Biografía de de Paul Klee

La trayectoria artística de Paul Klee se caracteriza por la radical ambigüedad de ser al mismo tiempo clásico y moderno, pero también fragmentario e irregular, marcado por su gran aptitud para la experimentación y la compenetración de las disciplinas, con la mirada constantemente puesta en el curso de la historia contemporánea. Es éste quizá, entre otros, uno de los legados más importantes que dejó a las vanguardias de la segunda mitad del siglo XX.

La predilección por lo fantástico, tan arraigada en la tradición continental y sobre todo en la zona alemana, está vinculada a una predisposición poliédrica y atenta al aspecto técnico de la labor artística, el esmero en la composición y el equilibrio, esmero que, paradójicamente, se libera de la ascendente paródica que lo aproxima a la tradición satírica de la ilustración humorística. Los largos y didácticos títulos, por una parte, y el carácter de proceso de un signo gráfico y de una forma, por otra, son algunos de los ámbitos en los que se desarrolla la actividad creativa de Klee.

Hacer un repaso de su vida y su estilo equivaldría a entrar en la historia del arte moderno en sentido estricto, impregnada de las investigaciones de la época en el terreno literario (el teatro o la novela expresionista, por ejemplo, o la narrativa de Hofmannsthal, Meyrinck y Kafka, o la poesía de Rilke) y en el campo del psicolanálisis de Freud y Jung, pero significaría también llegar a las fuentes directas del arte contemporáneo. La aptitud para la modestia, en términos de acercamiento a la creación, como escribe Clement Greenberg, «le hizo asumir y llevar a término la empresa de transmutar casi cualquier cosa en un cuadro». El pequeño formato de sus obras, junto con el recurso a lo decorativo, predispone al observador a entrar en un auténtico proceso analítico, musical, todo menos inmediato y nunca susceptible de ser captado en su conjunto a la primera mirada, en un perenne oscilar entre la introspección íntima, la abstracción y la representatividad, entre el simbolismo y la narración.

La experiencia artística de Klee corresponde, pues, a un hito fundamental de la historia del arte del siglo XX, íntimamente ligada a las experiencias biográficas del artista, que tuvo la agudeza y la sensibilidad de describir los hechos y las reflexiones acerca de sí mismo en los denominados Diarios (escritos desde 1897 hasta 1918), vivo testimonio del proceso de búsqueda llevado a cabo por su personalidad humana y artística.

Paul Klee creció en el seno de una familia de músicos. Su padre, Hans-Wilhelm Klee (1849-1940), nacido en Tann, una pequeña ciudad al nordeste de Munich, estudia canto, órgano, piano y violín en el conservatorio de Stuttgart. Allí conoce a la aspirante a cantante María Ida Frick (1855-1921), originaria de Basilea, con la que se casa en 1875. De su unión nacen Mathilde, el 28 de enero de 1876, y Paul, el 18 de diciembre de 1879. La familia se había mudado hacía poco a Münchenbuchsee, un pueblecito del cantón suizo de Berna. Hasta 1932 Hans Klee enseña música en la Academia para maestros de Berna-Hofwil; anima a su hijo a dedicarse al estudio de la música.

Klee recibe, desde 1882, las primeras enseñanzas de dibujo de su abuela materna, Anna Catharina Rosina Frick y, paralelamente al estudio de la música, iniciado en 1886, hace dibujos y caricaturas, sin descuidar el ejercicio cotidiano de la escritura poética. Asiste a la escuela primaria entre 1886 y 1890, después al instituto desde 1890 hasta 1898 mientras estudia violín con el maestro Karl Jahn con notables resultados. En los mismos años dibuja en varios cuadernos (ocho en total) copias de ilustraciones de revistas y calendarios de la época; en la última etapa de instituto realiza, entre otras cosas, una serie de dibujos en los que describe el ambiente en que vive: la ciudad de Berna y el paisaje circundante, los Alpes, Friburgo, el lago de Thun. A este periodo se remonta el comienzo de la redacción de las páginas autobiográficas de los Diarios, que escribió de manera discontinua hasta 1918.

