La escultura gótica 2

Los escultores franceses de la época gótica, por instinto y por carecer de vanidad, se sujetaron a la ley de los tipos, que tiene siempre consecuencias incalculables para el arte, porque permite la colaboración de varias generaciones. Una obra como la Virgen Dorada, de Amiens, o el marfil de la Coronación, del Louvre, no se produce por la sola inspiración de un genio. Pintores y escultores se valían del mismo repertorio.

Estos artistas, como los de la Grecia clásica, respetaban los tipos, pero sin sujetarse a una exactitud canónica. Además, estudiaban tenazmente no sólo la naturaleza, sino todo cuanto era plástica, forma y color. El álbum de Villard de Honnecourt es la prueba más clara de su insaciable afán de estudio: el artista picardo no sólo produce lo que ve de los maestros de su época, sino también, animales y plantas, hasta mármoles desenterrados en ruinas, que dibujaba a su manera a la pluma, con trazos que siempre tienen, sin embargo, el sello de la época.

Ese mismo eclecticismo se advierte, por ejemplo, en las cuatro famosas estatuas del pórtico de la catedral de Reims, con los dos grupos de la Anunciación y la Visitación. El grupo de la Virgen y el ángel está labrado con una simplicidad de líneas góticas que contrasta con las figuras de María e Isabel.

Estas dos últimas parecen inspiradas por mármoles antiguos: la ejecución de los pliegues se diría que está copiada de alguna estatua funeraria helenística que, descubierta en la Campania, hubiesen tenido a la vista los escultores de la catedral.

La fuerza creadora de los artistas góticos se advierte sobre todo al interpretar la leyenda de los santos patronos de la comarca o localidad. El repertorio evangélico de la vida de Jesús y María, ampliado por los Apócrifos, tenía antecedentes en el arte románico y bizantino: los tipos del Cristo y la Virgen estaban ya creados, y los artistas góticos no hicieron más que transformarlos. Pero la época gótica es una época de familiaridad con santos, patronos y abogados de todas las actividades de la vida, y para sus leyendas había que inventar una iconografía especial privativa de Occidente.

Rarísimas veces se producen en las catedrales escenas de la historia profana, de la leyenda de Carlomagno o las Cruzadas. La historia del mundo tiene por centro a Jesús. Él y su doctrina lo llenan todo y lo condensan todo. Tenemos algunas esculturas de personajes reales que debían de ser retratos; pero estas figuras históricas sólo por excepción fueron introducidas en el repertorio de las catedrales. Son las estatuas funerarias de príncipes y dignatarios eclesiásticos las que dan principalmente a los escultores góticos ocasión de producir retratos.

La serie más notable, pese a las destrucciones causadas en ella por la Revolución de 1789, es la del templo de Saint -Denis que era el panteón de los reyes de Francia. El monumento funerario más antiguo de esta serie es la tumba de Felipe el Atrevido, obra realizada entre 1298 y 1307 por Pierre de Chelles.

Continúa >>>