Historia del Arte

El grupo Die Brücke

Con el grupo de artistas Die Brücke («El puente») se está presente ya ante una formación compacta, una verdadera organización de artistas con un programa escrito. Die Brücke se constituyó en Dresde, el año 1905, en tomo a la figura eje de Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938). Kirchner, que entonces tenía 25 años, había sido estudiante de arquitectura en Munich y desde hacía años se sentía atraído por la pintura. Sus primeros grabados en madera mostraban una influencia del grafismo modernista, pero pronto empezó a experimentar la excitación de las grandes novedades de la época en Alemania: Van Gogh, Gauguin, Munch y el arte africano y oriental.

Entonces comunicó su entusiasmo a tres compañeros de estudios de arquitectura: primero, en 1902, a Fritz Bleyl, luego, en 1904, a Erich Heckel, y, en 1905, a Karl Schmidt-Rottluff. Este cuarteto fue el núcleo originario y fundador de Die Brücke, pero pronto se les sumaron otros: en 1906, Emil Nolde (de quien ya se ha dicho que sólo permaneció unos meses con ellos), Cuno Amiet y Max Pechstein. Más tarde el escultor Barlach, el pintor finlandés Axel Gallén-Kallela y, finalmente, en 1910, Otto Müller que fue el último admitido. Poco después, el grupo se trasladó a Berlín, y fue definitivamente disuelto en 1913.

Die Brücke proponía un bloque de los «elementos revolucionarios en fermentación» para hacer un frente común contra el «impresionismo». Obsesionados por preocupaciones religiosas, sexuales, políticas y morales, los jóvenes artistas de Dresde sugerían abandonar el realismo que imita, para lograr el realismo que «crea» la realidad. Está claro que para crear la realidad, el arte debe prescindir de todo lo que es anterior al acto del artista: hay que volver a empezar a partir de cero.

En principio, la experiencia que el artista tiene del mundo no es distinta a la de cualquier persona, por eso sus temas eran vulgares, cotidianos (la calle, terrazas de café, etc.), y su grafismo y su colorido eran bruscos, con una rudeza no disimulada, dando la impresión de como si aquellos artistas no hubiesen aprendido nunca a dibujar ni a pintar. El expresionismo del grupo insistía en algo que ya estaba en las obras de Munch, de Ensor y de Nolde: un esfuerzo por reencontrar la génesis del acto artístico, tanto desde el punto de vista del artista que lo crea, como desde el punto de vista del público que se enfrenta con la obra.

Esta preocupación por los orígenes se refleja en la poética de lo que denominaban «el grito original» (Urschrei). Es decir, que el arte debe ser no sólo como el grito infantil, sino como el grito original de toda la humanidad. La lengua alemana tiene la ventaja de poder formar palabras compuestas con el prefijo Ur (que significa «origen», «principio») anteponiéndolo a cualquier sustantivo posible, sin necesidad de utilizar el adjetivo «original». Así en los escritos de aquellos expresionistas aparecen con frecuencia las palabras Urich («yo original»), Uridee («idea original»), Urseele («alma original»), etc.

Lo fundamental para los pintores de Die Brücke era la búsqueda de lo primordial, y ello no como una copia imitativa de la realidad (como habían hecho los impresionistas), sino como transmisión angustiada de una «vivencia». El término alemán erleben, es decir, «vivir» en su acepción transitiva («vivir una visión», «vivir una experiencia»), se convierte en el slogan del expresionismo, y en el de la fenomenología, que era la filosofía alemana imperante en aquellos años.

La mezcla de ambas ideas (búsqueda de lo primordial y transmisión de una vivencia) es natural que les empujase hacia el interés por el arte primitivo, que Kirchner pudo estudiar en el Museo Etnológico de Dresde y cuyo entusiasmo transmitió a sus amigos. Pero en los fetiches negros los expresionistas no veían símbolos de mitos lejanos, sino creaciones de una humanidad más auténtica y «originar». En ellos intentaban sorprender, en su estado naciente, la creatividad pura del trabajo humano. El escultor africano, al tallar un pedazo de madera, no había creado la imagen de una divinidad, sino un dios en persona.

El artista más importante del grupo fue -sin duda- Kirchner que, en su etapa berlinesa alcanzó su estilo más característico. El crítico Hans Konrad Rótel describía así sus cuadros de aquella época: «En ellos se aprecia una clara tendencia gotizante, explicable a través de una intensa contemplación de los grabados en madera de la Baja Edad Media. Formas cerradas, agudas, angulosas; algo oscilante fuera del espacio desciende sobre las figuras, un elemento de chabacanería, como en las señoras que pasean por la Kurfürstendamm, con sus pieles, sus sombreros de plumas y sus faldas de cola que les dan el aire de pomposos pájaros exóticos».

La obra artística de los otros dos miembros más destacados del grupo, Max Pechstein (1881-1953) y Karl Schmidt-Rottluff (1884-1976), parece más limitada desde el punto de vista expresivo y técnico. Las cualidades innegables del primero no llegaron a una expresión propia a causa de la influencia que sobre él ejerció la pintura francesa de aquella época (especialmente Matisse y Cézanne). Acaso por esta misma razón, Pechstein fue el primer pintor de Die Brücke aceptado por el público y la crítica alemanes. Schmidt-Rottluff, en cambio, se concentró en unas composiciones de gran monumentalidad, con planos muy simplificados y colores de una extraña intensidad, que reflejan un temperamento artístico de gran violencia y mayor originalidad que Pechstein.

Las obras que se publican de ambos, de terna casi idéntico, permiten hacer la comparación y comprobar estas diferencias.

Otra característica del grupo fue el interés que dedicó al grabado en madera. La xilografía es una técnica antigua, artesana, popular. En Alemania fue siempre un medio normal de expresión y de comunicación por medio de imágenes. Los jóvenes de Die Brücke, que practicaban el arte como acción, es decir como trabajo, sentían sus creaciones más próximas a la cultura práctica de los trabajadores que al mundo especulativo o intelectual de las clases dirigentes.

Por eso la orientación ideológica de su arte es típicamente populista y habían de sentirse atraídos por la comunicación con el público más amplio posible a través de la obra gráfica, en especial la xilografía. El grabado en madera, además, exige una violenta acción con el hierro que debe cortar la materia dura de la plancha de boj. Ello produce gruesas líneas rígidas y angulosas. Este grafismo, tan característico de la xilografía, explica en gran parte la estructura simplificada, dura y angulosa que aquellos expresionistas siguieron empleando aun cuando pintasen cuadros al óleo.

Cuando Die Brücke se disolvió en 1913, lejos de allí, en Munich, ya estaba activa otra agrupación de artistas que imprimiría una nueva dirección al movimiento expresionista alemán. Estudiando este nuevo grupo se aprecia como el ambiente de rebeldía y de barbarie fue sustituido por un esfuerzo para remontarse a una nueva espiritualidad.

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Emil Nolde: Mujer y Pierrot (1917)

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