Autobiografía, música y dibujo son los terrenos en los que se mueve: la compenetración recíproca entre las artes que anhelaba parte del movimiento artístico de aquellos años es encarnada perfectamente por Klee, con dramáticas y a menudo irresueltas ambigüedades. Los primeros intentos se centran exclusivamente en la actividad gráfica, marcada por un espíritu decididamente realista pero a la vez alejada de fáciles sentimentalismos. Antes bien, merced a la introducción de notas humorísticas y a menudo caricaturescas hasta en la más clásica escena de género, sus dibujos de finales de los años noventa se apartan del convencionalismo, anunciando en ocasiones una tendencia a la deformación expresionista. El trazo breve e inquieto acompaña a una forma igualmente inestable y analítica.

Klee vacila a la hora de elegir su camino: poeta, músico e ilustrador son las opciones que se le presentan. Ha compuesto poesías y relatos inéditos que indican su talento y entretanto ha entrado en la orquesta sinfónica de Berna como violinista. La elección se concreta, sin embargo, en 1898, cuando, consciente también de lo limitado de su preparación en el ámbito pictórico, decide matricularse en la Academia de Bellas Artes de Munich, más provinciana que París pero rica en actividad cultural, sobre todo por cuanto atañe a la música y a la programación de conciertos. Además, el llamado Jugendstil, versión alemana del Art Nouveau, está en su apogeo en la ciudad bávara.

En la escuela privada de dibujo de Heinrich Knirr, en la que se inscribe al no ser admitido en la Academia por deficiencias en el dibujo de figura, Klee se ejercita durante casi tres años sin especial entusiasmo, dejando una serie de dibujos y ejercicios poco originales. Junto a ellos, un conjunto de dibujos humorísticos y bocetos realizados fuera del medio académico, por desgracia no muy numerosos, se diferencia por su originalidad y fuerza inventiva. A esta producción se debe el comienzo de la búsqueda de un estilo más personal, exclusivamente centrado en el trazo y en el dibujo, en perjuicio del color. En julio de 1899 participa en un curso de formación para los alumnos de la escuela de Knirr, a orillas de Salzach, en Burghausen, y poco después se inicia en la técnica del aguafuerte con el grabador Walter Ziegler.

Tras algunos viajes a Austria -Innsbruck y Salzburgo- regresa a Munich, donde conoce a la mujer que diez años después se convertirá en su esposa: la pianista Caroline Stump, llamada Lily. Es el mes de diciembre de 1899. Al año siguiente, en las clases de la Academia, en la que por fin logra ingresar, tiene como compañero a un estudiante ruso de arte, alumno como él de Franz von Stuck: su nombre es Wassily Kandinsky.

El primer encargo ejercitado por el joven artista es un gran biombo pintado, compuesto por cinco paneles que representan el paisaje en torno a Berna en estilo japonisant, pedido por una amiga de su madre. Realiza asimismo, entre 1899 y 1900, una serie de dibujos caracterizados por un sombreado breve y entrecruzado en el cual la oposición cromática entre negro y blanco no admite tonos intermedios. El encuentro con Von Stuck, fundador entre otras cosas de la primera Secesión de Munich, además de profesor excelente y pintor muy bien considerado en el medio artístico, produce efectos contradictorios en la personalidad de Klee, que reconoce al maestro una gran capacidad de análisis psicológico en el retrato y del cual acepta el consejo de hacer un viaje de formación a Italia, que emprende en compañía de escultor, Hermann Haller, amigo suyo y compañero de estudios.

Mosaicos, frescos y grandes monumentos constituyen una novedad importante para el joven artista, que queda fascinado por las maravillas artísticas y paisajísticas italianas. Permanece allí algunos meses, entre 1901 y 1902, visitando ciudades como Livorno, Pisa, Florencia, Nápoles, Milán, Génova y Roma, donde tiene ocasión de ver por primera vez una exposición de acuarelas y dibujos del escultor francés Auguste Rodin, cuyo arte monumental admira amén de la grandiosidad y la sencillez del dibujo, casi totalmente centrado en el desnudo femenino. Del arte renacentista a la escultura paleocristiana, de las colecciones de obras alemanas al arte florentino cuatrocentista de Botticelli y Donatello a la luminosidad y el color italianos, Paul Klee se siente embrujado y de mala gana abandona Italia para regresar a Berna. El viaje cierra el periodo de su formación académica; es atestiguado sobre todo por numerosos esbozos y dibujos ejecutados en cuadernos durante estos meses.

