El ocaso del arte egipcio

El último período de la historia egipcia, la época tardía, se encuentra bajo el signo de la dominación extranjera. Empieza con el período de gobierno nubio y termina con el tolemaico, en el que los soberanos egipcios eran griegos descendientes de Tolomeo, uno de los generales de Alejandro Magno. En el centro de esta época tardía se sitúan las invasiones de Egipto y sus continuadas conquistas por asirios y persas.
Las XXI y XXII Dinastías, que establecieron sucesivamente la capital en Tanis y en Bubastis (dos poblaciones en el delta del Nilo), gobernaron durante un período de tres largos siglos, durante el cual la paralización y el agotamiento de las fuerzas artísticas se hacen cada vez más evidentes. La XXI Dinastía terminó el templo de Khons, en Karnak, y la XXII, diversos pequeños templos en el Egipto Medio yen Bubastis. Los relieves de los mismos enlazan en general con el estilo de la época de los Ramésidas, como puede verse en los relieves policromados de rojo del templo que Osorkon 11 hizo construir en Bubastis. Estos relieves, hoy en el Museo Británico, inician una característica que se acentuará en obras de tiempos más tardíos: una atención particular al modelado dulce de los cuerpos humanos por debajo del plano de la pared, siguiendo en esto la técnica del “relieve rehundido” que se ha descrito como una de las aportaciones del Imperio Medio.
Una nueva idea arquitectónica que hace aparición en este momento, y que será adoptada posteriormente sobre todo durante el período tolemaico, es la expresada en el pequeño templo de El-Hibe, iniciado por Sheshonk I, un faraón de la XXII Dinastía; su patio se cierra mediante paredes, construidas entre las columnas que lo rodean, que llegan hasta la mitad de la altura de las mismas.
Pero lo más notable del arte de estas dinastías es el descubrimiento de nuevos procedimientos técnicos que conducirán a la producción de estatuas de bronce de gran tamaño. A fin de animar la superficie de las figuras con toda clase de detalles, se usó el cincelado, las técnicas de la ataujía (incrustación de filetes y elementos embutidos) y la aplicación sobre el bronce de láminas de oro, que dan a estas creaciones un especial encanto. Entre tales obras destaca la deliciosa estatua en bronce de la reina Karomama, esposa de Takelot II, uno de los faraones nubios de la XXII Dinastía, que posee el Museo del Louvre. Los finos dibujos de oro, plata y electrum, incrustados en bronce, que cubren su túnica ajustada al cuerpo, son ejemplo de una elevada calidad técnica. Su actitud grácil y la finura de su rostro hablan de la delicadeza del lenguaje formal que alcanzaron estos broncistas hacia el año 800 a.C.