La pintura y la miniatura 3

En Francia no sólo nació y creció el arte gótico, sino que allí también se perfecciono. Al estudiar el arte gótico en las diversas escuelas nacionales, se verá que casi podrían calificarse de provinciales. Contribuye al afrancesamiento de Europa la circunstancia de haberse trasladado el Papado a Aviñón.

El prestigio de la Curia pontificia, tan bajo en la época románica, fue restablecido por obra de Cluny, y los papas, alejados del eterno campo de batalla que fue Italia, en las márgenes del Ródano aceptan y propagan la cultura francesa como la que mejor incorpora el espíritu de la cristiandad. El arte gótico es el fundente del espíritu occidental.

Una escultura gótica, con su gesto reservado, parece como si quisiera evitar hacer exhibición de su corporalidad. Los cuerpos humanos van envueltos en rígidos pliegues de lana que sólo permiten sospechar que dentro se esconde un organismo vivo. En los artistas griegos, el entusiasmo por la forma natural del hombre y la mujer, en sus admirables proporciones, hace casi olvidar la otra belleza (la del pensamiento) que puede producir aquel ser de carne y hueso. Desde este punto de vista el arte griego es más ingenuo que el arte gótico.

La estatuaria gótica aparece saturada de dogmas, dialéctica y pasión de conocer. La griega contiene sólo el supremo placer de la apreciación del ser humano con su maravillosa belleza en el momento de la plenitud de la vida.

El artista griego está tan enamorado de la flor estupenda que es la mujer en su juventud y el hombre joven, atlético, lleno de vida, que llega a olvidar que aquellos cuerpos pueden sufrir y gozar por efecto de su pensamiento.

El artista gótico conoce que los seres humanos no sólo lo son por el físico, sino también por la capacidad de razonar lo cognoscible y adivinar lo misterioso. Esto es lo que indudablemente constituye el europeísmo de este arte escultórico occidental.

historia del arte
Coronación de la Virgen de Enguerrand Charonton (Hospice de Villeneuve-lés-Avignon). Pintada hacia 1454, esta tabla maravillosa describe la concepción medieval del mundo con colores de una increíble intensidad. Sobre la visión torturada del infierno, la tierra extiende el manto de un paisaje de colinas y ciudades, mientras en el cielo, entre nubes de ángeles y ante legiones de bienaventurados, la Trinidad corona a la hermosísima Virgen.

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