Historia del Arte

Justiniano y Santa Sofía de Constantinopla

De las basílicas romanas quedan sólo las cubiertas planas y el hecho de que las columnas no sostengan bóvedas, sino arquitrabes o arcos. Mas, durante el largo reinado de Justiniano, se acaban las vacilaciones y se construye con el estilo que, por haber producido sus obras maestras en la capital, se ha denominado bizantino. El más famoso edificio en el estilo es la iglesia metropolitana de Santa Sofía de Constantinopla, todavía en relativo buen estado de conservación.

En ella están empleados ya todos los métodos constructivos y los más ingeniosos recursos de la construcción bizantina; es el mayor monumento de este arte singular y, al mismo tiempo, el primero en su género.

Como en los tiempos de Constantino, también aquí se debía la obra a la iniciativa personal de un monarca; el emperador se había hecho levantar, en medio de sus construcciones, una habitación provisional a fin de inspeccionar diariamente el estado de los trabajos.

Santa Sofía había costado tesoros inmensos. Justiniano recomendaba a los gobernadores de las provincias que le facilitaran los mármoles y materiales más preciosos. La planta del edificio ya revela que todo él se desarrollará obedeciendo a un nuevo sentido artístico, porque de un simple examen se entiende ver que todas las partes están dispuestas para contener la gran cúpula central, de 31 metros de diámetro, inscrita en un gran cuadrado y sostenida por cuatro pechinas en los ángulos, sobre cuatro pilares.

Esto constituye la principal innovación de la arquitectura bizantina y lo que hace famosa la cúpula de Santa Sofía, porque se apoya sobre cuatro puntos únicamente, y no sobre una ancha pared circular, como la bóveda del Panteón de Roma y las de las salas de las termas romanas, que la superaban en diámetro.

Las cúpulas romanas se asentaban por sus muros directamente en el suelo, mientras la gran media naranja de Santa Sofía está en el aire, se mantiene sobre sus arcos y pilares por la compresión que contra ellos ejercen las bóvedas adyacentes, unos grandes nichos que empujan contra ella. Así recibe la impresión inversa en dos de los lados, mientras que en los otros dos su empuje está contrarrestado por dos arcos que actúan a modo de contrafuertes.

A fin de aligerar el peso de la cúpula, los hábiles arquitectos de Santa Sofía adoptaron el sistema de construirla de tejas blancas y esponjosas fabricadas en la isla de Rodas; dichas tejas eran tan ligeras que se necesitaban cinco de ellas para igualar el peso de una teja ordinaria.

Exteriormente, la gran cúpula central no demuestra la importancia de la obra, pues está disimulada por un tambor cilíndrico hasta una tercera parte de su altura; en este tambor se abre una serie de ventanas que dan la vuelta a la zona inferior del gran casquete esférico y sirven para iluminar la iglesia y, al mismo tiempo, para descargar de peso la semiesfera de la cúpula. En el interior, en cambio, la novedad no puede ser mayor; la vista se pierde en lo alto, hundiéndose en aquel gran espacio; no es la impresión de reposo y estabilidad del Partenón, sino de un mágico equilibrio, como si la cúpula estuviera misteriosamente retenida desde el cielo.

Los mosaicos que la decoraban debían de hacer más impresionante todavía aquel gran casquete esférico lleno de colores; destruidas por los turcos las figuras angélicas y la imagen del Redentor, que se veían en lo alto, sólo en las bóvedas angulares de las pechinas se toleró la presencia de cuatro serafines con alas múltiples. Las delicadas proporciones de esta cúpula, cuya clave está suspendida a 55 metros del suelo, la convierten en una de las mayores glorias de la arquitectura.

Los dos arcos laterales estaban cerrados por las galerías del segundo piso, desde donde la corte y los altos funcionarios presenciaban las ceremonias que se celebraban en el grandioso templo. De todos modos, estas dos paredes que cierran los arcos no sostienen poco ni mucho el peso de la cúpula y están llenas de aberturas. Toda la carga de la gran semiesfera gravita sobre los cuatro pilares, y así no es de extrañar, por tanto, que los arquitectos de Justiniano los construyeran con especial cuidado.

Todavía hoy estas galerías laterales de Santa Sofía figuran entre las más bellas joyas que tiene en su tesoro la humanidad. Santa Sofía está además enriquecida con dos pórticos: uno anterior, como galería cerrada, que daba al patio cuadrado, y otro más ancho, como nártex o antesala del inmenso templo, casi intacto, con sus bellísimas columnas y mosaicos.

arte bizantino

Santa Sofía de Constantinopla (Estambul). Este templo conserva de las primitivas iglesias cristianas la sencillez exterior, aunque enriquecida por el juego de cúpulas. El tambor cilindrico en el que se enclava la cúpula central proporciona una impresión de robustez. Constantinopla, Bizancio, Estambul… unión entre Oriente y Occidente que queda simbolizada en este conjunto, con la bella iglesia cristiana en el centro rodeada por minaretes y contrafuertes turcos.

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