El Expresionismo

El expresionismo -al contrario del fauvismo y del cubismo, que son tendencias artísticas contemporáneas suyas- no está formado por un grupo coherente de artistas ni tan sólo es un movimiento artístico con una dirección claramente determinada.

Si se atiende a la significación estricta de la palabra con que es designada esta tendencia, se advierte que «expresión» aparece como un concepto opuesto a «impresión». La impresión hace referencia a la huella que la realidad externa produce en la conciencia; en términos artísticos se diría que la naturaleza se refleja en el artista. La expresión, por el contrario, es un movimiento desde el sujeto hacia el mundo exterior, es el artista el que se proyecta imprimiendo su huella en el objeto. Esto explica que el expresionismo apareciese como una reacción contra el impresionismo y su aspecto superficial, sensitivo. El expresionismo quiso -al contrario- subrayar su carácter moral, agresivo.

El expresionismo aparece como una actitud típicamente germánica y «romántica» frente al «clasicismo» de los fauves y los cubistas, más ligados a una raíz latina y mediterránea. Esto se aprecia claramente en dos libros de Wilhelm Worringer que tuvieron una enorme influencia y se convirtieron en textos decisivos para el desarrollo del expresionismo: Abstraktion und Einfühlung (1908) y Formprobleme der Gotik (1912). En el primero de ellos se elaboraba toda una teoría que pretendía explicar las constantes que diferencian el arte nórdico, germánico, del arte clásico propio de los pueblos mediterráneos. Worringer estudiaba en ellos toda la corriente abstracta que ha caracterizado siempre la historia del arte germánico y con ello brindaba una base teórica a los esfuerzos de los jóvenes pintores expresionistas alemanes que se sentían así entroncados a una antigua tradición nórdica, la que Worringer llamaría «el trascendentalismo del mundo de expresión gótico». Con esta frase designaba las deformaciones emocionales de las formas naturales con que el hombre trata de expresar el desasosiego y la angustia que siente frente a una naturaleza fundamentalmente hostil e inhumana.

En los textos de Worringer se encuentran todas las variedades del expresionismo nórdico contemporáneo, desde sus predecesores a fines del siglo pasado (el noruego Munch, el flamenco Ensor y el alemán Nolde) hasta las dos tendencias que han caracterizado el expresionismo en el siglo XX: un espíritu de rebeldía y cierto gusto por lo bárbaro (representados a principios de siglo por el grupo Die Brücke, y, a partir de 1925, por la violenta denuncia de la realidad social que caracterizó a la tendencia llamada Die mué Sachlichkeit) y un esfuerzo casi místico por hallar una nueva espiritualidad (reflejado desde 1912 en el grupo Der Blaue Reiter y en la evolución posterior de Kandinsky y de Klee). Se hará referencia sucesivamente de todos estos grupos y tendencias, pero antes se describirá la situación del arte alemán a fines del siglo XIX.

Desde fines del siglo XVI, Alemania no había tenido un desarrollo artístico coherente. La evolución que en Europa representó el Renacimiento había llegado tarde y fue cortada bruscamente por la guerra de los Treinta Años; la pintura alemana del siglo XVIII se desarrolló bajo una fuerte influencia francesa que le impidió toda expresión original. Por otra parte, la fragmentación política del país en multitud de estados separados favoreció la aparición de diversos centros culturales, hasta tal punto que, ya en pleno siglo XX, Berlín -que sólo emergió como capital política hace poco más de cien años-, seguía compartiendo con Dresde, Munich y diversas ciudades del Rin el papel de crisol elaborador del arte y de la cultura alemanes. A fin de siglo, la influencia del impresionismo no logró anular el fuerte peso literario que la anécdota tenía en el arte alemán ni el interés que los pintores alemanes sentían por los problemas del tema y del contenido de la obra artística. Buena prueba de ello son los «impresionistas» alemanes Lovis Corinth (1858-1925) y Max Liebermann (1847-1935).

La aguda penetración psicológica del primero se refleja en diversas obras en las que su interés por lo erótico, lo macabro y lo extraño aparecen servidos por una técnica enérgica y un potente luminismo. En algunos de sus cuadros, como en Salomé (1899), aparecen mezcladas todas estas características y potenciadas por la elección de un punto de vista inesperado. Liebermann también jugó el papel de puente entre la nueva pintura francesa impresionista y la profunda tradición narrativa de la pintura alemana. Fundador de la Sezession berlinesa, concebida como un movimiento favorable al impresionismo, el peso del factor temático le impidió ir más lejos y determinó que, a principios de siglo, Nolde y los jóvenes pintores de Die Brücke se alejasen de él considerándolo anticuado.

historia del arte

Max Liebermann – “El almacén de lino en Laren” (1887, óleo sobre lienzo, 135 x 232 cm, Alte Nationalgalerie, Berlín)

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