Historia del Arte

El grupo Puteaux

De la misma manera que se ha intentado oponer un cubismo francés, hecho de razón y de medida, a un cubismo español, radical e incluso pretendidamente «inquisitorial», se ha intentado también oponer al grupo de Montmartre un grupo de Puteaux, de tendencia claramente más moderada, gravitando alrededor de los tres hermanos Duchamp: Jacques (Villon), Raymond (el escultor) y Marcel.

Si los dos hermanos mayores recibían efectivamente la visita regular, cada domingo, de amigos cubistas -Metzinger, Gleizes, La Fresnaye y Picabia, sobre todo-, de hecho se trataba más de reuniones de diversión que de una forma determinada de agrupamiento ideológico. Marcel y su amigo Picabia, precursores de Dadá, representaban tendencias muy distintas a las de los demás asistentes.

Queda además por señalar que la mayor parte de los otros participantes poseían una concepción sin duda muy comedida del cubismo. Si, tal como se ha visto, Metzinger y Gleizes no eran demasiado revolucionarios, Jacques Villon y Roger de la Fresnaye lo eran aún menos.

Fue Marcel Duchamp quien inició a su hermano Jacques -conocido por Jacques Villon- en las investigaciones cubistas. Deseoso precisamente de encontrar una disciplina constructiva después de los años de dibujos de ilustraciones, se dedicó a partir de 1911 al estudio de los volúmenes, y después, en 1912, adoptó -sobre todo en la Mesa servida (colección Francis Steegmuller, Nueva York) y en los Instrumentos de música (Art Institute, Chicago)- un sistema de construcción piramidal, cuyo principio había hallado en los escritos de Leonardo da Vinci.

«Cubista impresionista», como le gustaba llamarse, estaba ante todo preocupado por realizar, a partir del estudio de la naturaleza, conjuntos armoniosos y agradables de ver. Si bien estudiaba al principio las formas y los ritmos y sólo después ponía el color, a partir de 1912 utilizó colores vivos sin relación alguna con el «tono local», con un espíritu de lirismo a un tiempo intenso y lleno de discreción.

Así de moderado fue también el cubismo de Roger de la Fresnaye, quien, después de haber experimentado una fuerte influencia de Cézanne (Coracero, 1910; varios paisajes de Meulan, 1911-1912), adoptó ciertos procedimientos cubistas, como el de los passages o el de la superposición de los planos, aun permaneciendo fiel, sin embargo, a las grandes reglas de la composición tradicional.

Sus obras de 1913 y 1914, basadas en el poder constructivo y espacializante del color, en particular la célebre Conquista del aire (1913, Museum of Modern Art, Nueva York) y el Hombre sentado (1914, colección particular, París), constituyen lo mejor de toda su producción, pero, tal como lo señaló muy pronto Apollinaire, indican indudablemente la influencia de la técnica «simultánea» de Delaunay.

Quizá se hubiera convertido en un gran pintor si la guerra no le hubiera dejado en un estado psíquico que puede explicar, al menos parcialmente, la lamentable marcha atrás de sus últimos años. Por entonces, cayó en efecto en un neoclasicismo que habría de dejar subsistir para siempre la duda acerca de sus posibilidades reales. Y tanto más cuanto que sus escritos denotan un inquietante respeto por la tradición.

Es el mismo reproche que podría hacerse a André Lhote, quien intentó adaptar el cubismo al clasicismo y obtuvo por ello la adhesión de gran número de aficionados que se espantaban con los cambios excesivamente radicales. Por desgracia, su teoría de los invariantes plásticos, subsistiendo a través de todos los estilos y de todos los siglos, denota el más puro academicismo.

Estos últimos pintores, por lo demás, no fueron los únicos en aprovecharse del impulso inicial dado por Picasso y Braque. Fueron muchos los que vieron en el cubismo un nuevo medio de expresión y avanzaron por el camino ya abierto, sin que por ello, en cambio, se sometieran enteramente a él, ya que sólo tomaban alguno de sus procedimientos, y todavía solamente de vez en cuando.

No se puede citarlos aquí a todos, puesto que cada caso merecería un estudio especial; a pesar de todo, algunos títulos muy diversos, como Marie Laurencin, Serge Férat, Henri Hayden, Daniel-Wladimir Baranoff-Rossiné, Diego Rivera, Amadeo de Souza-Cardoso, Alfred Reth y Léopold Sauvage, sin hablar de todos aquellos buenos artistas que experimentaron con mayor o menor profundidad la influencia cubista en Rusia, en la Europa central o en Estados Unidos.

historia del arte

Roger de la Fresnaye, El remero.

Volver a Las Vanguardias