Paul Klee: Jardín seco y fresco

Antaño se representaban cosas que se podían observar en la tierra, que se veían de buen grado. Ahora se manifiesta la realidad de las cosas visibles y con esto se expresa el hecho de que lo visible, en relación con el universo, no es más que un ejemplo aislado y que hay otras verdades latentes e innumerables. Las cosas aparecen en sentido amplio y múltiple y a menudo las experiencias tradicionales del pasado se contradicen. Se tiende a una descomposición de lo casual.

Estas palabras, escritas por Klee en el ensayo de 1920 La confesión creadora, pueden ser interpretadas como una ilustración de esta obra de 1912.

Partiendo de una realidad «vista», el artista amplía y desarrolla sus posibilidades y sus potencialidades imaginativas, no sólo dando vida a mundos y paisajes que se inspiran tanto en lo fantástico como en lo real, sino también explicando esta «contradicción» asimismo a nivel formal: los dobles contornos de las formas de este cuadro alcanzan un nivel de decoración fundado en la descomposición de los planos y en la alternancia de tres colores base (beige, ocre y gris).

La acuarela se presenta como la descripción de un mundo por derecho propio, una especie de hortus conclusus, cuya exclusividad es subrayada por el doble marco, que aproxima la obra en su conjunto a un trabajo de miniatura. La idea, fundamental en Klee, de que el dibujo constituye el núcleo de la expresión plástica y que el color es su alma «irracional» está bien presente, ya que la interpolación de ligeros planos cromáticos da como resultado un laberinto de signos gráficos.

historia del arte

Jardín seco y fresco, 1921.
Acuarela sobre papel, 24,1 x 30,5 cm.
Basilea, Kunstmuseum, Offentliche Kunstsammlung Basel.

Vida y obra de Paul Klee