Breve introducción al gótico español

A la inspiración y maestría de los artistas franceses se debe el impulso para el nacimiento del gótico. Y si es justo reconocer que en las catedrales galas nació la nueva concepción del arte que ya en el siglo XIII se habría extendido a muchas zonas de Europa, no menos cierto es que en España, gran deudora de la influencia francesa, el estilo gótico, que evolucionaría con características propias, alcanzó cotas de belleza a la altura de las obras cumbre del país galo.
La influencia gótica entrará en la península Ibérica en un momento de gran auge para las ciudades y la incipiente y rica burguesía, que basaba su prosperidad, sobre todo, en los privilegios que le eran concedidos y en el comercio, por lo que hacían falta nuevas formas arquitectónicas acordes con el estatus de la nueva clase social que nacía.
Por ello, como se tendrá ocasión de comprobar, aparte de las espléndidas catedrales españolas, comparables a los mejores templos europeos, el gótico civil ha legado algunas de las obras más relevantes de ese período, pues, si las catedrales reflejaban la grandeza de Dios, por su parte, las lonjas, palacios y castillos debían convertirse en un trasunto del estatus de la burguesía.
Como es sabido, en España aún había de completarse la Reconquista en aquel siglo XIII y dominaban buena parte del territorio de la Península el reino de Castilla y León y el reino de Aragón, no exentos de conflictos internos. Por ello, las distintas relaciones y alianzas que establecen ambos reinos con Francia dan lugar, a su vez, a una influencia artística diferenciada y a una manifestación y evolución algo distintas del gótico. Por ejemplo, la Corona castellano-leonesa se beneficiaba de su vínculo con el Anjou y Borgoña, mientras que al reino de Aragón la influencia llegaba de Provenza y Languedoc. Asimismo, no hay que olvidar la importancia decisiva de la implantación de la Orden del Cister en la Península, que traía consigo el germen del nuevo estilo que renovaría el arte español.
gotico
Catedral de Burgos. En su interior resulta fácil también apreciar la yuxtaposición de formas nórdicas y elementos decorativos platerescos. El triforio se abre en grandes arcos escarzanos con arquivoltas adornadas de insólitas cabezas humanas; la complicación de la bóveda de crucería se halla próxima a un gótico flamígero. Se inició en 1221 en sustitución de la antigua catedral románica y la linterna se acabó en 1567.

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