Gustav Klimt: Friso de Beethoven II

La pared de las Fuerzas hostiles suscitó escándalo y le valió al pintor acusaciones de obscenidad e incluso pornografía. Klimt había figurado una nueva serie de alegorías que ya nada tenían que ver con los dibujos edulcorados de Gerlach.

La interpretación de las diversas figuras estaba contenida en el catálogo de la exposición: «El gigante Tifeo, contra el cual los mismos dioses combatieron en vano; sus hijas, las tres Gorgonas. Enfermedad, Locura, Muerte, Voluptuosidad y Lujura, Exceso y Angustia que atormenta».

Mientras que Tifeo era representado por un enorme gorila, las alegorías adoptaban la forma de criaturas femeninas, seductoras y peligrosas, en las cuales el pintor exageraba el tipo de la mujer fatal, alimentado por la fantasía de los escritores contemporáneos. Miradas, gestos, cabellos y posturas confieren a los cuerpos una poderosa sensualidad, que parece materializar las teorías freudianas sobre el deseo y el temor.

Los periódicos acusaron a Klimt de haber pintado una orgía y se definía a sus protagonistas como desnudeces modernizadas en forma de alegorías hospitalicias… que mejor estarían en el Panoptikum de Präuscher, un célebre gabinete científico en el que se podían estudiar representaciones realistas de los efectos de las enfermedades venéreas.

La intención del artista, sin embargo, no era provocar; sus representaciones se ceñían a la lectura de la Novena Sinfonía beethoveniana ofrecida por Richard Wagner en 1846.

En un programa explicativo que acompañó la ejecución, el compositor se servía de citas de Goethe para interpretar las sensaciones despertadas por la música; en relación con el segundo movimiento habla de «voluntad salvaje… embriaguez del goce doloroso» y de alternancia de placer y angustia. Klimt traducía las palabras wagnerianas en excepcional poder figurativo, usando tonos oscuros y cubriendo de pintura cada centímetro, con un efecto casi sofocante.

El asalto visual de los demonios que se agolpan en la mitad izquierda se atempera al avanzar la escena, donde las volutas de una interminable cola de serpiente hace de fondo a la figura lúgubre de la Angustia, preparando la mirada del espectador para pasar a un nuevo momento.

historia del arte

Friso de Beethoven II (1902)
Segunda pared
Técnica mixta sobre enlucido, 220 x 1392 cm.
Viena, Secesión.

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