Gustav Klimt: Serpientes de agua II

La segunda versión del cuadro anterior, realizada en 1904 y re-elaborada tres años después, acentúa el carácter sensual del que la otra había sido parcialmente depurada.

La composición se organiza ahora en horizontal; en la superficie, como en un friso, se alargan los cuerpos de las modernas sirenas.

Es significativo que Klimt eligiera evocar en el título a la serpiente asociándola al agua, dos elementos a los que Freud atribuía un decidido significado sexual.

Cuatro lánguidas figuras de mujer llenan la superficie, entrelazándose con las marañas de algas, a su vez confundidas con las masas de cabellos, asimismo símbolo erótico.

Klimt da a la representación un explícito sentido sáfico: mientras que una «ondina» flota dormida dando la espalda al observador, los rostros de otras dos se acercan en íntimo susurro; la figura en primer plano establece contacto con el exterior invitándonos con la mirada a participar en la atmósfera lasciva del cuadro y se retira el cabello del rostro con la mano.

También en este caso el espacio del lienzo es casi sofocado por la superposición de infinidad de detalles y Klimt se vale de la técnica de adición del mosaico, si bien renuncia al carácter de joyero preciosista del cuadro anterior.

Hevesi destacaba la carga sensual de la obra, que no dejó de molestar al público de la XX muestra de la Secesión, observando que «estas criaturas marinas no hacen nada más que dar volteretas y ondular en curvas flexibles».

Ponía demás de manifiesto el acento onírico de la obra, referido al carácter ilusorio de la tentación del amor: «Quizá antes era simples ondas, ahora son seres nacidos del agua, pero dentro de cinco minutos volverán a desvanecerse».

historia del arte

Serpientes de agua II (1904-1907)
Óleo sobre lienzo, 80 x 145 cm.
Colección particular.

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