Paul Klee: Paisaje milagroso, o ¡112!

En los primeros años veinte se intensifica en la producción de Klee la presencia de temas que aluden a lugares fantásticos, arquitecturas atípicas, casas y embarcaciones.

Un tema que el artista repite con frecuencia es la imagen de la flecha, como símbolo de dirección formal y cromática, pero también como simple imagen independiente, que aquí incluso se identifica con la propia estructura de la casa -cuyo tejado evoca claramente la punta de una flecha- en el centro.

El objeto «realista» (la casa) y el signo gráfico (un motivo que se repite constantemente) devienen la misma cosa. Es más, en el interior de la composición, la extraña estructura arquitectónica de la casa se presenta como una especie de matrioshka, dejando ver en su propio interior otra flecha. Además, la proa de la embarcación señala en dirección a la casa «seccionada», asumiendo por enésima vez la función de indicador.

Los ejes sobre los que se construyen casa y nave son módulos que repiten las franjas de color con que el artista ha compuesto el fondo. Éste parece desbordar sus límites invadiendo el grupo del centro de la composición, determinando de este modo una especie de cuadro dentro del cuadro, un marco dentro del marco, tan típico de los resultados compositivos de muchas obras de Klee.

La génesis del cuadro se asemeja aquí a la del sueño y del recuerdo: salen a la superficie pictórica o al grabado una serie de imágenes arcaicas que no contienen ninguna narración evidente, pero consolidadas por una forma que las unifica y las estructura.

historia del arte

Paisaje milagroso, 1920.
Óleo y acuarela sobre papel sobre cartulina, 23,5 x 31,8 cm.
The Metropolitan Museum of Art.

Vida y obra de Paul Klee