Historia del Arte

Catedral de Tarragona: Pecadores, santos, juglares y fábulas

La ornamentación del claustro se completa con un ciclo hagiográfíco de bastante extensión, consagrado, según E. Liaño, a San Nicolás de Bari, cuya existencia se propone como un modelo de virtud a emular por los fíeles. En varias escenas se narra desde el rescate de las tres doncellas, obligadas a prostituirse por necesidad, hasta la resurrección de los tres niños muertos a manos de un perverso carnicero.

En lo referente a los motivos vegetales, protagonistas en el amplio despliegue escultórico del claustro, alternan los capiteles corintios de ascendencia clásica con las sencillas hojas de lirio superpuestas en dos niveles. Las analogías con el repertorio decorativo de los monasterios cistercienses catalanes próximos son evidentes.

También ocupan un lugar importante los temas juglarescos y, sobre todo, los enfrentamientos de hombres (unas veces armados, otras inermes cuerpo a cuerpo) y animales que ilustran la encrucijada del fiel y su incesante lucha contra las fuerzas del mal.

En la misma idea redunda la fábula que se labró en un pilar del ala sur, la célebre Proccesió de les Rates, con una finalidad didáctica y moralizante similar a la que tenían las fábulas literarias popularizadas por los juglares.

En el cimacio, el solemne cortejo fúnebre de las ratas que conducen en andas a un gato fingidamente difunto contrasta con la caótica huida de los roedores, en la escena siguiente, perseguidos por el taimado felino que ya ha capturado a una presa.

Como las estratagemas del zorro representadas sobre este mismo cimacio, estos relieves alertan contra las artimañas que urde el demonio para atrapar a los hombres en las redes de sus engaños.

En los canecillos que soportan la cornisa del claustro, las cabezas de rasgos monstruosos y muecas burlescas (sacando la lengua, mostrando los dientes…) aluden, asimismo, a las fuerzas del mal.

Por último, tampoco faltan las críticas a la embriaguez y la lujuria mediante imágenes tan familiares como la del personaje grotesco que bebe con avidez de un barril o el espinario itifálico, es decir, el aldeano que al intentar extraer la espina clavada en uno de sus pies adopta una postura que deja al descubierto su conspicuo sexo bajo las sayas.

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