El arte de las vanguardias: Artes y oficios

El fenómeno más característico que surgió durante el modernismo fue el gran desarrollo que adquirieron los bellos oficios, hecho que responde al intento, buscado por William Morris, de incorporar el arte a la vida cotidiana de todo el mundo.

Los bellos objetos fueron pensados en función de unas ideas fuerza. Quizá las fundamentales fueron la de la sinceridad, de la autenticidad de los materiales y en los procedimientos, y también la del acercamiento a la vida y a la naturaleza. Nietzsche y la literatura escandinava favorecieron esta dirección temática, que llegó a la reivindicación de lo irracional.

La segunda idea fuerza fue la búsqueda de la originalidad entendida como retorno a los orígenes, en una aspiración a lo primitivo. Al buscar lo natural se encontraba a menudo lo patológico, lo vicioso, y aparecía el gusto por lo enfermizo, con el decadentismo. Por otra parte, el uso que las clases sofisticadas hacían de tales ensueños avecinaba las obras de arte con lo precioso y las obligaba a contagiarse con el preciosismo.

La sensualidad presidía estos objetos destinados a la generación de los hijos de los grandes hombres de empresa capitalistas, en la víspera de la catástrofe de 1914. Esta sensualidad se complacía en toda clase de sensaciones inéditas, que se buscaban a través de lo ambiguo. Por esto gustaban el nácar, el ópalo, lo translúcido, el tornasol, lo lechoso o neblinoso, las vaguedades de todo orden, los colores en disonancia, los irisados, el uso y abuso de los tonos vinosos, los verdes y los violetas, y la aparición de personajes dobles, como la niña perversa, el hada bruja, la ninfa princesa o la desnuda vestida.

Propio de esta mentalidad era el culto a lo efímero, a la nube, la espuma marina, las mariposas, las libélulas, las flores, y al latiguillo de las cintas volando en el aire y de los torbellinos de humo. El placer modernista, a través de estos temas, se asociaba al dolor, como lo erótico a lo fúnebre.

El movimiento inglés de Arts & Crafts había sido el primero en reivindicar los bellos objetos hijos del trabajo manual contra la pacotilla kitsch que suministraba la industria.

En el seno del esteticismo anglojaponés, Mackmurdo había creado un repertorio de formas que han sido definidas como propias de William Blake, pero vistas con ojos japoneses, que pasarían al grafismo decorativo del modernismo. Quizá fueron los platos de Walter Grane, en torno a 1890, los que introdujeron el gusto por lo irisado. Las joyas de C. R. Ashbee y la metalistería de W. A. S. Benson contribuyeron a la nueva estética lineal.

Frank Brangwyn, seguidor de Mackmurdo, con sus dibujos para los cristales emplomados que realizaba en América, ya antes de 1900, Louis C. Tiffany, contribuyó al concepto tabicado de la decoración figu-ral, con sus campos de color cerrados por gruesos trazos.

No influyó menos Mackie Hugh Baillie Scott que, en la misma época, aplicaba al mobiliario los temas naturales, ramas, flores, árboles, de acuerdo con las leyes populares de la decoración localizada y simétrica, con lo que creaba uno de los grandes temas de la decoración secesionista vienesa. El hecho de haber sido llamado por el gran duque de Hesse a Alemania para decorar el palacio de Darmstadt, y su labor en Suiza, en Polonia y en Rusia, favoreció su irradiación. Desde 1901, el grupo de Glasgow, Los Cuatro, esparcía su versión de lo natural sometido a ritmo, en la forma que Darmstadt, Munich y Viena, debían comprender mejor.

Ante el fracaso social de la artesanía entendida a la manera de Morris, en 1880 Arthur Silver fundó una manufactura de objetos de material barato para las clases media y baja, además de sus talleres de joyería y orfebrería. A menudo se empleaban los mismos modelos en metal caro y en metal económico. Para su trabajo tomó la marca de fábrica céltica Cymric (se pronuntia Cümric). Junto a esta marca cabe citar la Liberty y Compañía, de Régent Street, promovida por Lazenby Liberty, que dio uno de sus nombres al estilo. Tanto los del Cymric como los de Liberty, pusieron de moda los entrelazados celtas, parientes de los temas vikingos.

Hijo de un joyero americano con sucursal en Londres, y con una etapa de formación en París, Louis Comfort Tiffany empezó como decorador en 1878, dentro de un esteticismo exotista, japonizante o islamizante. Pero desde 1880 tuvieron personalidad sus objetos en cristal irisado y opalino Favrile, de una gran calidad, según una técnica que ya había empleado en Inglaterra Thomas Webb. Sus vitrales para ventanas, conocidos en Europa desde 1892, proporcionaron uno de los patrones para el sintetismo pictórico.

En Bélgica, la asociación Les XX, iniciada por el crítico Octave Maus, promovió el interés por la vanguardia artística con la intención de combatir el eclecticismo reinante. Gustave Serrurier Bovy inició los trabajos en mobiliario y decoración inspirandose en lo anglojaponés, pero pronto se distanció para adoptar las mismas curvas de la arquitectura de Horta y Van de Velde.

Si Serrurier fue el primero, el más importante interiorista fue Van de Velde, que había empezado como pintor y que, en 1894, creó la expresión Art Nouveau. Sus muebles fueron pensados como verdaderos arquetipos, teniendo muy en cuenta la función de cada uno de ellos. Sus objetos de vajilla, cristalería o batería de cocina, consiguieron un alto grado de funcionalidad y de armonía estética. Sus tapices de seda, lo mismo que las piezas de orfebrería y joyería en oro y plata, se basaron en el delicado cultivo de lo curvilinear. Trabajó para el establecimiento de Bing, de París, pero sobre todo para Alemania.