A su vuelta a Berna en mayo de 1902, vive en la casa paterna; estudia como autodidacta y asiste a un curso vespertino para artistas de desnudo y anatomía plástica. Su estilo, aunque no ha llegado todavía a una auténtica madurez, adquiere poco a poco un carácter más fuerte y personal, que abarca ahora también la pintura y el color, los cuales aborda en la soledad de su estudio. Si hijo Félix recordaría posteriormente cómo «el color impregna lenta y prudentemente el elemento gráfico».

Su verdadera obra de debut es empezada en el verano de 1903 y terminada en la primavera de 1905. Se titula Opus I y consiste en un conjunto de quince grabados, llamados Invenciones por el propio Klee, cada uno de los cuales lleva un título esencialmente didáctico y descriptivo (por ejemplo, piénsese en Un hombre arrodllándose ante la corona, o en Dos hombres que se creen cada uno en posición superior al otro se encuentran). Son fruto de una constante e insistente vuelta, con intervenciones sucesivas, a la realización: retoques, replanteamientos y modificaciones acompañan la génesis de estos grabados, que mezclan formas de la realidad con un imaginario un tanto fantástico y personal que revela un gusto por la deformación y lo grotesco.

Como escribe en una página de sus Diarios, a través de las Invenciones Klee se propone entre otros el objetivo de hacer una más o menos implícita ‘crítica de la sociedad burguesa», con evidentes influencias en cuanto al estilo utilizado, por una parte, del linealismo del Jugendstil, por otra, del Simbolismo y del Romanticismo tardío, amén de una vaga referencia a los primeros grabados de Ensor. Entretanto, los viajes y los estudios lo llevan a encuentros importantes: los impresionistas (durante una breve estancia de dos semanas en París en 1905), los grabados de Aubrey Beardsley, William Blake y Francisco de Goya (sobre todo las series de los Desastres de la guerra y los Caprichos, que estudió en el Gabinete de Estampas de Munich).

Las Invenciones son expuestas en junio de 1906 en una muestra de la Secesión de Munich, provocando las reacciones de algunos críticos, sorprendidos por su «anomalía» formal y técnica. El ciclo contiene elementos recurrentes, como la evidente ambigüedad sexual de las figuras representadas y la presentación casi siempre aislada y «teatral» del personaje central de la composición, que adopta poses afectadas, inquietantes y eróticas.

Máscaras y figuras parecen salir de un collage de elementos en el que se manifiesta la preferencia por el detalle -que el maestro Knirr había definido en sentido negativo como «predisposición a la pequenez»-, por el aire demente de la expresión, las arrugas de unos cuerpos llenos de cicatrices y las muecas histéricas (véanse, por ejemplo, El cómico, El héroe con ala o Charme – Gracía femenina). Son protagonistas de esta serie la figura del «cómico», al cual se asocia una máscara -Klee escribirá sobre ella: «La máscara representa la obra de arte; detrás de ella se esconde el hombre»- y la historia de Perseo y Medusa, para cuya iconografía se inspira probablemente en mosaicos tardorromanos vistos en Roma durante el viaje a Italia. Mujeres de cuerpo apergaminado que semejan personajes portadores de muerte (Mujer sembrando cizaña), efebos y animales esqueléticos pueblan el imaginario de Klee, cuyos grabados revelan influencias de Goya y Durero y constituyen asimismo doctas parodias de la iconografía tradicional de la Historia del Arte.

grandes pintores

Paul y Lily Klee en el jardín, Obstbergweg 6, Berna, septiembre de 1906 Zentrum Paul Klee, Bern, Schenkung Familie Klee.

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