Historia de la Cerámica China: Dinastía Tang

Durante la dinastía Tang se consolidó la adopción general del budismo con su doctrina de negación y renuncia. Éste fue un período pacífico, próspero y creativo, que puede considerarse uno de los más ricos y bellos de la historia de China. El comercio con otros países y la tolerancia religiosa aportaron influencias extranjeras que produjeron un trabajo rico y artístico. Ch’angan, la capital del norte, fue el foco de atracción de visitantes de Asia y del comercio de una amplia zona. En el oeste, el Imperio romano, había decaído y los mahometanos aún no habían conseguido su éxito.

El comercio se extendió por tierra hasta Irán y Mesopotamia y por mar a la India, las islas del Pacífico y Japón. La tolerancia religiosa estimuló el influjo de los cristianos nestorianos, los maniqueos del Asia Central, los zoroastrianos y mahometanos de Persia y la India. A partir del 638 d.C. una corriente de refugiados occidentales asiáticos trajo a China una cultura material persa sasánida y el trabajo de los metales en particular tuvo una fuerte influencia sobre las formas de la cerámica Tang. En el siglo ix estaba bien establecido el comercio con los árabes, a través de los puertos de sur de China.

Cuando se estableció el comercio con Occidente se reintrodujo el vidriado de plomo. Durante los tiempos turbulentos que transcurrieron que transcurrieron entre las dinastías Han y Tang, el comercio se interrumpió y por ello no se importó la frita de plomo, necesaria para vidriar el barro cocido. Con la expansión del comercio se trajo una frita de plomo perfeccionada que permitió obtener colores más brillantes y claros, los cuales no han perdido su brillantez a través de los tiempos. En algunas vasijas pueden verse influencias helenísticas, por ejemplo en la forma de las botellas planas de los peregrinos, así como en jarros con asas y picos muy similares a los hechos en Creta.

Las formas Tang se caracterizaban, generalmente, por un cuerpo lleno, hinchado, casi estallante, contrastando con un cuello ligero, bastante estrecho. Cada parte de la vasija se relaciona con la otra de una manera que sugiere movimiento y articulación, en contraste con las últimas cerámicas Sung, que tenían curvas suaves y más continuas sugiriendo tranquilidad y paz. La decoración era recia y afirmativa y estaba modelada, incisa, impresa o pintada. A menudo los cuellos de los jarros tenían cinco lóbulos, lo que probablemente es derivación del follaje. Con frecuencia las bases estaban acabadas descuidadamente sin pie recortado.

El barro cocido, hecho de una pasta de color anteado claro y recubierto con un vidriado transparente de silicato de plomo, podía estar coloreado de amarillo ámbar o marrón con óxido de hierro, de verde con óxido de cobre, y a veces, aunque raramente, de azul oscuro con óxido de cobalto. A menudo la decoración era sencilla pero muy efectista. Se pintaban dibujos geométricos en colores contrastados sobre el cuerpo, empleando motivos como chevrons, puntos y cintas. La fluidez del vidriado, cuando fundía y resbalaba por la vasija, suavizaba los bordes de los colores y fueron corrientes los efectos de moteado. A menudo el vidriado se aplicaba en la mitad superior de la vasija, dejando una zona desnuda en la parte inferior, lo que permitía vidriar rápidamente la vasija, así como evitar que el vidriado chorrease sobre el estante del horno.

En un intento para evitar que los colores se mezclaran entre sí, se hicieron platos planos para ofrendas, con el dibujo impreso en la superficie, de manera que las líneas de los dibujos actuaban como diminutas zanjas. De nuevo en estos platos planos los dibujos eran sencillos, basados en follaje, flores y pájaros, y estaban corrientemente pintados en tres colores: amarillo ámbar, verde y azul, usualmente sobre un fondo blanco. Gran parte de este trabajo imitaba el trabajo de los metales cincelados sasánidas.

Durante este período se hizo loza en distintos lugares de China y parece haberse hecho un esfuerzo continuado para perfeccionar la pasta blanca. El blanco, el color del luto chino, era importante en el complicado ceremonial de los entierros y esto sin duda influenció la búsqueda de la pasta blanca.

Porcelana, tal como se usó por los chinos, es un término dado a cualquier cerámica que emite, al golpearla, una nota clara metálica; no tiene que ser ni blanca ni translúcida. Por razón de claridad es más sencillo referirse a la cerámica blanca translúcida como porcelana y a las otras cerámicas cocidas a gran fuego como loza. El término «protoporcelana» se usa a menudo para la loza blanca translúcida, aunque es equivocado y vago.

El origen exacto de la porcelana es desconocido, pero se cree que se desarrolló en el sur, en Kiangsi. Existen materiales adecuados disponibles para esta manufactura y fue en esta zona, en Ching-te Chen, donde se estableció durante la dinastía Ming la famosa factoría imperial de porcelana.

La verdadera porcelana se hace cociendo una mezcla de arcilla blanca de China (caolín) y piedra de China (pe-tunze, un feldespato especial) a una temperatura entre 1.250 y 1.350 Cº. Con la mezcla correcta y con suficiente temperatura tiene lugar la fusión de las partículas, dando una mezcla mucho más vitrea que la de la loza y mucho más fuerte. Esto permite hacer las paredes más delgadas sin perder resistencia. Aunque esta técnica fue probablemente dominada por los ceramistas Tang, no fue explotada por ellos; se dejó que los ceramistas Sung y Ming la desarrollaran hasta su plenitud.

En distintos lugares del país se hicieron varias cerámicas blancas. En la provincia norteña de Chihli se produjo una cerámica blanca con vidriado transparente. A veces se utilizó engobe blanco sobre el cuerpo gris para conseguir este efecto. En Honan se produjeron vasijas de loza fina de pasta gris, acabada con vidriados negros, a veces salpicados con vidriado gris crema. Tales cerámicas se cree en la actualidad que predatan las llamadas cerámicas Chung del período Sung.

Cerámica Yueh es un término general que abarca las vasijas hechas en la provincia de Chekiang. Se han encontrado distintos yacimientos que se remontan al 250 d.C, aunque el mejor trabajo se hizo en el período Tang y posteriormente. Fue aquí donde se desarrolló el uso de un vidriado verde pálido a veces opaco, a veces transparente; generalmente se conocen como cerámicas verdes, aunque el vidriado se llamó más tarde celedón y alcanzó la cumbre de su perfección durante la dinastía Sung.

El tipo de cerámica Chiu-yen se hizo partiendo de arcilla gris claro con un vidriado delgado blanco crema. Los jarros tenían asas lobuladas, los jarrones tenían bordes golleteados y en los aguamaniles se usaban a menudo caños con cabezas de gallo. La decoración consistía en bandas incisas con motivos de rombos o estrellas.

Durante la dinastía Tang se produjo una amplia variedad de vasijas que incluyen jarrones con tapa, cuencos, botellas, vasos, aguamaniles, platos para ofrendas, copas, ritones, escupideras y cajas de cosméticos. También son dignas de mención las finas y delicadas figuras de las tumbas producidas en este período.

Hechas originalmente de madera, las figuras mantenían la simplicidad de forma, pero captando toda la gracia y movimiento que puede alcanzar la figura humana. También se modelaron caballos y camellos, con gran sensibilidad. En algunos de los modelos se utilizaron, con gran efecto, vidriados de plomo coloreados, ayudando a enaltecer el sentido de irrealidad de los mismos. Otras piezas estaban coloreadas con pigmentos que actualmente han desaparecido.

cerámica china

Mujer sentada mirándose en un espejo, circa 725-750 d. C. Cerámica Tang

Historia de la cerámica