Historia de la Cerámica: las técnicas en la antigua Grecia

La pintura de la cerámica se utilizó tempranamente por los micenos, pero se desarrolló por los griegos hasta un nuevo nivel de perfección, alrededor de mediados o finales del siglo VI a. C. Las vasijas se clasifican en cuatro estilos, basados en el estilo de las decoraciones utilizadas y correspondiendo a cuatro períodos cronológicos aproximados que se describen más adelante.

El uso del torno se extendió a través de Grecia alrededor del 1000 a.C. Las vasijas hechas de arcilla, preparada cuidadosamente, se torneaban en el torno impulsado por un ayudante, que generalmente era un aprendiz joven. La arcilla utilizada para la cerámica decorada era muy moldeable y se cocía dando color rojo o amarillo, en un horno con una atmósfera oxidante limpia. La arcilla ática utilizada por los ceramistas atenienses, se extraía de los límites de la ciudad y cocida daba un rojo vivo, mientras que las arcillas amarillentas utilizadas por los ceramistas corintios eran de un color más claro.

Las vasijas se torneaban en partes que se unían entre sí cuando la arcilla se había puesto rígida para ser manejada, pero aún era bastante blanda para modelarse; lo que se conoce como estado de dureza o consistencia de cuero. En este punto las vasijas se colocaban de nuevo en el torno y las piezas se juntaban y unían entre sí. En el proceso conocido como pulido o recortado, el exceso de arcilla se recortaba de la superficie utilizando una herramienta de metal o madera.

De esta manera podían eliminarse todas las huellas de los dedos hechas durante el torneado y afinarse el perfil, tan importante en las vasijas griegas. Debe recordarse que, por la época del primer período griego, el torno se había hecho más eficaz y de movimiento suave. Sin este torno perfeccionado, tanto el torneado de piezas grandes como el recortado hubiesen sido muy difíciles.

La pintura sobre la superficie se lograba utilizando de una manera sofisticada materiales bastante simples. El vidriado se había descubierto con anterioridad probablemente en Mesopotamia, y fácilmente podía haber sido conocido por los griegos, quienes, por alguna razón, eligieron no utilizarlo, prefiriendo en su lugar un engobe fino de arcilla que en el horno perdía su mateado, haciéndose ligeramente brillante y parecido a yn vidriado. No era completamente impermeable y no puede considerarse un verdadero vidriado.

El efecto se lograba utilizando arcilla de partículas muy finas y conteniendo un alto porcentaje de óxido de hierro: óxido férrico. En un horno en el que hay abundancia de oxígeno, el engobe se cuece dando un color rojo intenso; si el contenido de oxígeno se reduce (quemando leña húmeda o cerrando las entradas de aire en el horno), la llama hambrienta de oxígeno lo tomará de la fuente más fácilmente accesible; en este caso, el oxígeno del óxido de hierro contenido en la arcilla, el cual, con una cantidad reducida de oxígeno, se transforma en óxido ferroso, el cual se transforma en negro al cocerse. Utilizando un engobe cuidadosamente preparado, los colores rojo y negro pueden producirse en la misma vasija por el método siguiente:
1. La vasija se hace de arcilla finamente preparada que cocida en un horno oxidante se vuelve roja.
2. Se hace un engobe de arcilla roja, al que se le añade un álcali, cenizas de madera, para disminuir la capacidad de las partículas de arcilla de engancharse entre sí; esto hace que las partículas grandes de arcilla se precipiten y entonces las partículas más finas pueden separarse por decantación o sifonado. Finalmente, se hace un engobe que sólo contiene las partículas más finas. Se añade ácido en forma de orina, o vino, para hacer que la mezcla sea fluida pero firme. El engobe se aplica luego a la superficie de la vasija, bien sea por pintado, dibujado o vertido, para las zonas más grandes.
3. La vasija se cuece en un horno con abundancia de oxígeno (atmósfera oxidante) hasta 900 °C; en esta etapa todas las superficies sin decorar, así como las zonas decoradas de la vasija se vuelven rojas.
4. En este momento se cierran las entradas de aire parcialmente y se quema en el horno combustible húmedo para crear una llama humeante que disminuya el contenido de oxígeno en el horno (atmósfera re-ductora); en esta etapa todas las superficies de la vasija, incluyendo la decoración, se vuelven negras.
5. Finalmente, en un breve período de oxidación se introduce oxígeno en el horno y se deja solamente un corto tiempo para terminar la cocción. Se abren las puertas de carga y se introduce combustible seco en el hogar. El cuerpo de la vasija se vuelve rojo y la decoración pintada con engobe se mantiene negra ya que es muy densa; las partículas de arcilla son mucho más finas y tienen un gran porcentaje de óxido de hierro; si la cocción oxidante se mantiene demasiado tiempo, el engobe también se vuelve rojo, puesto que el oxígeno comienza a penetrar en su superficie. Se han encontrado algunas vasijas que muestran la evidencia de lo que antecede.

historia de la cerámica

Esquema de un horno griego, aproximadamente 500 a. C.

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