La arquitectura en la Corona de Aragón (1)

Ya completamente gótico y del todo nacional es el monumento maravilloso de la catedral de Barcelona iniciada en 1298 y construida durante el siglo XIV. Tiene tres naves y giróla esbeltísima que parece inspirada en la de la catedral de Narbona, pero en todo lo demás las formas góticas están aplicadas con una intensa originalidad. El crucero es rudimentario y en los pequeños brazos que forman el transepto cargan dos robustas torres; el cimborio, en lugar de estar sobre el crucero, se halla a los pies de la iglesia, lo que constituye una novedad sin precedentes.

Además resulta habilísima la disposición de las naves, la mayor casi de la misma altura que las dos laterales. Las capillas son bajas, pero encima de ellas corren unas galerías, que conforman como dos naves altas. Los contrafuertes son interiores, esto es, forman los muros divisorios de las capillas y de los espacios que van sobre las mismas, lo que permite dar gran elevación a las dos naves laterales y conseguir que el monumento tenga, en su interior, unidad extraordinaria.

Caracteriza mucho al edificio su iluminación especial: la luz penetra a través de las capillas y galerías y aun tiene que filtrarse por las columnas antes de llegar al suelo. ¡Qué diferencia del efecto de luminosidad directa de la catedral de León! La penumbra en que queda sumida la de Barcelona no es la fría y homogénea media luz de las catedrales del Norte, envueltas siempre en nieblas: es la deseada oscuridad del país del sol, cuyos rayos se tamizan con celosías.

Por su ambiente y coloración especial, la catedral de Barcelona constituye el mayor contraste con las catedrales castellanas, donde hay excesiva iluminación, a consecuencia de haberse empleado en el clima local un sistema de ventanales que correspondía únicamente a los países del Norte. Los constructores de la catedral de Barcelona se llaman Riquer, Fabré, Bertrán, Roquer, Franch, Sola, Gual, Escuder…, uno después del otro, todos nombres catalanes o catalanizados hasta hacer perder la pista de su origen forastero, si lo tuvieron.

Las catedrales francesas al lado de la de Barcelona parecen obras académicas, exhibiendo fría amabilidad; las catedrales castellanas parecen orgullosas de pompa imperial; la de Barcelona austera, mística, diríase que quiere renunciar hasta a su belleza, ¡y es precisamente por esto que es tan bella! Imitada en otro monumento catalán, la Seo de Manresa, esta hijuela carece ya de la vibración moral que se nota en la catedral barcelonesa.

En la propia Barcelona, la gran basílica de Santa María del Mar, obra de Berenguer de Montagut, es otro edificio lleno de espiritualidad. Comenzada en 1329, es quizá la obra que expone con mayor pureza las características del gótico catalán: al exterior, preferencia por las superficies lisas, predominio de los espacios llenos sobre los vacíos, y azotea plana sin tejados; en el interior, una esplendorosa sala de tres naves de casi igual altura, que domina el espacio horizontal y no sólo verticalmente como en las iglesias-corredor del gótico continental.

La catedral de Girona tiene un ábside con giróla muy parecido, aunque en escala menor, al de la catedral de Barcelona. Evidentemente los canónigos de Girona se proponían hacer, en tamaño menor, un edificio igual a la catedral de Barcelona, pero se encontraron con que la iglesia hubiera sido una reducción enana de aquélla. El arquitecto director, que a comienzos del siglo XV era un tal Guillem Bofill, mostrase partidario de no continuar la construcción de las tres naves que estaban anunciadas en el ábside, sino de cubrir toda la anchura de la planta con una sola bóveda que debería tener nada menos que 23 metros de ancho por 34 de alto y 50 de largo.

El Cabildo antes de aceptar las proposiciones de Bofill, convocó en 1416 un congreso de los más reputados arquitectos del país, al que asistieron también algunos del sur de Francia. Cinco arquitectos fueron partidarios del plan de Bofill y siete del proyecto antiguo de tres naves, que no ofrecía novedad ni peligro; pero el Cabildo y el Obispo, a pesar de la opinión de la mayoría, se decidieron a ejecutar lo más atrevido, que era lo que proponía Bofill.

Así resultó que la catedral de Gerona tiene la nave gótica más ancha que jamás haya sido cubierta con bóveda de piedra. El maestro Bofill resolvió asimismo el difícil problema de unir una nave única a un ábside triple, y encima de los arcos con que terminan las naves del presbiterio abrió tres rosetones, para aligerar el muro liso que debía inscribirse entre arcos.

La catedral de Tortosa, por la parte anterior de sus naves, recuerda a la de Barcelona. Tiene también girola, y las capillas del ábside, en lugar de estar separadas entre sí por un muro, lo están por un simple calado de piedra, lo que forma un transparente de luces muy hermoso. Por fuera tiene también originales arbotantes, que se apoyan sobre torrecillas octogonales, y especialmente en el ábside, que es donde se acercan más unos a otros, producen un efecto sumamente original.
arte gótico
La catedral de Girona reproduce en su presbiterio octogonal con nueve capillas radiales la fórmula de la catedral de Barcelona, pero a principios del siglo XV se proyectó transformar la planta de tres naves en una sola; ello dio lugar a la famosa controversia de 1416 que reunió en Gerona a los maestros más ilustres.

Sigue leyendo >>>