La tradición normanda de las catedrales inglesas (I)

La de Salisbury se empezó a construir en 1220, en un lugar espacioso, junto a una corriente fluvial, sin el agobio de edificios cercanos, y sin los prejuicios que suelen pesar sobre el plan de un edificio de tal clase, a consecuencia de intentos de edificación efectuados o planeados en fechas anteriores. Su construcción se extendió 40 años, y una vez la catedral completada, se conservó intacta, salvo por la prolongación en altura que se dio a su torre central a mediados del siglo XIV, cuando se le añadió la alta y elegante espira sólida que comunica a todo aquel monumento de gran regularidad su aspecto inconfundible en el paraje donde se halla.

La catedral de Salisbury es un templo con dos transeptos, uno interrumpiendo por su mitad la longitud de la nave central y del cual surge la gran torre, y otro menos saliente, que precede al coro y al ábside. Como otras catedrales inglesas, tiene en el extremo oriental una capilla dedicada a la Virgen (Our Lady Chapel), de planta cuadrada y cuyas tres naves enlazan con la nave principal del templo al otro lado del presbiterio.

Empezada a finales del siglo XII, siguiendo la pauta marcada por la iglesia benedictina de Glastonbury, la catedral de Wells, en Somerset, recibió una fachada imponente a causa de la distribución de sus masas: en lo alto, dos anchas y cuadradas torres y una parte central cubierta con dos series de esculturas, la superior de las cuales constituye un apostolado.

Otras muchas esculturas, en nichos góticos, se suceden formando series verticales en el gran basamento que es la fachada propiamente dicha: cuerpo compacto que se extiende por debajo de aquellas torres, y que se tuvo muy en cuenta, después, para la disposición de la curiosa fachada de la catedral de Exeter, también adornada con profusión de estatuas.

El interior de la catedral de Wells se estructuró con mucha originalidad durante la primera mitad del siglo XIV; se prolongó su nave principal hasta enlazarla con una capilla absidal baja dedicada a la Virgen, y por su derecha la nave se conectó con la sala capitular situada en un edificio anejo.

En esta sala, nervaduras angulares se combinan con otras que parten, radialmente, de una elegante pilastra central, para formar una bóveda rica en arcos terceletes que forman también bellos diseños geométricos en las bóvedas de la nave de la iglesia. Del centro de ésta parte una sólida torre, cuyo sostén se organizó a base de cuatro grandes arcos reforzados con pilastras, con óculos curvilíneos encima y circulares a ambos lados, en una disposición de gran trascendencia decorativa.

La escultura interior, de hojarascas, se ameniza con la presencia de realistas cabezas burlescas que aparecen entrelazadas con los adornos vegetales. Al término de la nave, y por encima de su unión con la capilla absidal aludida, hay un enorme ventanal que procura iluminación natural a todo el interior por encima del pasaje abovedado que da acceso a la capilla de la Virgen. La catedral de Wells es un ejemplo típico del gótico decorado, tema al que se volverá más adelante.

La iglesia de la abadía de Westminster es un monumento cuya importancia difícilmente cabría exagerar. A la unidad y grandiosidad de este templo, donde se han coronado todos los reyes de Inglaterra y que se ha convertido en el centro histórico de la monarquía inglesa, hay que añadir ciertas cualidades artísticas que solamente de un modo ocasional y fragmentario habían antes aparecido en edificios ingleses góticos. Gracias a la influencia ejercida por el gran templo de Westminster, estas nuevas características del gótico inglés se difundieron en otras varias iglesias que perpetuaron aquella modalidad.

Una iglesia abacial prerrománica de tamaño reducido existió en el emplazamiento de la actual, en Westminster, y ya se había planeado reconstruirla y ampliarla, cuando en 1245 el rey Enrique III tomó a cargo de la corona la construcción del nuevo templo que se completó en un período relativamente breve. Es una gran iglesia de tres naves que, pese a sus peculiaridades en su tectónica y en su ornamentación, es de evidente inspiración francesa, hasta el punto de que se ha especulado con la probabilidad de que Enrique de Reynes, su primer arquitecto, no solamente tomase como modelo la catedral de Reims, sino que fuera él mismo francés.

Westminster es un gran templo con contrafuertes reforzados, unidos mediante arbotantes a la gran nave central de 31 metros de altura. Posee un transepto notablemente más ancho que la nave del eje principal y contiene detrás del crucero un coro interior, con el altar y el sepulcro de San Eduardo el Confesor, y ábside con giróla, con cuatro capillas radiantes (dos a cada lado), y que por el centro comunica con la gran capilla sepulcral del rey Enrique VII, la cual se edificó durante el primer cuarto del siglo XVI. El brazo meridional del transepto forma uno de los costados del cuadrado claustro monástico y se conecta por el lado opuesto con la sala capitular, octogonal.

Fachada de la catedral de Wells, realizada durante los siglos XIV y XV y calificada como "la más hermosa de Inglaterra". Las dos torres que enmarcan el conjunto la convierten en la fachada inglesa más parecida al modelo francés. Es famosa por la gran abundancia de estatuas encajadas dentro de la tupida red de grandes molduras que parecen cubrirla con un riquísimo tapiz escultórico.

Fachada de la catedral de Wells, realizada durante los siglos XIV y XV y calificada como «la más hermosa de Inglaterra». Las dos torres que enmarcan el conjunto la convierten en la fachada inglesa más parecida al modelo francés. Es famosa por la gran abundancia de estatuas encajadas dentro de la tupida red de grandes molduras que parecen cubrirla con un riquísimo tapiz escultórico.

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