar trigo»).
«Matar los gordos puercos e desfazer las cabanas» son las actividades reservadas para diciembre en estas mismas fuentes literarias. En Tarragona, para este mes se funden en una misma escena engorde y matanza: mientras un aldeano da de comer al cerdo en una escudilla, otro se dispone a asestarle el golpe mortal en la cabeza con un hacha.
Como resumen del calendario de Tarragona, resulta oportuno traer de nuevo a colación una estrofa muy gráfica del Libro de Alexandre, que describe las cuatro estaciones del año con las siguientes palabras:

Estaba don Ivierno con vientos e heladas;
el Verano con flores e dulçes mañanadas;
el Estío con soles e miesses espigadas;
Áutunpno vendimiando e faziendo pomadas.

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