Con Van de Velde cabe recordar a Victor Horta que, además de arquitecto, fue excelente interiorista y diseñó toda clase de objetos, muebles, orfebrería, pavimentos, vidrieras y lámparas para conjuntos residenciales como la Casa Solvay, de Bruselas, construida entre 1895 y 1900.
La industria cristalera belga de Val-Saint-Lambert siguió a la vez a Van de Velde y a Tiffany. En Holanda, las porcelanas de J. Jurriaan Kok desarrollaron el estilo curvilinear y floral, alrededor de 1900.

En Alemania, donde Hermann Muthesius, que había sido embajador en Londres, aportó las novedades del Arts & Crafts, se fundaron como eco de este movimiento corporaciones de artesanos, promovidas por Richard Riemenschmid, creador de muebles curvilíneos muy simples y funcionales, por el todavía más sintetista Bruno Paul y por Reinhard Pankok, fuertemente influido por Van de Velde, que obtuvo un gran éxito con sus interiores expuestos en París en 1900 y 1902. La industria alemana siguió sus pasos. La fábrica Fahrner-Pforzheim produjo joyas curvilineares que inundaron el mercado.

En Austria, donde los arquitectos de la Secesión fueron también diseñadores, se dio asimismo la promoción del estilo por la industria, con la acción de la fábrica de cristales, con tonos de oro y plata y pastas irisadas, Lötz-Witwe.
En Dinamarca, las porcelanas de Copenhague, con suaves evocaciones del mundo acuático, se entonaron en lechosos grises, y pálidos pardos, azules y grises verdosos.

En Rusia, donde la ceramista Marya Yakunchikova había introducido el movimiento Arts & Crafts creando los primeros talleres, el impulso hacia el estilo nuevo nació de la acción de la princesa Tenisheva que, en 1890, en Talashkivo, cerca de Smolensko, promovió un mobiliario original, de curvas comedidas y formas macizas, de cerámica y de bordados. Cerca de Moscú, sumando el influjo de Morris y del Jugend, se desarrollaron las empresas promovidas por el mecenas Mamontov en su colonia de artistas de Abramtzevo, que funcionaba desde 1870 y que a fines de siglo recibió la colaboración de los artistas eslavófilos.

En Francia, el nuevo estilo de los objetos tenía una raíz antigua formulada por Laborde en sus comentarios a la exposición de Londres de 1851, y por Viollet-le-Duc en sus Entretiens de 1863, donde desarrollaba la doctrina de que la decadencia del arte era culpa del eclecticismo, y defendía la idea de que la belleza dimana directamente de la conformación a la utilidad. En 1863 se fundó la Unión Central de las Artes Decorativas con la idea de Lo Bello es lo útil. Por otra parte, el hecho de que el coleccionista Bracquemont suscitase, en 1856, el interés por lo japonés, influyó en industrias productoras, como la Haviland, de porcelana de Limoges.

De la suma de lo racionalizador y lo poético que representaban estos dos hechos, nació el esteticismo del grupo de Nancy, promovido por Emile Gallé, persona muy interesada por las ciencias naturales, que introdujo en su morfología un repertorio botánico y entomológico inédito. Junto a él se formó la Escuela de Nancy, algunos de cuyos miembros, como el ebanista Majorelle, serían pronto mundialmente famosos. El esteticismo exótico de los Gon-court, la idea del arte social de Roger Marx, el gusto por la acción de Barres, reforzaron su posición que resultó triunfante en la exposición de las artes de la tierra y el vidrio, en 1884, y obtuvo el Gran Premio en la Exposición Universal de 1889.

En 1900, cuando los cristales doblados, grabados, en camafeo, con esmaltes preciosos, de Gallé y los muebles de Majorelle estaban en la cumbre de la moda, el grupo se organizó, pero su acción palideció con la muerte de Gallé, ocurrida en 1904.

En París fue importante la acción de Bing, marchante alemán, coleccionista de objetos de Extremo Oriente y expositor de ellos desde 1878, que en 1896 abrió su galería L’Art Nouveau al arte contemporáneo. Allí se pudo conocer el arte de Tiffany, de Van de Velde, de Beardsley, de Brangwyn, Rodin, Gallé, Mackintosh, Toulouse-Lautrec, Munch y Sérusier.

Como una moda, el nuevo estilo dio forma a los muebles de Guimard y Charpentier, a los esmaltes de Thesmar, a los cristales de Rousseau, a las joyas de Lauque y de Massin, a las cerámicas de Bigot y de Delaherche. Un aspecto particular de esta moda fueron las grandes joyas de teatro puestas en boga por Sarah Bernhardt y las actrices de las óperas, de Wagner, que pronto pasaron a ser usadas por las elegantes en la vida privada.

En Italia, el mobiliario inglés tuvo cultivadores como Gometti y Basile. Arata se acercó al secesio-nismo vienes e Issel cultivó la más movida combinación de lo floral con el latiguillo. La firma Tofanari creaba los complementos de mobiliario, en serie, y Galileo Chini producía cerámicas que estaban orientadas dentro de una tendencia vienesa, a lo Klimt.

Quizás el más completo de los artífices italianos del estilo Liberty fue el forjador de hierro Mazzuco-telli, que dejó enTurín sus muestras más completas, donde el linearismo secesionista, el gusto floral y el latiguillo se suman a cierto deleite por lo orgánico monstruoso, entre Guimard y Gaudí.

historia de la cerámica

Vaso «Favrile» diseñado por Louis Tiffany y producido por Tiffany Glass & Decorating Co. Año 1898. (Victoria and Albert Museum)

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