Arte de los Imperios Medio y Nuevo
Los grandes templos del Imperio Nuevo
Unas veces los patios no tienen columnas a su alrededor; otras éstas están dispuestas en una o dos filas, pero solamente a los lados; otras forman un verdadero claustro en los cuatro lados del área descubierta. El primer patio de Karnak lleva en el centro, de puerta a puerta, dos filas de columnas monumentales que señalaban una avenida o calle en medio del inmenso cuadrado del patio; en cierto modo, venían a ser como la prolongación de las grandes avenidas de esfinges que conducían a los peregrinos hasta las primeras puertas del santuario.
Algunos de estos patios están decorados con una hilera de colosos en las dos paredes, como puede verse en Karnak y en el Rameseum. Cuando las columnas se hallan en los cuatro lados del patio, a veces no son todas del mismo orden, sino que las de entrada y fondo llevan por ejemplo, capiteles acampanados, y las laterales, capiteles de flor de loto sin abrir, completamente distintos de los campaniformes. Pero por regla general, como acontece en Luxor, los cuatro lados del pórtico son semejantes.
A estos patios debía tener libre acceso el pueblo; son propiamente la antesala del santuario, y venían a representar el claustro o nártex del templo cristiano. Allí debieron de efectuarse también algunas ceremonias, pero el auténtico culto se celebraría en la sala hipóstila, situada después del patio, y no era ya lugar tan accesible.
El nombre de sala hipóstila es también griego, y tiene el significado de sala bajo columnas. La sala hipóstila recibe la luz de lo alto. Esto se consigue dividiéndola en naves por medio de filas de columnas, unas mayores y más altas en la nave central, y otras columnas más bajas que sostienen el techo de las naves laterales. La diferente elevación de las naves deja un espacio de muro, cerrado con celosías de piedra, por donde penetra la luz, como por altas ventanas laterales. Una sala hipóstila es, pues, un espacio grande, sostenido por columnas, con el techo plano, formado de grandes dinteles, con la nave central más alta, cubierta con bloques de una pieza, sin ventanas en los muros, pero dotada de iluminación superior.
Las salas hipóstilas de los templos egipcios, con penumbra misteriosa, sin ninguna abertura indiscreta, a excepción de las celosías superiores; con sus hileras de columnas, que tamizaban la luz de lo alto; decoradas siempre con los fulgores vivos de los relieves policromados, debían de ser la obra maestra de la construcción y el arte egipcios. Algunas de ellas tienen dimensiones extraordinarias.
La gran sala hipóstila de Karnak es todavía la mayor sala cubierta de piedra que existe en el mundo; tiene 152 metros de largo por 51 de ancho, con 134 columnas para sostener el techo; las doce columnas de la nave central son de igual diámetro, todas ellas, que la columna Vendóme de París. Una catedral gótica cabría holgadamente dentro de esta sala iniciada por Sethi I y terminada por Ramsés II. Esta obra colosal de los faraones de la XIX Dinastía es el mayor espacio religioso construido por los hombres de cualquier época o país.
En cuanto al santuario propiamente dicho, estaba en una segunda sala y a veces después de un nuevo patio más pequeño que el anterior. Era el lugar santo por excelencia, donde acaso entraba sólo el faraón y el sumo sacerdote, y donde se conservaba la imagen de la divinidad. A medida que se va avanzando en el interior del templo, los patios y las salas van reduciéndose de dimensiones, el techo es más bajo, el nivel del suelo se eleva y la luz se amortigua: todo prepara el ánimo para penetrar en el lugar recóndito donde estaba el divino fetiche. Además de estatuas antropomórficas del dios, se conservaban allí reliquias mágicas.
Nada más peligroso que las divisiones cronológicas de los estilos egipcios. La columna egipcia presenta gran variedad de formas que coexisten en distintas épocas: el pilar cuadrado del llamado templo de la Esfinge está presente profusamente incluso en el Alto Egipto y las columnas con facetas planas se hallan también allí en abundancia. Los capiteles con flores de loto o de papirus que forman el gracioso remate de las columnas de los patios de Luxor y del Rameseum, en Tebas, tienen precedentes en el Egipto antiguo; no es posible establecer una rigurosa división cronológica de los estilos de Egipto, basándose en los tipos de columna.
Pero existen algunas formas preferidas del Imperio Antiguo, como los soportes con capitel en forma de palmera; en cambio, otros capiteles complicados son de invención más reciente y usados más por los constructores de la época de los últimos faraones.
Los llamados pilares osiríacos, o sea los soportes en forma de Osiris amortajado, con los emblemas divinos, que están presentes en el Rameseum, parece que fueron principalmente erigidos durante la dominación de los Ramésidas, y casi caracterizan las construcciones de los monarcas de esta familia. Una circunstancia bien característica de la columna egipcia es la ausencia completa de basa, reducida a lo más a un simple cojinete anular de poca elevación, de suerte que la columna parece descansar sobre el suelo. El encanto principal del templo de Luxor procede de sus maravillosas columnas papiriformes construidas en época de Amenofis III, quince siglos a. C. Doscientos años más antiguas que las de la sala Hipóstila de Karnak, estas columnas figuran haces de papirus recogidos en un collar por debajo del capitel; éste se ensancha de nuevo formando como un cáliz recio que soporta el peso de los arquitrabes.
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Sala hipóstila del templo mortuorio de Ramsés III, en Medinet Habu. Sala fechada en 1175 a.C. La sala hipóstila está compuesta por un corredor central y por recintos laterales con gruesas columnas profusamente decoradas con relieves que sostienen la techumbre pétrea. |
